El consentimiento desde la infancia

Parte importante de lo que se le debe enseñar a los niños desde la infancia es el concepto del consentimiento. Hablar de consentimiento con niñas, niños y adolescentes no es adelantar conversaciones sobre sexo, sino enseñar respeto, límites y autonomía corporal desde las primeras etapas de la vida, siendo estos aprendizajes tempranos aquellos que se relacionan con relaciones más seguras, capacidad para expresar incomodidad y mayor comprensión de lo que significa un vínculo saludable (Sex Education Forum UK, 2024; Raising Children Network, 2025).

El consentimiento no es un concepto que aparezca de repente en la adolescencia. Es un conjunto de habilidades sociales y emocionales que se construyen poco a poco: reconocer lo que siento, identificar mis límites, expresar un “sí” o un “no” con claridad y respetar las decisiones de otras personas (Harvard Graduate School of Education, 2018).

¿Qué es el consentimiento y por qué debe enseñarse desde temprano?

El consentimiento significa dar permiso o aceptar participar en algo de manera libre y voluntaria. En el ámbito sexual, implica que todas las personas involucradas eligen participar, pueden decir que sí o que no con claridad, pueden cambiar de opinión en cualquier momento y comprenden aquello a lo que están accediendo (Raising Children Network, 2025).

Sin embargo, antes de aplicarse a relaciones sexuales, el consentimiento se vive en situaciones cotidianas: decidir si quiero un abrazo, si deseo compartir un objeto o si me siento cómodo con un juego. Enseñar estas bases desde la infancia ayuda a que niñas y niños entiendan que su cuerpo les pertenece y que también deben respetar los límites de los demás (Harvard Graduate School of Education, 2018; Raising Children Network, 2025).

Investigaciones recientes muestran que todavía existen confusiones importantes en jóvenes sobre qué es una relación sana y qué significa realmente el consentimiento, lo que refuerza la necesidad de empezar estas conversaciones mucho antes de la adolescencia (Sex Education Forum UK, 2024).

El consentimiento como habilidad que se aprende

Comprender y ejercer el consentimiento requiere varias habilidades: reconocer emociones propias y ajenas, comunicar límites, interpretar el lenguaje corporal y manejar la presión social. Estas capacidades se desarrollan con la práctica, en contextos seguros y adecuados a la edad (Sex Education Forum UK, 2024; Harvard Graduate School of Education, 2018).

Por eso, no se trata de una única “clase” sobre consentimiento, sino de un proceso continuo en el que familias y escuelas ofrecen oportunidades para que niñas, niños y adolescentes practiquen decir lo que quieren, escuchar a otros y respetar un “no” sin burlas ni presiones (Harvard Graduate School of Education, 2018).

Primera infancia: cuerpo, espacio y emociones (0–5 años)

En la educación inicial no es necesario usar la palabra “consentimiento”, pero sí se pueden enseñar sus bases a través de un lenguaje sencillo y coherente. Hablar de “mi cuerpo”, “tu cuerpo”, “espacio” y “tocar” ayuda a que las y los niños comprendan límites personales (Harvard Graduate School of Education, 2018).

También es clave fortalecer habilidades socioemocionales como la empatía, el reconocimiento de emociones y la expresión de malestar. Cuando las personas adultas validan frases como “no me gusta” o “me duele”, están enseñando que las emociones son importantes y que expresar incomodidad es válido (Harvard Graduate School of Education, 2018).

Las familias pueden:

  • Respetar cuando un niño no quiere dar besos o abrazos y ofrecer alternativas de saludo.
  • Pedir permiso antes de hacer contacto físico en situaciones cotidianas.
  • Modelar cómo se escucha y se respeta un “no”.

Estas experiencias sientan las bases para la autonomía corporal y la seguridad personal (Raising Children Network, 2025).

Niñez media: límites, voz propia y respeto (6–11 años)

En la edad escolar, niñas y niños ya pueden comprender que el consentimiento implica escuchar palabras, pero también prestar atención al tono de voz, las expresiones faciales y el lenguaje corporal. Pueden aprender que un “sí” dudoso o incómodo no es un consentimiento claro (Harvard Graduate School of Education, 2018).

También es un buen momento para ampliar la conversación hacia otros ámbitos: no compartir secretos que hacen sentir mal a un amigo, pedir permiso antes de publicar fotos de otras personas o respetar cuando alguien no quiere participar en un juego. De este modo, el consentimiento se entiende como parte de las relaciones cotidianas, no solo de situaciones íntimas (Harvard Graduate School of Education, 2018; Raising Children Network, 2025).

Las familias y escuelas pueden reforzar que:

  • Decir “no” es un derecho, incluso frente a amigos o familiares.
  • Nadie debe presionar, burlarse o insistir cuando alguien ya expresó que no quiere.
  • Pedir ayuda a un adulto de confianza es importante cuando algo genera incomodidad o miedo (Raising Children Network, 2025).

Adolescencia: consentimiento en relaciones afectivas y sexuales

Durante la adolescencia, las conversaciones deben incluir de forma directa el consentimiento en contextos románticos y sexuales. Las y los jóvenes necesitan saber que el consentimiento debe ser claro, entusiasta y continuo, y que puede retirarse en cualquier momento (Raising Children Network, 2025).

También es importante hablar sobre situaciones en las que el consentimiento no es válido, por ejemplo, cuando alguien está bajo el efecto de alcohol u otras sustancias, o cuando existe presión, manipulación o miedo. Estas conversaciones ayudan a diferenciar entre relaciones respetuosas y dinámicas de control o coerción (Harvard Graduate School of Education, 2018; Raising Children Network, 2025).

Además, en la adolescencia el consentimiento también se relaciona con el entorno digital: compartir imágenes íntimas, enviar mensajes sexuales o publicar fotos de otras personas requiere permiso claro. Las mismas reglas de respeto al cuerpo y a los límites aplican en los espacios virtuales (Raising Children Network, 2025).

La influencia del entorno y los mensajes sociales

La comprensión del consentimiento no se construye solo en casa o en la escuela. Los mensajes que niñas, niños y adolescentes reciben de redes sociales, internet y otros contenidos también influyen en sus ideas sobre relaciones, género y poder. Por eso, es fundamental ofrecer espacios seguros para conversar, cuestionar estereotipos y aclarar información confusa o dañina (Sex Education Forum UK, 2024).

Cuando las personas adultas abordan estos temas de manera abierta y sin juicios, aumentan las probabilidades de que niñas, niños y jóvenes compartan dudas, experiencias incómodas o situaciones de riesgo (Raising Children Network, 2025).

Familia y escuela: un trabajo conjunto

La evidencia indica que la educación sobre consentimiento es más efectiva cuando existe coherencia entre lo que se enseña en la escuela y lo que se conversa en casa. Informar a las familias sobre cómo se trabaja el tema y por qué es importante facilita que continúen estas conversaciones en la vida cotidiana (Sex Education Forum UK, 2024).

No se trata de tener respuestas perfectas, sino de construir un ambiente donde hablar de límites, respeto y relaciones sea posible. Cada conversación, por pequeña que parezca, fortalece la confianza y la capacidad de niñas, niños y adolescentes para cuidar de sí mismos y respetar a los demás (Harvard Graduate School of Education, 2018; Raising Children Network, 2025).

 

Referencias

  • Sex Education Forum UK. (2024). Why is it so important to start teaching about consent and privacy. sexeducationforum.org.uk. https://www.sexeducationforum.org.uk/news/news/why-it-so-important-start-teaching-about-consent-and-privacy-key-stage-1-children%C2%A0%C2%A0
  •  Harvard Graduate School of Education. (2018). Consent at every age.https://www.gse.harvard.edu/ideas/usable-knowledge/18/12/consent-every-age
  • CCCC How to Discuss Sex Ed with Your Kids at Every Age. Parents. https://www.parents.com/age-by-age-guide-to-sex-education-7497793
  • Raising Children Network. (2025). Consent and sexual consent: talking with children and teenagers. https://raisingchildren.net.au/school-age/development/sexual-development/sexual-consent-how-to-talk-with-children-teens

Salud sexual: lo que los padres deben enseñar a sus hijos

La educación de la salud sexual es un tema que, aunque controvertido, es necesario enseñar de forma comprensiva desde la infancia a modo de proceso continuo que se fortalece a lo largo del desarrollo.

El proveer a los niños de información clara, veraz y adaptada a la edad a lo largo de su vida les permite tomar mejores decisiones acerca de su salud sexual, comprender sus derechos y sepan a quién acudir si se sienten confundidos, vulnerados o necesitan apoyo (OMS, 2023; Raising Children Network, 2025).

¿Por qué es importante hablar de salud sexual desde la infancia?

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2023) la educación integral en sexualidad no se limita a hablar de relaciones sexuales. Incluye temas como el conocimiento del cuerpo, las emociones, el respeto, el consentimiento, las relaciones, la toma de decisiones y la prevención de la violencia. Por lo cual cuando esta educación es científica, progresiva y apropiada para la edad, se asocia con mejores resultados en salud y bienestar a lo largo de la vida.

Además, la evidencia muestra que niñas, niños y adolescentes que reciben educación sexual de calidad tienden a retrasar el inicio de las relaciones sexuales y, cuando las inician, a adoptar prácticas más seguras. También desarrollan mayor capacidad para reconocer situaciones de riesgo, ejercer su autonomía y pedir ayuda cuando lo necesitan (OMS, 2023).

El papel fundamental de madres y padres

Aunque las escuelas cumplen un rol clave, la educación sexual es más efectiva cuando también se construye en casa. Madres, padres y cuidadores aportan valores, contexto cultural y un espacio de confianza que facilita conversaciones continuas y significativas (Victoria Government, 2024; Punjani, Scott & Hussain, 2025).

Sin embargo, Punjani, Scott y Hussain (2025) identifican que si bien los padres pueden estar dispuestos a hablar sobre estos temas, muchas veces se sienten inseguros sobre qué decir, cuándo hacerlo o qué palabras usar. Por lo cual necesitan recursos claros, prácticos y adaptados a las distintas etapas del desarrollo 

Al hacer uso de estos recursos las familias pueden:

  • Proveer una perspectiva basada en los valores familiares

  • Favorecer la confianza para hablar de sexualidad sin vergüenza
  • Fomentar una educación especializada en las necesidades de sus hijos

  • Mantener comunicación con la escuela sobre lo que se enseña

  • Aprovechar situaciones cotidianas como oportunidades de aprendizaje
    (Victoria Government, 2024; Punjani et al., 2025)

Conversaciones según la edad: cómo acompañar el desarrollo

La educación sexual es progresiva, de modo que lo que se conversa en la primera infancia es muy distinto de lo que se aborda en la pubertad. Así la OMS (2023)  y Raising Children Network (2025) recomiendan ajustar la información a la etapa del desarrollo para que niñas y niños comprendan sin sentirse abrumados por medio de ejercicios como:

0–2 años: primeras nociones sobre el cuerpo

Las rutinas diarias como el baño o el cambio de ropa son oportunidades para nombrar partes del cuerpo con naturalidad. Esto sienta las bases para que el cuerpo se viva como algo propio, valioso y digno de cuidado (Raising Children Network, 2025).

2–5 años: curiosidad y aprendizaje básico

En esta etapa aumenta la curiosidad por las diferencias corporales y el origen de los bebés. Las respuestas pueden ser simples, breves y honestas, usando los nombres correctos de las partes del cuerpo. También es un momento clave para empezar a hablar de límites corporales, consentimiento básico y la diferencia entre toques adecuados e inadecuados (Raising Children Network, 2025; OMS, 2023).

6–8 años: más detalles y preparación para la pubertad

A esta edad, muchos niños y niñas quieren entender con mayor claridad cómo se forman los bebés y cómo funcionan los cuerpos. También es recomendable comenzar a prepararles para los cambios de la pubertad antes de que ocurran, explicando que cada cuerpo crece a su propio ritmo (Raising Children Network, 2025; OMS, 2023).

Temas clave que no deben faltar

Se debe tener en cuenta que una educación sexual integral incluye, de manera gradual y adaptada a la edad, temas como: relaciones familiares y afectivas, respeto, consentimiento, autonomía corporal, anatomía, pubertad, menstruación, reproducción, anticoncepción, infecciones de transmisión sexual y derechos sexuales y reproductivos (OMS, 2023).

También es fundamental enseñar a niñas, niños y adolescentes que tienen derecho a decir “no” ante cualquier contacto que les incomode y que siempre pueden acudir a un adulto de confianza si algo les preocupa. Este aprendizaje temprano contribuye a la prevención de la violencia, el abuso y la explotación (OMS, 2023; Raising Children Network, 2025).

Cuando surgen dudas difíciles

Es normal que madres y padres se sientan incómodos o no tengan todas las respuestas. Decir “no lo sé, pero lo averiguamos” fortalece la confianza y muestra que hablar de sexualidad no es un tabú, sino parte del cuidado. La conversación no es única ni perfecta: es un proceso que evoluciona con el tiempo (Raising Children Network, 2025), el cual se ve alimentado por el acceso de los padres a orientación concreta sobre el momento oportuno, el lenguaje adecuado y cómo abordar temas como consentimiento, diversidad de género, cambios corporales y seguridad digital. La cual les permita contar con materiales claros, visuales y culturalmente pertinentes para facilitar las conversaciones (Punjani, Scott & Hussain, 2025).

Educación sexual y diversidad

Otro aspecto importante de la educación sexual es que esta también debe reconocer la diversidad de cuerpos, identidades y experiencias. Muchas familias expresan disposición a hablar de diversidad sexual y de género, pero señalan que no siempre cuentan con el lenguaje o los recursos necesarios. Por eso, es importante promover materiales inclusivos, culturalmente sensibles y adaptados al nivel de desarrollo de cada niño o niña (Punjani, Scott & Hussain, 2025).

Una conversación que dura toda la vida

Hablar de sexualidad no es una única charla, sino un diálogo continuo que se transforma a medida que niñas, niños y adolescentes crecen. Cuando las familias ofrecen información honesta, apertura para escuchar y un ambiente de respeto, están construyendo una base sólida para relaciones saludables, toma de decisiones responsables y cuidado de la propia salud a lo largo de la vida (OMS, 2023; Victoria Government, 2024; Raising Children Network, 2025).

 

Referencias

  • Organización Mundial de la Salud (OMS) Comprehensive sexuality education. (2023). https://www.who.int/news-room/questions-and-answers/item/comprehensive-sexuality-education
  • Victoria Government. (2024). Sexuality education for parents. vic.gov.au. https://www.vic.gov.au/sexuality-education-parents
  • Punjani, N., Scott, S. D., & Hussain, A. (2025). Parents’ information needs and their recommendations for effective sexuality education to children. Frontiers in Public Health, 13, 1653924. https://doi.org/10.3389/fpubh.2025.1653924
  • Raising Children Network. (2025). Parent guide to talking about sex: 0-8 years. https://raisingchildren.net.au/school-age/development/sexual-development/sex-education-children

Sobrellevar la pérdida por sobredosis

Perder a un ser querido por una sobredosis es una de las formas más complejas y dolorosas de vivir el duelo. Se trata de una muerte súbita, inesperada y muchas veces traumática, que deja a las familias enfrentándose no solo a la ausencia, sino también a sentimientos intensos de culpa, ira, vergüenza y confusión (Rosansky et al., 2025; Carpenter, 2024).

A diferencia de otros tipos de pérdidas, el duelo por sobredosis suele estar profundamente marcado por el estigma social hacia el consumo de sustancias. Las familias pueden sentirse juzgadas, señaladas o responsabilizadas por la muerte de su ser querido, lo que incrementa el aislamiento y dificulta la búsqueda de apoyo (PBS News, 2024; Carpenter, 2024).

Impacto en la salud mental de quienes quedan

La evidencia muestra que el duelo por muerte por sobredosis se asocia con riesgos elevados para la salud mental de los familiares. En comparación con quienes pierden a alguien por una muerte natural repentina, las personas en duelo por sobredosis tienen mayor probabilidad de presentar ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático (TEPT), trastorno por duelo prolongado (TDP) y conductas suicidas (Rosansky et al., 2025).

Teniendo en cuenta que el impacto puede variar según el vínculo con la persona fallecida. Madres y padres que pierden a un hijo por sobredosis presentan riesgos particularmente elevados de complicaciones emocionales graves e incluso mayor mortalidad en años posteriores, lo que refleja la magnitud del sufrimiento que atraviesa este grupo (Rosansky et al., 2025).

Culpa, vergüenza y preguntas sin respuesta

De acuerdo con Carpenter (2024), tras una muerte por sobredosis es frecuente que aparezcan pensamientos como: “¿Pude haber hecho algo más?”, “¿Por qué no vi las señales?”, “¿Y si hubiera contestado esa última llamada?”. Este tipo de cuestionamientos suele alimentar sentimientos profundos de culpa y autorreproche, los cuales no son compatibles con la realidad de que la adicción es una condición compleja, influida por múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales. 

Por lo que, aunque la culpa es una reacción emocional común, no significa que la familia sea responsable de lo ocurrido, y el reconocer esto es un paso importante para aliviar el peso del autoculpabilizarse (Carpenter, 2024).

Asimismo, la vergüenza también puede dificultar hablar abiertamente sobre la causa de la muerte. Algunas personas evitan mencionar la sobredosis por miedo al juicio social, lo que puede aumentar el silencio y la soledad del duelo (PBS News, 2024).

El primer año: un período de alta vulnerabilidad

El primer año tras la pérdida suele ser un período de especial vulnerabilidad emocional. Rosansky et al (2025) señalan que durante este tiempo algunas personas pueden aumentar el consumo de alcohol u otras sustancias como forma de afrontar el dolor, lo que a largo plazo se asocia con mayor gravedad de síntomas depresivos, de estrés postraumático, de duelo prolongado y de problemas por uso de sustancias. Complicando el proceso de adaptación al duelo (Rosansky et al., 2025).

El peso del estigma social

Muchas familias describen que, además del dolor, deben enfrentarse a comentarios hirientes o silencios incómodos. Algunas personas minimizan la pérdida o la interpretan como consecuencia de “malas decisiones”, en lugar de comprender la adicción como un problema de salud. Este tipo de reacciones puede profundizar el aislamiento y hacer que el duelo se viva en soledad (PBS News, 2024; Carpenter, 2024).

El estigma no solo afecta emocionalmente, sino que también limita el acceso a redes de apoyo. A diferencia de otros tipos de duelo, los recursos específicos para personas que han perdido a alguien por sobredosis aún son escasos en muchos lugares (PBS News, 2024).

Estrategias que pueden ayudar a transitar el duelo

Debido a lo anterior, existen algunas estrategias para favorecer un proceso de duelo más saludable en estos casos, entre las cuales se encuentran: 

 Permitirse sentir

El duelo puede incluir tristeza profunda, ira, culpa, alivio, confusión o incluso momentos de calma. Todas estas emociones son válidas. Permitirse sentir sin juzgarse es un paso fundamental para procesar la pérdida (Carpenter, 2024).

 Buscar apoyo seguro

Hablar con personas de confianza o con otras que hayan vivido una pérdida similar puede reducir la sensación de aislamiento. Los espacios donde no hay juicio y sí comprensión pueden convertirse en un sostén clave durante el duelo (PBS News, 2024).

 Considerar ayuda profesional

Cuando el dolor se vuelve abrumador, persistente o interfiere de forma importante con la vida diaria, el acompañamiento psicológico puede ser de gran ayuda. Profesionales con experiencia en duelo y adicciones pueden ofrecer herramientas específicas para afrontar la culpa, el trauma y la tristeza intensa (Carpenter, 2024).

 Honrar la memoria más allá de la adicción

Recordar a la persona por quien fue, más allá de su consumo de sustancias, ayuda a recuperar su historia completa. Compartir recuerdos, crear rituales o participar en acciones de sensibilización puede ser una forma de transformar el dolor en memoria significativa (Carpenter, 2024; PBS News, 2024).

No atravesar este duelo en soledad

El duelo por sobredosis combina dolor, trauma y estigma, lo que puede hacerlo especialmente solitario. Sin embargo, hablar de lo ocurrido, buscar espacios de comprensión y reconocer que la adicción es una condición compleja puede aliviar parte del peso emocional.

Por lo cual tanto profesionales como el público general deben dejar de lado sus prejuicios y buscar ayudar a las personas que pasan por este tipo de pérdidas, permitiendo la formación de redes de apoyo y comunidades que verdaderamente busquen el bienestar del otro (PBS News, 2024; Carpenter, 2024; Rosansky et al., 2025).

 

Referencias

  • Rosansky, J. A., Gracey, E. J., Chilton, R., Janzow, G., Prigerson, H. G., & Schuman-Olivier, Z. (2025). A Hidden Crisis: Associations Between Overdose Bereavement, Substance Use, and Mental Health. Journal of Loss and Trauma, 1–23. https://doi.org/10.1080/15325024.2025.2550566
  • PBS News. (2024). “The pain is so much.” How stigma and shame over fatal overdose make grief more unbearable. https://www.pbs.org/newshour/health/finding-little-support-when-loved-ones-died-from-overdose-these-americans-are-helping-others
  • Carpenter, J. (2024). Working Through The Grief of a Loved One’s Overdose Death. D’Amore Mental Health. https://damorementalhealth.com/coping-with-grief-from-overdose-death/

Drogas: creencias y realidades

En la actualidad existen diferentes creencias sobre el consumo de sustancias psicoactivas, algunas son creencias positivas y otras negativas, pero no todas son verdad.  Contar con información basada en evidencia es clave para promover decisiones responsables, reducir el estigma y facilitar que las personas que necesitan ayuda puedan buscar tratamiento sin miedo ni vergüenza (Penn Foundation, 2021).

Es necesario recordar que el trastorno por consumo de sustancias no es un “problema de voluntad” ni un defecto moral; al igual que otras enfermedades, tiene múltiples factores asociados, como la genética, la presión de pares, el malestar emocional, el estrés ambiental, la ansiedad y la depresión. Y, también como otras enfermedades, la recuperación es posible (Penn Foundation, 2021).

Mitos y realidades sobre la adicción

Mito 1: “Es fácil reconocer a una persona con adicción”

Realidad: No todas las personas con un trastorno por consumo de sustancias encajan en el estereotipo social de “adicto”. Muchas tienen empleo, estudian, cuidan de sus familias y pueden no mostrar señales evidentes para los demás. Este mito refuerza el estigma e impide que muchas personas reciban comprensión y apoyo (Penn Foundation, 2021; Association of Intervention Specialists, s.f.).

 Mito 2: “Solo las drogas ‘duras’ son adictivas”

 Realidad: Sustancias de uso socialmente más aceptado, como el alcohol o la marihuana, también pueden generar dependencia. Asimismo, medicamentos prescritos (opioides, benzodiacepinas y estimulantes) pueden ser altamente adictivos si se usan de forma inadecuada.

 El hecho de que una sustancia sea legal o recetada no la hace automáticamente segura (Penn Foundation, 2021; Association of Intervention Specialists, s.f.).

 Mito 3: “La rehabilitación no funciona”

 Realidad: El trastorno por consumo de sustancias es una enfermedad compleja y las recaídas pueden formar parte del proceso de recuperación. Que una persona necesite más de un intento o distintos enfoques terapéuticos no significa que el tratamiento sea inútil. La rehabilitación sigue siendo una herramienta efectiva y necesaria (Penn Foundation, 2021).

 Mito 4: “Las personas con adicción pueden dejar de consumir cuando quieran”

Realidad: Abandonar el consumo no es simplemente una decisión, muchas sustancias generan dependencia física y psicológica. Los síntomas de abstinencia pueden ser intensos e incluso peligrosos, lo que hace necesario el acompañamiento profesional en muchos casos (Penn Foundation, 2021).

 Mito 6: “La adicción solo afecta a cierto tipo de personas”

 Realidad: La adicción no discrimina. Puede afectar a personas de cualquier edad, género, nivel socioeconómico o contexto cultural. El estereotipo de que solo ocurre en personas “al margen” de la sociedad es inexacto y perjudicial (Association of Intervention Specialists, s.f.).

 Mito 7: “Solo se puede ser adicto a una sustancia a la vez”

 Realidad: El policonsumo, es decir, el uso simultáneo de varias sustancias, es frecuente. Esto complica los riesgos para la salud y también el tratamiento, ya que cada sustancia puede producir efectos distintos en el cerebro y el cuerpo (Association of Intervention Specialists, s.f.).

Marihuana: mitos frecuentes y riesgos reales

Teniendo en cuenta lo anterior, también se debe considerar que en los últimos años ha aumentado la percepción de la marihuana como una sustancia “inofensiva”. Sin embargo, la evidencia muestra que su consumo también conlleva riesgos, especialmente en adolescentes y personas con ciertas vulnerabilidades, por lo que se debe conocer la realidad de la sustancia para mantener un consumo responsable (Sonoma County, s.f.; Wnuk, 2021).

 Mito 1: “La marihuana no es adictiva”

 Realidad: El consumo crónico puede llevar a un trastorno por consumo de cannabis. Aproximadamente 9% de quienes la usan desarrollan adicción en algún momento, cifra que aumenta a cerca del 17% en quienes empiezan en la adolescencia y puede llegar a 25–50% en consumidores diarios. Además, pueden presentarse síntomas de abstinencia como irritabilidad, insomnio, ansiedad y deseo intenso de consumo (Sonoma County, s.f.; Wnuk, 2021).

 Mito 2: “La marihuana es segura para jóvenes”

 Realidad: El consumo durante la adolescencia se asocia con afectaciones en áreas del cerebro relacionadas con el aprendizaje y la memoria. También se ha vinculado con menor rendimiento escolar y mayor riesgo de abandono académico (Sonoma County, s.f.).

 Mito 3: “La marihuana no afecta la salud mental”

 Realidad: El uso regular se ha relacionado con mayor riesgo de depresión, ansiedad y empeoramiento de síntomas en personas con trastornos psicóticos. En personas con vulnerabilidades previas, como antecedentes familiares de esquizofrenia o adicciones, el consumo puede aumentar el riesgo de desarrollar problemas graves de salud mental (Sonoma County, s.f.; Wnuk, 2021).

 Mito 4: “Conducir después de consumir marihuana es seguro”

 Realidad: La marihuana afecta la coordinación motora, el juicio y el tiempo de reacción. El riesgo de accidente de tránsito aumenta tras su consumo y es aún mayor cuando se combina con alcohol (Sonoma County, s.f.).

 Mito 5: “El humo de segunda mano de marihuana no hace daño”

 Realidad: El humo de marihuana contiene toxinas e irritantes similares a los del tabaco y puede dañar los pulmones. La exposición pasiva también implica riesgos para la salud, especialmente en poblaciones vulnerables como niños e infantes (Sonoma County, s.f.).

 Mito 6: “La marihuana es completamente medicinal”

 Realidad: Existen algunos usos médicos específicos aprobados para componentes derivados del cannabis, pero esto no significa que cualquier forma de consumo sea segura o adecuada para todas las personas o condiciones. El uso con fines terapéuticos debe estar basado en indicaciones médicas claras y evidencia científica donde se especifique el componente usado en el medicamento (Wnuk, 2021).

Reducir el estigma, facilitar la ayuda

Los mitos sobre las drogas no solo generan desinformación, sino que también alimentan el estigma. Este estigma puede impedir que las personas reconozcan un problema o busquen tratamiento por miedo a ser juzgadas. 

Comprender la adicción como un problema de salud y no como un fallo personal es un paso fundamental para construir entornos más compasivos y efectivos en la prevención y el tratamiento. Por lo que hablar con información clara, basada en evidencia y libre de prejuicios es una herramienta poderosa de cuidado individual y colectivo  (Penn Foundation, 2021).

Referencias

  • Penn Foundation. (2021). Myths and Misconceptions about Substance Use | St. Luke’s Penn Foundation. St. Luke’s Penn Foundation. https://www.pennfoundation.org/news-events/articles-of-interest/myths-and-misconceptions-about-substance-use/
  •  Association of Intervention Specialists. (n.d.). AIS. Five consistent myths about Drug Abuse and Addiction | AIS. https://www.associationofinterventionspecialists.org/five-consistent-myths-about-drug-abuse-and-addiction/
  • Sonoma County .(n.d.). Myths and facts about marijuana use. https://sonomacounty.gov/health-and-human-services/health-services/marijuana-public-health-and-safety/myths-and-facts-about-marijuana-use
  • Wnuk, A. (2021). Marijuana myths and facts. https://www.brainfacts.org/thinking-sensing-and-behaving/diet-and-lifestyle/2021/marijuana-myths-042021

Duelo: un proceso necesario para sanar

El proceso de duelo es algo que a veces se ve como innecesario, se considera algo que debe suceder en un tiempo corto y que la persona debe “superar” para seguir adelante. Además de solo aplicarse a la muerte de una persona, ignorando que el duelo puede darse debido a la pérdida de una mascota, o incluso no deberse a la muerte sino a la pérdida de una amistad, una relación, o una meta.

¿Qué es el duelo?

El duelo es una reacción emocional intensa frente a una pérdida significativa. Puede generar sensaciones de tristeza profunda, desconexión, confusión e incluso dificultad para continuar con la vida cotidiana. Es una experiencia universal, pero al mismo tiempo profundamente personal, ya que cada persona vive el duelo de forma distinta según la relación con lo perdido, su historia y sus recursos emocionales (Mayo Clinic, 2016).

Aunque el dolor suele disminuir con el tiempo, el proceso puede durar meses o incluso años. No existe un “tiempo correcto” para dejar de sentir.

El duelo no solo ocurre ante la muerte

Diversos autores han señalado que el duelo también aparece ante pérdidas que no implican fallecimiento. Las rupturas amorosas, la pérdida de una amistad, una enfermedad crónica, la pérdida de un empleo o la imposibilidad de cumplir un proyecto vital pueden desencadenar reacciones de duelo igualmente válidas (Mara & Mara, 2024).

Desde una perspectiva fenomenológica, estas experiencias comparten algo fundamental: la sensación de haber perdido posibilidades de vida que eran importantes para la identidad y el futuro de la persona (Ratcliffe & Richardson, 2023). No solo se pierde “algo”, sino también la vida que se imaginaba junto a ello.

Fases del duelo: un proceso, no una línea recta

Tradicionalmente se han descrito fases del duelo como una guía para comprender su evolución. Sin embargo, estas no son etapas rígidas ni secuenciales; las personas pueden avanzar, retroceder o experimentar varias a la vez, pero en general Cabodevilla (2007) las divide en: 

1. Aturdimiento o shock

Sensación de incredulidad, confusión o bloqueo emocional. Funciona como un mecanismo de protección ante el impacto inicial de la pérdida.

2. Anhelo y búsqueda

Deseo intenso de recuperar lo perdido. Puede haber inquietud, irritabilidad y autorreproches.

3. Desorganización y desesperación

Predomina la tristeza profunda, la sensación de vacío y la dificultad para encontrar sentido a la vida sin aquello que se perdió.

4. Reorganización

Gradualmente la persona empieza a adaptarse a una nueva realidad, desarrollando rutinas, roles y vínculos distintos.

Cómo se manifiesta el duelo

Así mismo, se reconoce que el duelo, al ser un fenómeno complejo, puede afectar múltiples dimensiones de la persona (Cabodevilla, 2007):

  •  Física

Cansancio, alteraciones del sueño, cambios en el apetito, opresión en el pecho o en la garganta, dolores corporales.

  •  Emocional

Tristeza, rabia, culpa, miedo, ansiedad, soledad, desesperanza o incluso alivio en algunos casos.

  •  Cognitiva

Dificultades de concentración, pensamientos repetitivos sobre la pérdida, sensación de confusión o embotamiento mental.

  •  Conductual

Aislamiento, llanto frecuente, cambios en la actividad diaria o en el consumo de sustancias.

  •  Social

Retraimiento o dificultad para relacionarse como antes.

  •  Espiritual

Cuestionamientos sobre el sentido de la vida, la muerte y las creencias personales.

Estas manifestaciones están mediadas por factores culturales, personales y relacionales, por lo que no todas las personas las viven de la misma manera.

Formas de duelo

Además, se debe comprender que el duelo puede adoptar distintas formas, dependiendo de la situación que lo cause. Siendo todas estas procesos únicos que requieren de ayuda especializada para cada caso (Cabodevilla, 2007):

  • Duelo anticipatorio

 Cuando la pérdida se prevé antes de que ocurra.

  • Duelo crónico

El dolor se mantiene de forma intensa durante años.

  • Duelo congelado o retardado

Dificultad para expresar emociones tras la pérdida.

  • Duelo enmascarado

 El malestar aparece en forma de síntomas físicos o conductas sin que la persona lo relacione con la pérdida.

  • Duelo ambiguo

Ocurre cuando no hay claridad sobre la pérdida (por ejemplo, desapariciones o deterioro cognitivo severo de un familiar).

  • Duelo normal

Incluye reacciones intensas pero que, con el tiempo, tienden a integrarse en la vida de la persona.

Todas estas formas de duelo entonces son normales, y dependen de las características de la pérdida, la persona y su entorno, las cuales causan que en general, la mayoría de las personas logren atravesar el duelo con apoyo social. Sin embargo, puede ser necesario buscar ayuda cuando el malestar es muy intenso, persistente o interfiere gravemente con la vida cotidiana. Algunos signos de alerta incluyen culpa extrema, aislamiento prolongado, conductas autodestructivas o imposibilidad de hablar de la pérdida sin desbordarse emocionalmente (Cabodevilla, 2007).

Tareas del duelo: el trabajo emocional de sanar

Así, se debe comprender que el duelo en todos los casos implica un proceso activo de adaptación, donde la persona con el paso del tiempo debe de (Cabodevilla, 2007):

  1. Aceptar la realidad de la pérdida.
  2. Trabajar el dolor emocional, permitiéndose sentir y expresar las emociones.
  3. Adaptarse a una vida en la que lo perdido ya no está, asumiendo nuevos roles y rutinas.
  4. Recolocar emocionalmente lo perdido y seguir viviendo, manteniendo el vínculo en la memoria sin que impida abrirse a nuevas experiencias.

Teniendo en cuenta que estas tareas no significan olvidar, sino aprender a vivir de una manera distinta.

La importancia del acompañamiento

Además de esto, se debe tener en cuenta que el entorno cumple un papel clave. Escuchar sin juzgar, validar el dolor y respetar el ritmo de cada persona favorece la elaboración del duelo en todos los casos, especialmente en aquellos duelos que no implican la muerte, dado que la red de apoyo debe comprender que el sufrimiento no debe ser minimizado y pasar incomprendido (Mara & Mara, 2024; Ratcliffe & Richardson, 2023).

Duelo y esperanza

Teniendo en cuenta lo anterior, se debe comprender que en el duelo el sanar no significa olvidar a la persona o los buenos momentos, sino que resolver el duelo se trata de recordar sin que el dolor se vuelva inmovilizante y aprender a seguir adelante Siendo este un proceso con altibajos, que no tiene una sola forma de darse.

Referencias

  • Mayo Clinic (2016) ¿Qué es el duelo?. https://www.mayoclinic.org/es/patient-visitor-guide/support-groups/what-is-grief
  • Cabodevilla, I.. (2007). Las pérdidas y sus duelos. Anales del Sistema Sanitario de Navarra, 30(Supl. 3), 163-176. Recuperado en 28 de enero de 2026, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1137-66272007000600012&lng=es&tlng=es.
  • Mara, & Mara. (2024). El duelo sin pérdida. Equipo Clínico. https://equipoclinico.atam.es/el-duelo-sin-perdida/
  • Ratcliffe, M., & Richardson, L. (2023). Grief over Non-Death Losses: A Phenomenological Perspective. Passion: Journal of the European Philosophical Society for the Study of Emotions, 1(1), 50-67. https://doi.org/10.59123/passion.v1i1.12287

Transiciones y cambios: cómo adaptarse a las nuevas etapas de la vida

Durante la vida, pasamos por procesos de cambio y transiciones. Sin embargo, muchas veces no comprendemos la diferencia entre ambos procesos, por lo cual podemos ignorar los efectos de ambos y los procesos que conllevan.

Cambio y transición: no son lo mismo

Una forma de explicar estas diferencias es el Modelo de Transición de William Bridges (2020), el cual es un modelo que proviene de la psicología organizacional, pero ha sido ampliado para usarse en los ámbitos clínicos.

Este modelo propone una diferencia fundamental entre los conceptos:

  • El cambio corresponde a un acontecimiento externo. Es el hecho objetivo que ocurre: un ascenso laboral, un divorcio, una mudanza o el inicio de una carrera universitaria.
  • La transición, en cambio, es un proceso interno y psicológico mediante el cual las personas asimilan ese cambio, reorganizan su identidad y construyen una nueva manera de relacionarse con la realidad.

De modo que, el cambio puede ocurrir en un instante, pero la transición necesita tiempo. No basta con que una situación cambie; también es necesario que la persona procese emocionalmente lo que estos cambios implican en su vida.

Las tres etapas de la transición

Según Bridges (2020), estos procesos de transición atraviesan tres fases, las cuales pueden superponerse y no necesariamente ocurren de manera lineal. 

1. Los finales: aprender a dejar ir

Toda transición comienza con un final.

Esta etapa implica reconocer aquello que termina y aceptar las pérdidas que acompañan el cambio. No siempre se trata de pérdidas materiales; también pueden desaparecer rutinas, relaciones, roles, proyectos o incluso una forma de entender quiénes somos.

Durante este momento es frecuente experimentar:

  • incertidumbre;
  • miedo a lo desconocido;
  • resistencia al cambio;
  • sensación de pérdida de estabilidad;
  • disminución de la confianza.

Locus Assignments (27 de Julio 2026) señala que muchas personas reaccionan con estrés emocional porque deben abandonar algo familiar. Por ello, el acompañamiento social y la comunicación clara son factores que favorecen una adaptación más saludable.

2. La zona neutral: el espacio entre el pasado y el futuro

Después de dejar atrás la antigua realidad, aparece la zona neutral, considerada por Bridges (2020) como el núcleo del proceso de transición.

Es un periodo en el que el pasado ya no existe, pero el futuro todavía no se ha consolidado. La persona puede sentir que “está entre dos mundos”.

Durante esta fase suelen aparecer:

  • confusión;
  • sensación de desorientación;
  • disminución temporal de la productividad;
  • dudas sobre el futuro;
  • necesidad de redefinir objetivos.

Aunque suele ser la etapa más incómoda, también representa un momento de enorme crecimiento personal.

Locus Assignments (27 de Julio 2026) destaca que esta fase favorece el aprendizaje, el desarrollo de nuevas habilidades y la innovación, siempre que exista una comunicación adecuada y oportunidades para adaptarse gradualmente.

3. Los nuevos comienzos

La transición culmina cuando la persona integra el cambio como parte de su vida y desarrolla una nueva identidad alrededor de esa experiencia.

En esta etapa suelen observarse:

  • aceptación del cambio;
  • incremento de la motivación;
  • mayor claridad sobre el propósito personal;
  • fortalecimiento de las relaciones;
  • consolidación de nuevas rutinas y valores.

Los nuevos comienzos no significan olvidar el pasado, sino construir una nueva manera de avanzar incorporando lo aprendido durante el proceso.

La transición es un proceso, no un evento

Así, esta teoría ha permitido que se comprenda el cambio y las transiciones como procesos separados que afectan todas las áreas de la vida de las personas. De modo que esta teoría puede ser aplicada en el contexto clínico y psicosocial, como se demuestra en Shy y Mills (2010), donde el uso de este modelo en el tratamiento de personas involucradas en relaciones abusivas permitió proveer a estas personas un mejor acompañamiento de parte de los profesionales, quienes usaron el modelo para identificar pequeños avances, retrocesos y momentos de crecimiento en el proceso, y explicarlo a las personas como parte esperable de la transición, favoreciendo una mejor comprensión del proceso y menores sentimientos de estancamiento en los atendidos. 

No todas las transiciones son iguales

Una parte importante para comprender en estos procesos es la diferencia en las transiciones, dado que, si bien estas son un proceso interno, este será diferente según el caso.

Como explica Gill (2021), las transiciones pueden clasificarse según la forma en que aparecen en la vida.

Transiciones anticipadas

Son cambios esperados y previsibles que forman parte del ciclo vital. Aunque suelen ser deseados, también pueden generar ansiedad debido a las nuevas responsabilidades que implican.

Transiciones inesperadas

Son acontecimientos que aparecen sin previo aviso. Estas situaciones suelen exigir una reorganización emocional rápida y pueden generar elevados niveles de estrés.

Transiciones por acontecimientos que no ocurren

En ocasiones el cambio proviene precisamente de aquello que nunca sucede. No obtener el trabajo esperado, no formar una familia o no alcanzar un objetivo importante también implica un proceso de adaptación y duelo.

Transiciones silenciosas

Son cambios graduales que pasan desapercibidos hasta que, con el tiempo, la persona reconoce que ha cambiado profundamente. Por ejemplo, adquirir experiencia profesional, modificar prioridades personales o superar lentamente una relación difícil.

¿Por qué las transiciones generan ansiedad?

Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende por qué en la primera etapa de la transición se generan sentimientos de miedo, tristeza y ansiedad. Puesto que, como Gill (2021) explica, el abandonar lo conocido obliga al cerebro a adaptarse a nuevas rutinas, relaciones e identidades. Incluso cuando el cambio es positivo.

Lo cual puede llevar a lo que Israelashvili (2023) señala como temor a abandonar la situación anterior debido al miedo a lo desconocido, causando que las personas no se adapten inmediatamente a su nueva realidad al evitar modificar su comportamiento, estancándose en la primera etapa de la transición.

Estrategias para afrontar una transición de manera saludable

Para evitar el estancamiento, autores como Butler (2025) mencionan que adaptarse no significa evitar el malestar, sino desarrollar recursos para atravesarlo.

Recomendando estrategias como:

  • Aceptar las emociones
  • Mantener algunas rutinas

  • Buscar apoyo social
  • Enfocarse en aquello que sí puede controlarse

  • Practicar el autocuidado

  • Desarrollar una mentalidad de crecimiento

  • Solicitar ayuda profesional cuando sea necesario

Adaptarse también implica reconstruirse

De este modo se comprende cómo las transiciones son procesos graduales en donde la persona debe permitirse comprender sus emociones frente al cambio, con el fin de construir nuevas formas de vivir sus relaciones y formar su identidad.

Por lo que, aunque atravesarlas puede resultar incómodo e incluso doloroso, siempre se debe recordar que estas representan oportunidades para desarrollar nuevas habilidades, redefinir prioridades y fortalecer la resiliencia.

 

Referencias

  • Bridges Transition Model – William Bridges Associates. (2020). William Bridges Associates. https://wmbridges.com/about/what-is-transition/
  • Locus Assignments. (27 de Julio 2026). Understanding the Bridges Transition Model of Change: A Complete Guide. Locus Assignments. https://www.locusassignments.com/blog/bridges-transition-model-of-change
  • Shy, Y., & Mills, L. G. (2010). A Critical New Pathway Towards Change in Abusive Relationships: The Theory of Transition Framework. Clinical social work journal, 38(4), 418–425. https://doi.org/10.1007/s10615-010-0279-0 
  • Gill. S. (2021). The Impact of Transitions and How to Cope with Them. https://www.crusescotland.org.uk/about-us/news-and-blogs/the-impact-of-transitions-and-how-to-cope-with-them/
  • Israelashvili, M. (2023). Adjustment to Transitions: Common Components. In: Israelashvili, M. (eds) Prevention of Maladjustment to Life Course Transitions. Advances in Prevention Science. Springer, Cham. https://doi.org/10.1007/978-3-031-26700-0_5 
  • Butler, M. (2025). Mastering Life Transitions: How To Adapt And Thrive Through Change – MLA Psychology – Telehealth & In-person Psychology Services. MLA Psychology | Telehealth | Gold Coast | Victoria. https://www.mlapsychology.com/mastering-life-transitions/

El rol del psicólogo en emergencias y desastres

En momentos de emergencia, además de los servicios médicos y de rescate, los psicólogos juegan un rol fundamental para poder mantener un adecuado cuidado de la población. Las situaciones traumáticas dejan marcas que pueden mantenerse incluso cuando los rastros físicos desaparecen, por lo tanto el rol del psicólogo como asistente primario en casos de emergencia es cada vez más reconocido para proteger el bienestar de las personas afectadas (WHO, 2025).

La mayoría de las personas expuestas a emergencias experimentan reacciones como ansiedad, tristeza, desesperanza, insomnio, irritabilidad, cansancio o molestias físicas sin causa médica clara. Aunque en muchos casos este malestar disminuye con el tiempo, una parte de la población desarrollará trastornos mentales que requieren atención especializada (WHO, 2025).

¿Por qué es clave la intervención psicológica en emergencias?

Las emergencias no solo generan daño inmediato, sino que también erosionan redes de apoyo, incrementan la desigualdad y agravan problemas sociales y de salud mental preexistentes. Por ello, la atención psicológica no es un complemento, sino un componente esencial de la respuesta humanitaria (IASC, 2007; WHO, 2025).

El IASC señala que las crisis afectan simultáneamente a distintos niveles:

Impacto social

  • Problemas sociales previos que se intensifican (pobreza, discriminación, marginación).
  • Problemas sociales generados por la emergencia (separación familiar, ruptura de redes comunitarias, aumento de la violencia).
  • Problemas derivados de la propia asistencia humanitaria, cuando debilita estructuras comunitarias tradicionales (IASC, 2007).

Impacto psicológico

  • Trastornos mentales preexistentes que se agravan.
  • Reacciones emocionales intensas ante la catástrofe, como duelo, miedo, ansiedad o síntomas de estrés postraumático.
  • Malestar asociado a la incertidumbre, la falta de información o la pérdida de control sobre la propia vida (IASC, 2007; WHO, 2025).

Esto muestra que la salud mental y el bienestar psicosocial van mucho más allá del tratamiento del trauma, implica acompañar procesos individuales y colectivos de adaptación, afrontamiento y reconstrucción.

Funciones del psicólogo en la respuesta a emergencias

Teniendo en cuenta lo anterior, las directrices internacionales destacan múltiples acciones en las que los profesionales de la psicología tienen un papel clave dentro de equipos interdisciplinarios (WHO, 2025; IASC, 2007):

  • Integrar el apoyo psicosocial y la salud mental en los planes de preparación y respuesta ante emergencias.
  • Participar en la coordinación intersectorial para asegurar intervenciones coherentes y culturalmente pertinentes.
  • Fortalecer la autoayuda y el apoyo comunitario, promoviendo la participación activa de la población afectada.
  • Capacitar a personal de primera línea en primeros auxilios psicológicos.
  • Difundir información clara que favorezca el afrontamiento positivo y la búsqueda de ayuda.
  • Brindar atención clínica basada en la evidencia para personas con trastornos mentales prioritarios.
  • Proteger los derechos de personas con afecciones mentales graves, especialmente en contextos institucionales o de desplazamiento.
  • Establecer redes de derivación entre servicios de salud mental, atención general, escuelas y servicios sociales (WHO, 2025; IASC, 2007).

Intervención psicológica según las fases de la emergencia

Estas acciones se dividen en etapas, dado que la actuación del psicólogo no es igual en todos los momentos de la crisis, y las intervenciones deben adaptarse a las necesidades cambiantes de la población a lo largo del tiempo (Infocop, 2025).

1. Fase inmediata (primeras horas y días)

En esta etapa, la prioridad es garantizar seguridad, cubrir necesidades básicas y reducir el malestar agudo. La mayoría de las reacciones psicológicas son respuestas normales ante situaciones extremas.

Aquí, los psicólogos y otros profesionales capacitados aplican primeros auxilios psicológicos, centrados en:

  • Escuchar sin presionar.
  • Brindar información clara y práctica.
  • Ayudar a conectar a las personas con sus redes de apoyo.
  • Favorecer una sensación básica de seguridad y control (Infocop, 2025; WHO, 2025).

2. Fase de corto y medio plazo

Cuando la situación se estabiliza, comienza la identificación de personas cuyo malestar persiste o interfiere con su vida cotidiana. En esta fase se desarrollan acciones como:

  • Espacios grupales de apoyo psicosocial.
  • Intervenciones psicoeducativas sobre reacciones emocionales esperables.
  • Estrategias de manejo del estrés.
  • Derivación a atención especializada cuando se detectan síntomas más graves (Infocop, 2025).

3. Fase de recuperación a largo plazo

A largo plazo, el rol del psicólogo se orienta al tratamiento de trastornos mentales que se han consolidado, como depresión, ansiedad o trastorno de estrés postraumático, y al fortalecimiento de la resiliencia individual y comunitaria.

En esta etapa también se promueven procesos de reconstrucción del proyecto de vida, recuperación de roles sociales y fortalecimiento de vínculos, elementos esenciales para la recuperación integral tras la crisis (Infocop, 2025; IASC, 2007).

Enfoque comunitario y de derechos

Pero estas fases de intervención deben ir más allá de la atención individual, las guías internacionales subrayan la importancia de intervenciones comunitarias que refuercen la cohesión social, la participación y la protección de derechos, por lo que el trabajo psicológico en emergencias implica también:

  • Reconocer y fortalecer los recursos propios de la comunidad.
  • Evitar prácticas que generen dependencia o debiliten redes locales.
  • Promover la inclusión de grupos especialmente vulnerables (personas mayores, infancia, personas con discapacidad o con trastornos mentales graves) (IASC, 2007; WHO, 2025).

De esta manera, el psicólogo no solo atiende el sufrimiento individual, sino que contribuye a reconstruir el tejido social y a crear condiciones que favorezcan la recuperación colectiva.

Conclusión

El rol del psicólogo en emergencias y desastres es esencial para reducir el sufrimiento, prevenir complicaciones a largo plazo y fortalecer la resiliencia de personas y comunidades. Integrar la salud mental y el apoyo psicosocial en todas las fases de la respuesta humanitaria no es un lujo, sino una necesidad para una recuperación verdaderamente integral (WHO, 2025; IASC, 2007; Infocop, 2025).

 

Referencias

  • World Health Organization: WHO. (2025). La salud mental en las situaciones de emergencia. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-in-emergencies
  •  Inter Agency Standing Comitee: IASC. (2007). Guía del IASC sobre salud mental y apoyo psicosocial en emergencias humanitarias y catástrofes.
  • Infocop. (2025). La necesidad de cuidar la salud mental en contextos de emergencias y catástrofes – Infocop. Infocop. https://www.infocop.es/la-necesidad-de-cuidar-la-salud-mental-en-contextos-de-emergencias-y-catastrofes-2/

Psicología y el cuidar en medio de crisis

En momentos de crisis la salud mental puede pasar a un segundo plano frente a las necesidades básicas urgentes, pero aún así sigue viéndose afectada. Por lo cual es necesario aprender a mantener el cuidado de la salud mental en situaciones de crisis, aunque no creamos que tengamos tiempo para ello.

El impacto psicológico de las emergencias

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2025), las crisis afectan a las familias, los medios de vida y los servicios esenciales, y tienen consecuencias significativas en la salud mental, causando que la mayoría de las personas afectadas experimenten malestar psicológico, y una parte de ellas desarrolle trastornos como depresión o estrés postraumático.

Así, se comprende que las emergencias no solo agravan condiciones de salud mental preexistentes, sino que también pueden dar lugar a nuevos problemas. La separación familiar, la pérdida de redes de apoyo, la pobreza sobrevenida o el aumento del consumo de sustancias son algunos de los factores que incrementan el riesgo psicosocial en estos contextos (OMS, 2025)

¿Por qué es clave el apoyo psicosocial en crisis?

Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende que el cuidado de la salud mental en la crisis es clave para mantener el bienestar de la población, dado que como menciona Garza (2025) “ el trabajo en salud mental y apoyo psicosocial con poblaciones afectadas por emergencias tiene efectos decisivos tanto a corto como a largo plazo” en áreas tales como.

  •  Cuidado de la vida y la dignidad

  •  
  •  Prevención de trastornos a largo plazo

  •  
  • Fortalecimiento de la resiliencia comunitaria

  •  
  •  Mejora en la toma de decisiones y la respuesta

  •  
  • Reducción de tensiones y conflictos

Consecuencias de no atender la salud mental

De este modo se puede cuidar de la salud mental en situaciones de crisis, sin embargo, cuando el malestar emocional posterior a una crisis no es atendido, pueden aparecer efectos a largo plazo que impactan múltiples áreas de la vida.

De acuerdo con Infocop (2025) a nivel psicológico y conductual, pueden desarrollarse trastornos de ansiedad, depresión, estrés postraumático, aislamiento social, dificultades en las relaciones, autolesiones e incluso pensamientos suicidas. Además, pueden desarrollarse enfermedades físicas relacionadas a un mayor riesgo de enfermedades crónicas como afecciones cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares o diabetes tipo 2. Mientras a nivel social y comunitario, el impacto se refleja en el deterioro del tejido social, la pérdida de confianza y una disminución general de la calidad de vida de las personas afectadas.

Debido a esto, es necesario seguir las directrices internacionales que recomiendan integrar el apoyo psicosocial y la atención a la salud mental en todas las fases de la respuesta a emergencias. Esto incluye acciones que van desde la autoayuda y el apoyo comunitario, hasta los primeros auxilios psicológicos y la atención clínica especializada, incorporando la reducción del riesgo de desastres en la planificación y preparación para disminuir el impacto psicológico de futuras crisis (WHO, 2025).

 

Referencias

  • World Health Organization: WHO. (2025). La salud mental en las situaciones de emergencia. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-in-emergencies
  • Garza, V. (2025). Salud mental en emergencias humanitarias | Médicos del Mundo. Médicos del Mundo. https://www.medicosdelmundo.org/blog/blog/salud-mental-emergencias/
  • Infocop. (2025). La necesidad de cuidar la salud mental en contextos de emergencias y catástrofes – Infocop. Infocop. https://www.infocop.es/la-necesidad-de-cuidar-la-salud-mental-en-contextos-de-emergencias-y-catastrofes-2/

Participación juvenil en salud mental

El rol de los jóvenes en la salud mental es igual de importante que el de los adultos, el involucrarnos en el aprendizaje sobre la salud mental, y promover su deseo de abogar por esta permite que desarrollen un sentido de sí mismos, además de formar comunidad. De acuerdo con UNICEF Youth‑Led Action (s. f.), la participación en la salud mental no es un tema aislado, es un elemento central que permite a las juventudes crear vínculos significativos, aprender de forma efectiva y participar activamente en sus comunidades, incluyendo el liderazgo de procesos de cambio social.

Salud mental: base para el liderazgo juvenil

Las y los jóvenes que impulsan transformaciones sociales suelen enfrentar resistencia política, sobrecarga de responsabilidades y frustraciones constantes. Sin el apoyo adecuado, pueden experimentar agotamiento emocional, aislamiento social y burnout. Por ello, UNICEF Youth‑Led Action (s. f.) subraya que el bienestar psicosocial es uno de los recursos más valiosos para quienes lideran cambios en sus territorios.

Fortalecer la salud mental de jóvenes agentes de cambio no sustituye la necesidad de transformaciones estructurales. Muchas juventudes desarrollan su activismo en contextos marcados por desigualdades y falta de apoyo institucional, por tanto, es fundamental que quienes ocupan posiciones de poder trabajen para derribar barreras estructurales y garantizar condiciones que permitan una participación juvenil sostenida y significativa (UNICEF Youth‑Led Action, s. f.).

¿Por qué el bienestar psicosocial es clave para jóvenes agentes de cambio?

Según UNICEF Youth‑Led Action (s. f.), la salud mental y el bienestar psicosocial fortalecen múltiples dimensiones del liderazgo juvenil:

Resiliencia y perseverancia

El activismo juvenil implica enfrentar críticas, obstáculos y retrocesos. Una base sólida de bienestar emocional ayuda a desarrollar resiliencia, permitiendo afrontar la adversidad sin abandonar los objetivos colectivos.

Creatividad y solución de problemas

El bienestar mental favorece la flexibilidad cognitiva y la creatividad, habilidades esenciales para diseñar soluciones innovadoras frente a problemas sociales complejos.

Sostenibilidad del impacto

El cambio social es un proceso a largo plazo. Priorizar la salud mental reduce el riesgo de agotamiento y favorece la continuidad de las iniciativas juveniles en el tiempo.

Relaciones saludables y trabajo en equipo

El bienestar psicosocial es clave para establecer vínculos basados en la empatía, la comunicación efectiva y la colaboración, elementos fundamentales en cualquier proceso de incidencia social.

Autocompasión y manejo de la autoexigencia

Muchas y muchos jóvenes activistas enfrentan altos niveles de presión personal. Cuidar la salud mental promueve la autocompasión, ayuda a ajustar expectativas y previene dinámicas de autoexigencia extrema.

Inspirar a otras personas

Al priorizar su propio bienestar, jóvenes líderes también modelan prácticas de autocuidado y contribuyen a normalizar la salud mental como una prioridad colectiva.

Cuidar la salud mental mientras se ejerce el activismo

Teniendo en cuenta los efectos del activismo juvenil en la salud mental, también se debe tener en cuenta el autocuidado de estos activistas. Debido a esto, UNICEF Youth‑Led Action (s. f.) propone como herramientas para el autocuidado:

Cuidar las emociones

Reconocer y comprender las propias emociones.

  • Hacer pausas para identificar cómo se sienten a lo largo del día.
  • Recordar que todas las emociones son válidas y forman parte de la experiencia humana.
  • Buscar formas saludables de afrontamiento, como hablar con alguien de confianza, realizar actividades agradables o practicar técnicas de respiración.
  • Comunicar de forma asertiva necesidades y límites.
  • Implementar estrategias sencillas de manejo del estrés, como la respiración profunda.

Reconocer cuándo se necesita apoyo

Señales como el cansancio constante, la pérdida de interés en actividades habituales, la dificultad para concentrarse, el aislamiento social o sentimientos persistentes de tristeza pueden indicar la necesidad de apoyo adicional (UNICEF Youth‑Led Action, s. f.).

Buscar redes de apoyo

El acompañamiento puede encontrarse en amistades, personas adultas de confianza, líderes comunitarios u otras juventudes que atraviesan experiencias similares. Contar con una red de apoyo fortalece la capacidad de afrontar momentos difíciles.

Estas herramientas son esenciales para el mantenimiento del bienestar emocional de los activistas, quienes deben recordar que abogar por el cuidado de los otros no debe implicar descuidarse a uno mismo.

Incidencia juvenil en políticas de salud mental

Teniendo en cuenta la importancia de la participación juvenil, Aceron, Gilo y Maglanque (2025) destacan que la ausencia de representación juvenil en espacios de formulación de políticas limita la construcción de respuestas efectivas, puesto que las juventudes, al ser uno de los grupos más afectados, poseen conocimientos situados que pueden enriquecer la toma de decisiones.

En el estudio de estos autores se muestra como en el caso de Filipinas  jóvenes organizados lograron generar evidencia desde sus comunidades sobre la falta de servicios de salud mental, la escasa difusión de información y la insuficiente asignación de recursos, y a través de procesos de monitoreo participativo y formación en rendición de cuentas, fortalecieron sus capacidades para dialogar con autoridades locales, proponer mejoras y exigir mayor acceso y calidad en los servicios (Aceron et al., 2025).

Juventudes que transforman sistemas

La experiencia documentada por Aceron y colegas (2025) muestra que, cuando las juventudes cuentan con formación, redes y espacios de participación, pueden incidir en políticas públicas, generar alianzas multisectoriales y ampliar el alcance de sus acciones. La articulación entre jóvenes, comunidades y distintos niveles de gobierno fortalece la rendición de cuentas y promueve cambios sostenibles en los sistemas de salud.

Así, es importante comprender que la participación juvenil en salud mental es una fuerza transformadora con la que se debe de colaborar para avanzar en transformaciones estructurales que garanticen recursos, espacios de decisión y reconocimiento del papel protagónico de las juventudes en la construcción de sociedades más saludables y justas.

 

Referencias

  • UNICEF Youth-Led Action. (n.d.) Mental wellness as a young changemaker. https://www.unicef.org/youthledaction/mental-wellness
  • Aceron J, Gilo KP, Maglanque MV. (2025). Enabling youth to lead mental health advocacy: the case of the Philippines. J Community Syst Health [Internet].;2(1). Available from: https://journals.ub.umu.se/index.php/jcsh/article/view/1285

Juventud y salud mental: voces que transforman

En un mundo donde la salud mental se ve cada vez más afectada, ha nacido el fenómeno del activismo juvenil. Con el avance de las redes sociales muchos jóvenes han decidido compartir sus experiencias relacionadas a la salud mental, la terapia y la medicación. Aunque este fenómeno puede conllevar riesgos de desinformación, también ha contribuido de manera significativa a reducir el estigma y abrir conversaciones que antes estaban rodeadas de silencio.

La participación juvenil no es casual ni superficial. De hecho, la salud mental es una de las principales áreas en las que las y los jóvenes dicen querer influir activamente: programas, políticas, leyes, servicios, normas sociales e investigación. Existe un deseo claro de transformar la conversación pública y crear más espacios donde otras personas jóvenes puedan expresarse con libertad (UNICEF Youth-Led Action, s. f.).

Jóvenes como agentes de cambio en salud mental

Las juventudes lideran procesos de cambio; su cercanía con las realidades actuales les da una perspectiva que muchas veces falta en los espacios tradicionales de toma de decisiones, dado que a diferencia de los adultos, las y los jóvenes comprenden de primera mano las presiones académicas, sociales y económicas que atraviesan su generación, así como las barreras que enfrentan para acceder a apoyo en salud mental (Mental Health America, 2025).

Además, su capacidad para comunicarse en el lenguaje de sus pares fortalece la credibilidad de los mensajes que promueven. Esta conexión facilita que más jóvenes se sientan identificados, busquen información y consideren la posibilidad de pedir ayuda cuando la necesitan. También aportan miradas frescas que cuestionan ideas que durante años se han dado por sentadas, impulsando cambios en políticas y sistemas que no siempre han respondido a sus necesidades reales (Mental Health America, 2025).

El impacto de visibilizar las experiencias

Cuando una persona joven habla abiertamente sobre su proceso de salud mental, puede estar ayudando a muchas otras a ponerle nombre a lo que sienten. Estas narrativas personales contribuyen a normalizar la búsqueda de apoyo psicológico y a mostrar que atravesar dificultades emocionales no es un signo de debilidad, sino una experiencia humana que merece atención y cuidado.

Al mismo tiempo, estas voces juveniles ayudan a transformar la percepción pública de la salud mental. Al compartir historias reales, se desafían estereotipos, se reduce la vergüenza asociada a los diagnósticos y se promueve una cultura más empática e informada (UNICEF Youth-Led Action, s. f.).

Los retos del activismo juvenil en salud mental

Liderar conversaciones sobre salud mental también implica desafíos particulares. Las y los jóvenes que se convierten en figuras visibles dentro de estos movimientos pueden enfrentarse al estigma, a críticas o a la invalidación de sus experiencias. Esto puede generar una carga emocional adicional que requiere apoyo y acompañamiento adecuados (UNICEF Youth-Led Action, s. f.).

Asimismo, es frecuente que otras personas recurran a estos jóvenes activistas para compartir experiencias personales difíciles o pedir orientación. Sin la formación adecuada, esta situación puede resultar abrumadora. Por eso, es importante que cuenten con orientación sobre cómo manejar estas conversaciones, ofrecer información responsable y derivar a servicios profesionales cuando sea necesario (UNICEF Youth-Led Action, s. f.).

Otro aspecto clave es el cuidado de su propia salud mental. Quienes promueven el bienestar emocional de otros también necesitan espacios seguros, redes de apoyo y recursos para proteger su propio bienestar (UNICEF Youth-Led Action, s. f.).

Conclusión: escuchar para transformar

El activismo juvenil en salud mental está cambiando la forma en que hablamos, entendemos y abordamos el bienestar emocional. Al abrir espacios de diálogo, compartir experiencias y exigir sistemas más humanos y accesibles, las juventudes están ayudando a construir una cultura donde la salud mental importa y se atiende con seriedad.

Reconocer su liderazgo, ofrecerles apoyo adecuado y trabajar junto a ellas y ellos es fundamental para lograr transformaciones sostenibles. Cuando las voces jóvenes son escuchadas, no solo se benefician quienes participan en el activismo, sino comunidades enteras que aprenden a mirar la salud mental con mayor empatía, información y compromiso.

 

Referencias

  • UNICEF Youth-Led Action. (n.d). Youth-led action for mental health. https://www.unicef.org/youthledaction/change-area-mental-health
  • Mental Health America. (2025). From data to action: Spotlight on youth advocacy | Mental Health America. https://mhanational.org/the-state-of-mental-health-in-america/spotlight-youth-mental-health-advocacy/

La importancia de la amistad en la adultez

La amistad es un elemento importante de la vida de las personas; el poder socializar con otros y hablar con ellos es parte esencial del autocuidado. Sin embargo, durante la adultez el aumento de las responsabilidades laborales y familiares implica que se pierde el tiempo de relacionarse con otros, causando que los adultos se vean aislados y se les dificulte mantener o crear nuevas amistades.

Así, es importante mantener las amistades en la adultez, como demuestran investigaciones de Pezirkianidis et al., 2023 y Abrams, 2023, las cuales mencionan que  aunque las redes sociales tienden a reducirse con la edad, las amistades que se conservan adquieren mayor profundidad y significado, influyendo de manera directa en la salud mental y física.

¿Qué es la amistad en la adultez?

La amistad adulta se define como una relación voluntaria, recíproca, informal y generalmente duradera entre dos personas. A diferencia de los vínculos familiares o laborales, las amistades se sostienen principalmente por elección mutua, afinidad emocional y compromiso afectivo (Pezirkianidis et al., 2023).

Estas relaciones cumplen múltiples funciones psicológicas y sociales que se vuelven especialmente relevantes en etapas de transición, estrés o cambio vital.

Funciones psicológicas de la amistad adulta

La literatura científica ha identificado varias funciones clave que explican por qué las amistades influyen de forma tan profunda en el bienestar:

1. Apoyo social

Las amistades proporcionan distintos tipos de apoyo:

  • Apoyo emocional, como comprensión, afecto, confianza y compañía.
  • Apoyo instrumental, que incluye ayuda práctica o material.
  • Apoyo informativo, basado en consejos, orientación y retroalimentación.

Este apoyo permite afrontar situaciones difíciles con mayor sensación de contención y menor carga emocional (Pezirkianidis et al., 2023).

2. Seguridad emocional

Las amistades ofrecen un sentido de seguridad frente a situaciones nuevas, inciertas o amenazantes. Saber que se cuenta con alguien disponible reduce el impacto del estrés y amortigua las consecuencias emocionales de los eventos negativos de la vida (Pezirkianidis et al., 2023).

3. Alianza confiable

Una amistad sólida se basa en la lealtad y la disponibilidad constante. Esta percepción de estabilidad relacional fortalece la sensación de no estar solo ante las dificultades, lo cual es clave para la resiliencia psicológica (Pezirkianidis et al., 2023).

4. Autovalidación

Los amigos ayudan a reforzar una imagen positiva de uno mismo a través del reconocimiento, la motivación y la validación emocional. Este proceso favorece la autoestima y el mantenimiento de una identidad personal coherente (Pezirkianidis et al., 2023).

5. Intimidad

La amistad también implica la posibilidad de compartir pensamientos, emociones y experiencias personales de manera honesta. La autorrevelación recíproca fortalece la confianza y profundiza el vínculo emocional (Pezirkianidis et al., 2023).

Cantidad vs. calidad de las amistades

En la adultez, no solo importa cuántos amigos se tienen, sino la calidad de esos vínculos. La mayoría de las personas mantiene redes sociales pequeñas compuestas por amistades cercanas y duraderas, estas relaciones suelen organizarse en distintos niveles de cercanía, desde mejores amigos hasta amistades más casuales, y cada nivel cumple funciones emocionales diferentes (Pezirkianidis et al., 2023).

La evidencia sugiere que la calidad de las amistades es un predictor más fuerte del bienestar que la cantidad de relaciones sociales.

Amistad, salud mental y bienestar

Las relaciones positivas y de apoyo se asocian con mayores niveles de bienestar psicológico, más emociones positivas y una mayor sensación de sentido en la vida. Además, se relacionan con mayor resiliencia, mejor manejo del estrés y mayor compromiso con metas personales significativas (Pezirkianidis et al., 2023).

Sumado a esto, el contar con vínculos sociales sólidos actúa como un factor protector frente a problemas como la depresión, la ansiedad y la soledad. Las personas que perciben mayor apoyo social tienden a experimentar más calma y seguridad emocional en su vida cotidiana (Pezirkianidis et al., 2023).

Amistad y salud física

La ciencia también respalda la conexión entre amistad y salud física. Las personas con relaciones cercanas y de confianza reportan mayor satisfacción con la vida y menor probabilidad de presentar síntomas depresivos. Asimismo, presentan menor riesgo de mortalidad por diversas causas, incluyendo enfermedades cardiovasculares y condiciones crónicas (Abrams, 2023).

Por el contrario, el aislamiento social, la soledad y las relaciones de baja calidad se asocian con un mayor riesgo de deterioro de la salud y muerte prematura (Abrams, 2023).

Cultivar amistades en la adultez

Aunque el tiempo sea limitado, invertir en amistades es una decisión de autocuidado. Mantener el contacto, compartir actividades significativas y expresar apoyo emocional fortalece vínculos que actúan como una red de protección psicológica y física.

Lejos de ser un lujo, la amistad en la adultez es un recurso esencial para el bienestar integral y una de las bases más sólidas de la salud mental a lo largo de la vida.

Referencias

  • Pezirkianidis, C., Galanaki, E., Raftopoulou, G., Moraitou, D., & Stalikas, A. (2023). Adult friendship and wellbeing: A systematic review with practical implications. Frontiers in psychology, 14, 1059057. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1059057
  • Abrams, Z. (2023). The science of why friendships keep us healthy. https://www.apa.org. https://www.apa.org/monitor/2023/06/cover-story-science-friendship

Amistades tóxicas y su impacto en la salud mental

Algunas veces las personas con las que crecemos y somos más cercanas nos puedes hacer daño sin que lo notemos. La expectativa de apoyo unilateral, chistes o comentarios ligados a inseguridades, entre otro tipo de actitudes, generan una relación donde uno de los involucrados recibe todo el apoyo y el otro solo recibe burlas, causando una relación tóxica.

Debido a las características de estas relaciones muchas personas pueden no reconocer cuando viven inmiscuidos en una amistad tóxica, por lo cual es necesario aprender a reconocerlas y comprender su impacto en la salud mental.

¿Qué es una amistad tóxica?

Una amistad tóxica es aquella en la que existe un patrón de interacciones que dañan el bienestar emocional de una de las personas involucradas. Según Esperansa, et al (2023), una amistad con influencia negativa puede afectar nuestros pensamientos, acciones y forma de vernos a nosotros mismos. Incluso señalan que dentro de algunas amistades pueden aparecer dinámicas de acoso o intimidación que suelen pasar desapercibidas por tratarse de alguien “cercano”.

Desde el enfoque de la teoría estímulo–organismo–respuesta (S-O-R), citada Esperansa, et al (2023) la comunicación dentro de la amistad puede convertirse en un estímulo constante que impacta la forma en que la persona se percibe y reacciona emocionalmente. Factores como la baja autoestima, dificultades para interpretar señales sociales, síntomas depresivos o ciertos rasgos de personalidad pueden influir en que alguien adopte comportamientos dañinos dentro de la relación.

Formas de violencia dentro de la amistad

La investigación sobre victimización en la amistad ha mostrado que no toda la violencia entre pares ocurre en contextos abiertos como la escuela o redes sociales. Dryburgh, et al (2025) explican que, debido a la cercanía emocional, en las amistades pueden aparecer formas específicas de agresión, como:

  • Agresión relacional, que busca dañar el vínculo (exclusión, rumores, manipulación social).
  • Coerción y control, donde una persona intenta dominar decisiones, amistades u opiniones de la otra.
  • Uso de información personal para hacer daño, aprovechando la intimidad compartida.

Estas dinámicas pueden ser especialmente dañinas porque la amistad, en teoría, es un espacio de confianza, y la traición de esa confianza incrementa la vulnerabilidad emocional.

Señales de una amistad tóxica

De acuerdo con Raypole (2020), las amistades tóxicas no se refieren a un solo desacuerdo, sino que se presentan cuando hay un patrón repetido de conductas que generan malestar, algunos de los comportamientos frecuentes en amistades tóxicas son:

1. Desvalorización constante

Burlas frecuentes, críticas disfrazadas de “bromas” o comentarios que atacan inseguridades personales pueden afectar profundamente la autoestima.

2. Falta de respeto por la confianza

Compartir secretos, divulgar información personal o usar lo que se ha confiado para avergonzar o manipular es una señal clara de una relación poco segura.

3. Disculpas poco sinceras

Frases como “lo siento si te ofendiste” minimizan el daño y evitan asumir responsabilidad real por lo ocurrido.

4. Relaciones desequilibradas

La relación gira siempre alrededor de las necesidades, problemas y emociones de una sola persona, mientras la otra se siente ignorada o poco importante.

5. Comparaciones constantes

Hacer sentir que “no eres suficiente” al compararte con otras personas erosiona la autoconfianza y genera inseguridad.

6. Inestabilidad emocional

Reacciones impredecibles, cambios bruscos de trato o explosiones de enojo por situaciones pequeñas pueden hacer que la otra persona se sienta en alerta constante.

Impacto en la salud mental

Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende que las amistades tóxicas no solo generan incomodidad momentánea, sino que pueden tener efectos profundos en el ajuste emocional y social.

Dryburgh, et al (2025) encontraron que la victimización dentro de la amistad se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y dificultades en la adaptación social. Además, quienes sufren este tipo de dinámicas en una amistad pueden tener más probabilidad de experimentar relaciones dañinas en otros contextos, como relaciones de pareja o con otros grupos de pares.

Un aspecto especialmente preocupante es que muchas personas no terminan estas amistades, aun cuando son dañinas. Esto puede deberse a que todavía perciben ciertos beneficios del vínculo, al miedo a quedarse sin grupo social o a la normalización del maltrato, y como resultado, la exposición al daño se prolonga en el tiempo.

Por su parte, Raypole (2020) señala que pasar tiempo con amistades que invalidan, critican o manipulan puede aumentar el estrés, disminuir la autoestima, generar sentimientos de soledad y afectar la confianza en otras relaciones. Con el tiempo, la persona puede empezar a dudar de sí misma e incluso culparse por el maltrato recibido.

¿Por qué es tan difícil reconocerlas?

Las amistades tóxicas suelen mezclarse con momentos positivos, recuerdos compartidos y lealtades antiguas. Además, el hecho de que el daño provenga de alguien cercano puede generar confusión, culpa o la esperanza de que la persona “va a cambiar”.

Dryburgh et al. (2025) destacan que la intimidad propia de la amistad puede aumentar la vulnerabilidad: cuanto más compartimos de nosotros mismos, más herramientas tiene la otra persona para herirnos si la relación se vuelve dañina.

Cuidar la salud mental también implica revisar nuestras amistades

Reconocer una amistad tóxica no significa culparnos por haber estado allí, sino entender que merecemos relaciones basadas en el respeto, el apoyo mutuo y la seguridad emocional. Las amistades saludables fortalecen la autoestima, brindan contención en momentos difíciles y permiten crecer sin miedo al juicio constante.

Aprender a poner límites, buscar apoyo en otras redes y, cuando sea necesario, tomar distancia de relaciones que dañan, es también una forma de cuidado de la salud mental.

 

Referencias

  • Esperansa, S. T., Siva, N., Saraswati, I. a. P., Wisnawa, K. S. C., & Kistian, A. (2023). The Effect of Toxic Friendship on Students’ Mental Health. APLIKATIF Journal of Research Trends in Social Sciences and Humanities, 2(2), 59–66. https://doi.org/10.59110/aplikatif.v2i2.124
  • Dryburgh, N. S. J., Martin-Storey, A., Craig, W. M., Holfeld, B., & Dirks, M. A. (2025). Quantifying Toxic Friendship: A Preliminary Investigation of a Measure of Victimization in the Friendships of Adolescents. Journal of interpersonal violence, 40(7-8), 1800–1823. https://doi.org/10.1177/08862605241265418
  • Raypole, C. (2020). In a Toxic Friendship? Here’s What to Look For (and How to Handle It). Healthline. https://www.healthline.com/health/toxic-friendships

TOC: Mitos y realidades

El Trastorno Obsesivo Compulsivo es un problema de salud mental que no suele reconocerse fuera de un estereotipo sobre el exceso de limpieza. Debido a esto, existen muchos mitos sobre el TOC que afectan el reconocimiento de este trastorno en las personas que lo presentan y sus familiares, aumentando la estigmatización hacia quienes viven con el trastorno (Mind, n.d.; International OCD Foundation, 2024).

Estigma y conceptos erróneos sobre el TOC

De acuerdo con Mind (n.d) el estigma hacia el TOC hace referencia a las opiniones o creencias negativas basadas en ideas inexactas que suelen basarse en información incompleta o malinterpretada, las cuales pueden generar incomprensión, burlas o juicios hacia quienes lo padecen, e incluso provocar que la propia persona desarrolle autoestigma, lo que puede hacer que las personas tarden años en reconocer que lo que les ocurre tiene un nombre y un tratamiento posible (Mind, n.d.; International OCD Foundation, 2024).

Estereotipos frecuentes sobre el TOC

Existen numerosos estereotipos que simplifican el TOC, uno de los más comunes es pensar que solo implica lavarse las manos con frecuencia o mantener todo perfectamente ordenado. Aunque algunas personas con TOC pueden presentar obsesiones relacionadas con la contaminación o la simetría, el trastorno es mucho más amplio y diverso (Mind, n.d.; International OCD Foundation, 2024).

La trivialización del TOC

Debido a estos estereotipos, el TOC a menudo se trivializa en conversaciones cotidianas, redes sociales o incluso en publicidad. Expresiones como “soy un poco TOC” para referirse a ser ordenado o detallista minimizan el sufrimiento real que puede implicar este trastorno. Este uso informal del término transmite la idea de que el TOC es algo gracioso o leve, cuando en realidad puede llegar a ser profundamente incapacitante (Mind, n.d.; International OCD Foundation, 2024).

Siendo esta repetición constante de bromas o comentarios despectivos contribuye a crear un entorno en el que las personas con TOC pueden sentirse incomprendidas, ridiculizadas o poco tomadas en serio, lo que dificulta que hablen abiertamente de sus síntomas y busquen apoyo (Mind, n.d.).

Teniendo en cuenta lo anterior, existen diferentes mitos relacionados al TOC que dificultan su reconocimiento, de acuerdo con la International OCD FOundation (2024) son:

Mito 1: “El TOC es solo ser muy limpio u organizado”

Aunque la preocupación por la contaminación y la necesidad de orden pueden formar parte del TOC, el trastorno va mucho más allá. Las obsesiones pueden centrarse en temas como la violencia, la sexualidad, la religión, la responsabilidad, la identidad o las relaciones. Las compulsiones asociadas no se realizan por gusto, sino para reducir una ansiedad intensa o prevenir consecuencias temidas (International OCD Foundation, 2024).

Mito 2: “El TOC es solo una manía o rasgo de personalidad”

El TOC no es una simple preferencia por el orden ni un rasgo de personalidad. Es una condición de salud mental que implica pensamientos intrusivos no deseados y comportamientos o actos mentales repetitivos que la persona siente que debe realizar para aliviar su malestar. Aunque muchas personas reconocen que sus temores son exagerados, sienten una gran dificultad para dejar de realizar las compulsiones (International OCD Foundation, 2024).

Mito 3: “Las compulsiones siempre son conductas visibles”

No todas las compulsiones son acciones observables. Algunas son mentales, como contar, repetir frases en silencio, revisar mentalmente recuerdos o rezar de forma repetitiva para neutralizar la ansiedad. Estas compulsiones mentales pueden pasar desapercibidas para los demás, pero generan un gran desgaste y ocupan mucho tiempo (International OCD Foundation, 2024).

Mito 4: “El TOC es raro”

El TOC puede afectar a personas de distintas edades, géneros y contextos. No es un problema aislado ni excepcional. Pensar que es “muy raro” contribuye a que quienes lo padecen se sientan solos o “extraños”, lo cual refuerza el estigma y retrasa la búsqueda de ayuda (International OCD Foundation, 2024).

Mito 5: “Todo el mundo es un poco TOC”

Es común escuchar que alguien es “un poco TOC” por ser detallista o cuidadoso. Sin embargo, en el TOC las obsesiones y compulsiones consumen una cantidad significativa de tiempo, generan un malestar intenso e interfieren con la vida diaria. Reducir el trastorno a una característica de personalidad invisibiliza el sufrimiento real de quienes lo viven (International OCD Foundation, 2024).

Mito 6: “El TOC es una fase y se pasa solo”

El TOC es un trastorno que requiere atención profesional. Sin tratamiento, los síntomas pueden mantenerse o incluso empeorar con el tiempo. La detección e intervención tempranas pueden ayudar a reducir el impacto del trastorno en la vida de la persona (International OCD Foundation, 2024).

Mito 7: “El TOC se debe a falta de carácter o fuerza de voluntad”

Las personas con TOC no eligen tener pensamientos intrusivos ni realizar compulsiones. No se trata de falta de voluntad, sino de un problema de salud mental que necesita comprensión y tratamiento adecuado. Culpar a la persona solo aumenta la culpa y la vergüenza, y dificulta que busque ayuda (International OCD Foundation, 2024).

Mito 8: “El TOC no tiene tratamiento”

Existen tratamientos eficaces para el TOC. La Exposición con Prevención de Respuesta (EPR o ERP, por sus siglas en inglés) es una de las intervenciones psicológicas con mayor respaldo. En algunos casos, también se utilizan medicamentos bajo supervisión médica. Con el apoyo adecuado, muchas personas logran reducir de forma significativa sus síntomas y mejorar su calidad de vida (International OCD Foundation, 2024).

Mito 9: “Evitar los desencadenantes cura el TOC”

Evitar situaciones, lugares o pensamientos que generan ansiedad puede parecer útil a corto plazo, pero a largo plazo suele mantener o intensificar el problema. La evitación refuerza la idea de que el peligro es real y que la persona no puede afrontarlo, lo que puede ampliar cada vez más las limitaciones en la vida diaria (International OCD Foundation, 2024).

Mito 10: “El TOC es igual para todo el mundo”

El TOC puede manifestarse de muchas formas diferentes. Las obsesiones pueden estar relacionadas con la contaminación, el daño, la moralidad, la identidad, la responsabilidad o la necesidad de que las cosas se sientan “correctas”. Las compulsiones también varían y pueden ser físicas o mentales. Por ello, es importante que la evaluación y el tratamiento sean realizados por profesionales de la salud mental (International OCD Foundation, 2024).

Culpa, vergüenza y autoestigma

Estos mitos relacionados con el TOC hacen que incluso las personas que lo sufren no reconozcan la realidad del trastorno, por lo cual tienden a sentir vergüenza, culpa o miedo  por el contenido de sus pensamientos intrusivos, especialmente cuando estos se relacionan con temas que consideran inaceptables o contrarios a sus valores. Lo que puede llevar a ocultar los síntomas y a sufrir en silencio. 

Reconocer que estos pensamientos forman parte de un trastorno y no definen a la persona es un paso importante para reducir el autoestigma y buscar apoyo (Mind, n.d.; International OCD Foundation, 2024).

Romper mitos para reducir el estigma

Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende que la falta de información precisa sobre el TOC contribuye al estigma y a la discriminación, por lo cual desmentir mitos y promover una comprensión más realista del trastorno puede favorecer entornos más empáticos e inclusivos. Esto no solo facilita que más personas busquen ayuda, sino que también mejora el apoyo social hacia quienes viven con TOC (International OCD Foundation, 2024; Mind, n.d.).

 

Referencias

TOC: un trastorno incomprendido

El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) suele aparecer en películas y series, pero con frecuencia se muestra de forma reducida y estereotipada, casi siempre asociado únicamente con la limpieza o el orden. Esta representación limitada hace que muchas personas no se reconozcan en los síntomas reales del trastorno y, en consecuencia, puedan pasar años sufriendo sin entender qué les ocurre.

En realidad, el TOC es un trastorno de salud mental serio que puede llegar a ser profundamente incapacitante y afectar a personas de todas las edades y contextos de vida (International OCD Foundation, 2025).

¿Qué es el TOC?

El TOC se caracteriza por un patrón de obsesiones y compulsiones que interfieren de manera significativa en la vida diaria y generan un alto malestar emocional (Mayo Clinic, n.d.; International OCD Foundation, 2025).

  • Obsesiones: pensamientos, imágenes o impulsos no deseados, intrusivos y repetitivos que generan ansiedad, miedo, asco o duda intensa.
  • Compulsiones: conductas o actos mentales repetitivos que la persona siente que debe realizar para reducir la ansiedad o evitar que ocurra algo terrible.

Aunque la persona suele reconocer que estos pensamientos o conductas son irracionales o excesivos, siente una necesidad urgente de realizarlos. Esto crea un círculo vicioso: la obsesión genera ansiedad, la compulsión alivia momentáneamente el malestar, pero a largo plazo refuerza el problema (Mayo Clinic, s. f.).

No es lo mismo que ser perfeccionista

Existe una diferencia importante entre tener gustos por el orden o ser detallista y vivir con TOC. En el TOC, las obsesiones y compulsiones consumen tiempo (a menudo más de una hora al día), generan un gran sufrimiento y afectan el trabajo, el estudio, las relaciones o la vida cotidiana (International OCD Foundation, 2025).

Además, los pensamientos del TOC suelen ser ego-distónicos, es decir, van en contra de los valores y deseos de la persona. Quien vive con TOC no disfruta estos pensamientos ni conductas; por el contrario, los experimenta como angustiantes y ajenos a su voluntad (International OCD Foundation, 2025).

Tipos frecuentes de obsesiones

Aunque el TOC se asocia popularmente con la contaminación, las obsesiones pueden tener muchos temas distintos (International OCD Foundation, 2025):

  • Contaminación: miedo intenso a gérmenes, sustancias, suciedad o enfermedades.
  • Daño: temor a hacer daño a uno mismo o a otros, incluso sin desearlo.
  • Responsabilidad excesiva: miedo a ser culpable de que ocurra una tragedia por un descuido.
  • Perfeccionismo: necesidad de que las cosas estén “exactas”, miedo a equivocarse o a no hacer algo “correctamente”.
  • Sexuales: pensamientos sexuales intrusivos no deseados o temores de actuar de forma inapropiada.
  • Religiosas o morales: miedo a ofender a Dios, pecar o actuar de manera inmoral.
  • Identidad: dudas obsesivas sobre la orientación sexual o la identidad de género.
  • Relaciones, memoria o existencia: dudas constantes sobre la relación de pareja, eventos del pasado o preguntas existenciales que generan angustia intensa.

Compulsiones: más que lavarse las manos

Las compulsiones también adoptan muchas formas (International OCD Foundation, 2025):

  • Lavado y limpieza excesiva
  • Comprobación repetida (puertas, estufas, errores, daños)
  • Repeticiones de acciones o movimientos hasta que “se sienta bien”
  • Compulsiones mentales, como rezar, contar, revisar mentalmente recuerdos o “cancelar” pensamientos
  • Ordenar o acomodar objetos hasta alcanzar una sensación de exactitud
  • Buscar tranquilidad constante mediante preguntas o confesiones
  • Evitar situaciones que puedan activar las obsesiones

Estas conductas no se realizan por gusto, sino para disminuir una ansiedad intensa o prevenir una catástrofe temida.

¿Cuándo buscar ayuda?

El TOC puede comenzar en la infancia, la adolescencia o la adultez temprana, y sus síntomas pueden variar en intensidad a lo largo de la vida. Suelen empeorar en momentos de estrés o cambios importantes (Mayo Clinic, s. f.).

Es importante consultar con un profesional de la salud mental cuando los pensamientos y rituales:

  • Ocupan mucho tiempo
  • Generan gran malestar
  • Interfieren con la vida diaria

El TOC no es una cuestión de falta de voluntad. Es un trastorno que requiere atención especializada.

Tratamientos efectivos para el TOC

Afortunadamente, existen tratamientos con sólida evidencia científica. La Terapia de Exposición y Prevención de Respuesta (ERP) es el tratamiento psicológico de primera línea para el TOC. Consiste en exponerse de manera gradual a las situaciones o pensamientos que generan ansiedad, mientras se evita realizar la compulsión. Con el tiempo, el cerebro aprende que la ansiedad disminuye sin necesidad de rituales (International OCD Foundation, 2025; Surles, 2025).

En algunos casos, se pueden utilizar medicamentos antidepresivos del tipo ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), especialmente cuando los síntomas son moderados o graves, o en combinación con la terapia (International OCD Foundation, 2025; Surles, 2025).

Para casos más severos o resistentes, existen otras opciones especializadas que deben ser valoradas por profesionales de salud mental (Surles, 2025).

Conclusión

Teniendo en cuenta lo anterior, se entiende por qué una de las mayores dificultades para las personas con TOC es la falta de comprensión social, dado que existe una propensión a minimizar la gravedad del trastorno, lo cual tiende a retrasar el reconocimiento y el acceso a tratamiento adecuado (International OCD Foundation, 2025).

Hablar del TOC con información clara y basada en evidencia es un paso clave para reducir el estigma y ayudar a que más personas busquen la ayuda que necesitan.

 

Referencias

  • Mayo Clinic (n.d). Trastorno obsesivo compulsivo (TOC) – Síntomas y causas https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/obsessive-compulsive-disorder/symptoms-causes/syc-20354432
  • International OCD Foundation. (2025). About International OCD Foundation | All there is to know about OCD. https://iocdf.org/about-ocd/
  • Surles, T. (2025). Common types of OCD. NOCD. https://www.treatmyocd.com/education/different-types-of-ocd

Habilidades para la vida

Para desarrollarnos de forma saludable en el mundo necesitamos un conjunto de competencias que muchas veces usamos sin darnos cuenta. Sin embargo, cuando no somos conscientes de cuáles son, se vuelve difícil fortalecerlas de manera intencional.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió en 1999 las habilidades para la vida, también llamadas competencias psicosociales, como la habilidad de una persona para enfrentarse exitosamente a las exigencias y desafíos de la vida diaria (UNICEF, 2017). Estas habilidades no aparecen de forma automática: se construyen a lo largo de la vida mediante la experiencia, el aprendizaje intencional, la observación de otros y la práctica constante.

Tipos de habilidades para la vida

Las habilidades para la vida suelen agruparse en tres grandes categorías interrelacionadas (UNICEF, 2017):

 Habilidades cognitivas

Permiten analizar situaciones, reconocer alternativas, evaluar ventajas y desventajas, y tomar decisiones responsables. Implican pensamiento crítico, resolución de problemas y la capacidad de asumir las consecuencias de nuestras elecciones.

 Habilidades emocionales

Se relacionan con el reconocimiento y la regulación de las emociones. Ningún sentimiento es negativo en sí mismo; lo importante es cómo lo expresamos. Estas habilidades ayudan a identificar fuentes de tensión, manejar el estrés y responder de manera saludable a los desafíos emocionales.

 Habilidades sociales

Son las destrezas que facilitan la comunicación efectiva, la empatía, la cooperación y la resolución de conflictos. Permiten expresar pensamientos y sentimientos de manera clara y respetuosa, favoreciendo relaciones estables y duraderas.

El fortalecimiento de estas habilidades contribuye a recuperar el control sobre el propio comportamiento y a tomar decisiones informadas, promoviendo valores positivos y relaciones basadas en el respeto y el buen trato (UNICEF, 2017).

¿Por qué son tan importantes hoy?

El enfoque de habilidades para la vida cobró relevancia al observarse un aumento de conductas de riesgo en la infancia y la adolescencia, como el consumo de sustancias, la violencia, el acoso escolar y diversos problemas de salud mental (Jordana, 2025). Frente a este panorama, organismos internacionales promovieron la enseñanza temprana de estas competencias no solo como estrategia de prevención, sino como una vía para fomentar el bienestar integral.

Según este enfoque, adquirir y practicar habilidades para la vida desde la infancia fortalece la comprensión de uno mismo, el respeto por los demás y la capacidad de cooperación, elementos esenciales para la convivencia y la salud mental (Jordana, 2025).

Habilidades para la vida y salud mental adolescente

La adolescencia es una etapa clave para consolidar estas competencias. Durante este periodo se intensifican los desafíos emocionales, sociales y académicos, y las habilidades para la vida actúan como factores protectores frente al malestar psicológico (Jordana, 2025).

En la actualidad, muchos adolescentes enfrentan altos niveles de estrés, sobreexposición digital, presión por el rendimiento y una constante incertidumbre sobre el futuro. En este contexto, contar con recursos para manejar emociones, tomar decisiones responsables y construir relaciones sanas es fundamental para su bienestar mental y emocional.

El desarrollo de habilidades para la vida, por tanto, no solo ayuda a prevenir conductas de riesgo, sino que impulsa el crecimiento personal, la autonomía y la construcción de proyectos de vida con sentido (UNICEF, 2017; Jordana, 2025).

Educar para la vida

Diversas organizaciones han incorporado este enfoque en contextos educativos y comunitarios, reconociendo que la infancia y la adolescencia son momentos privilegiados para aprender y practicar estas competencias (Jordana, 2025). Las habilidades para la vida están directamente relacionadas con las acciones que realizamos por nosotros mismos, por los demás y por el entorno, promoviendo contextos más saludables y relaciones basadas en el respeto.

Fomentarlas implica apostar por una formación integral que vaya más allá del rendimiento académico, y que prepare a las personas para afrontar los retos cotidianos con equilibrio, empatía y responsabilidad.

Referencias

  • UNICEF. (2017=. Habilidades para la vida. Herramientas para el #BuenTrato y la prevención de la violencia. https://www.unicef.org/venezuela/informes/habilidades-para-la-vida-herramientas-para-el-buentrato-y-la-prevenci%C3%B3n-de-la-violencia
  • Jordana, Á. (2025). ¿Qué son las habilidades para la vida y por qué importan en la salud mental adolescente? WHI Institute. https://whi-institute.com/habilidades-para-la-vida-salud-mental-adolescente/

 

¿Qué es la vulnerabilidad?

En la actualidad, la vulnerabilidad suele interpretarse como debilidad. Mostrar emociones, admitir inseguridades o reconocer necesidades puede parecer inapropiado en una cultura que valora la autosuficiencia, el control y las versiones “editadas” de la vida, tanto en relaciones presenciales como en redes sociales. Sin embargo, desde la psicología, la vulnerabilidad es una dimensión fundamental del bienestar emocional y de la construcción de vínculos significativos.

Vulnerabilidad psicológica: riesgos y percepciones

El concepto de vulnerabilidad también ha sido estudiado desde una perspectiva más clínica y conductual. Jonason y De Gregorio (2020) explican que la vulnerabilidad psicológica puede estar compuesta por disposiciones que hacen que una persona parezca más fácil de engañar, manipular o explotar. 

Ciertas características, como la alta confianza interpersonal o dificultades para detectar intenciones dañinas, pueden convertir a algunas personas en blancos de fraudes, engaños en línea o dinámicas relacionales perjudiciales.

Este enfoque muestra que la vulnerabilidad no es un concepto exclusivamente positivo o negativo: depende del contexto, mientras en entornos inseguros puede aumentar el riesgo de victimización, en espacios de confianza puede facilitar la conexión emocional y el apoyo mutuo.

Vulnerabilidad emocional: la base de las relaciones profundas

Desde una mirada relacional, la vulnerabilidad implica ser abierto y honesto respecto a lo que sentimos. Compartir miedos, dudas, errores o deseos personales permite que otras personas nos conozcan de forma más auténtica. De acuerdo con Hippe (2024), mostrarnos vulnerables fortalece las relaciones con familiares, amistades, parejas y colegas, ya que fomenta la cercanía emocional y la confianza mutua.

Cuando una persona se permite ser vista tal como es, envía un mensaje implícito de confianza: “me siento lo suficientemente segura contigo como para mostrarte esta parte de mí”. Este acto, a su vez, suele invitar a la otra persona a abrirse también, creando un intercambio emocional que fortalece el vínculo.

¿Por qué resulta tan difícil ser vulnerables?

A pesar de sus beneficios, muchas personas experimentan la vulnerabilidad como algo amenazante. Ser vulnerable implica exponerse a la posibilidad de rechazo, juicio o incomprensión. El miedo a “ser demasiado” o “no ser suficiente” puede llevar a ocultar emociones y necesidades.

Happiful Magazine (s. f.), retomando investigaciones en psicología social, describe cómo las personas tienden a pensar que mostrar su propia vulnerabilidad las hará ver débiles o inadecuadas. Sin embargo, cuando observan la vulnerabilidad en otros, suelen percibirla como algo humano, valiente e incluso atractivo. Esta diferencia entre cómo nos juzgamos a nosotros mismos y cómo juzgamos a los demás puede dificultar la apertura emocional.

Además, no todas las personas cuentan con las mismas herramientas emocionales para responder de forma empática ante la vulnerabilidad ajena. Cuando alguien comparte algo íntimo y recibe una reacción fría, burlona o despectiva, puede reforzarse la idea de que abrirse fue un error. Por ello, la vulnerabilidad requiere contextos relativamente seguros y relaciones donde exista respeto.

Beneficios psicológicos de la vulnerabilidad

A pesar de los temores que genera, la vulnerabilidad está asociada a múltiples beneficios para la salud mental y relacional.

Construcción de confianza

Mostrar emociones y pensamientos personales favorece la construcción de confianza. Según Hippe (2024), cuando una persona comparte aspectos sensibles de su experiencia, comunica que confía en el otro, lo que a menudo promueve reciprocidad y fortalece la relación.

Autenticidad y coherencia interna

Ocultar constantemente lo que se siente puede generar tensión emocional. En cambio, permitirse ser vulnerable facilita actuar de forma más auténtica, reduciendo la distancia entre lo que se vive internamente y lo que se muestra externamente (Hippe, 2024).

Regulación emocional y alivio psicológico

Expresar emociones difíciles en un entorno seguro puede disminuir la carga emocional asociada a guardarlas en silencio. Compartir preocupaciones o tristezas con personas de confianza ayuda a procesarlas, favoreciendo el bienestar psicológico (Hippe, 2024).

Conexión y sentido de pertenencia

La vulnerabilidad cumple una función social clave. Happiful Magazine (s. f.) señala que mostrarnos tal como somos facilita conexiones más genuinas. Cuando alguien responde con empatía a nuestra apertura emocional, se fortalece el sentido de pertenencia y la percepción de apoyo.

Vulnerabilidad con límites: no todo es para todos

Ser vulnerable no significa compartir todo con cualquiera. Una apertura indiscriminada puede resultar abrumadora o incluso riesgosa. Es importante evaluar con quién, cuándo y cuánto compartir.

Hippe (2024) recomienda comenzar con pequeños niveles de apertura con personas que hayan demostrado ser confiables. Observar la respuesta del otro permite ajustar el grado de vulnerabilidad en la relación. De este modo, la vulnerabilidad se convierte en un proceso gradual, basado en la confianza mutua.

Este equilibrio también implica reconocer que no todas las relaciones ofrecerán la contención necesaria. Parte del desarrollo emocional consiste en aprender a establecer límites y a diferenciar entre contextos seguros y aquellos donde conviene ser más reservado, tal como sugieren las investigaciones sobre vulnerabilidad y riesgo interpersonal (Jonason & De Gregorio, 2020).

Conclusión

La vulnerabilidad no es sinónimo de debilidad, sino una expresión de humanidad. Aunque puede implicar riesgos en determinados contextos, también es una puerta de entrada a relaciones más profundas, auténticas y satisfactorias. Comprender cuándo y con quién ser vulnerables, así como desarrollar entornos relacionales seguros, permite transformar la vulnerabilidad en un recurso para el bienestar psicológico y la conexión humana.

 

Referencias

  • Jonason, P. K., & De Gregorio, M. (2020). Psychological and physical cues to vulnerability: antagonism, empathy, and sex effects. Personality And Individual Differences, 184. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0191886921005687
  • Hippe, H. (2024). The benefits of vulnerability. Sagent Behavioral Health. https://sagentbh.com/mental-health/the-benefits-of-vulnerability/
  • Happiful Magazine. (n.d.). Facing up to vulnerability (with tips from a clinical psychologist). https://happiful.com/facing-up-to-vulnerability-with-tips-from-a-clinical-psychologist

Retos clínicos en el acompañamiento de la psicosis

El acompañamiento clínico de la psicosis representa uno de los mayores desafíos dentro de la salud mental. Reconocer tempranamente un episodio psicótico resulta fundamental, no solo para los profesionales, sino también para el público general, ya que en muchas ocasiones la persona que lo experimenta no es consciente de que necesita ayuda, y esta falta de reconocimiento oportuno puede retrasar el acceso a tratamientos adecuados y aumentar el sufrimiento individual y familiar (Mind, n.d.).

Comprender la psicosis: más allá del diagnóstico

El término psicosis describe un síntoma o una experiencia que puede aparecer en diversos trastornos de salud mental, pero no equivale automáticamente a un diagnóstico clínico, por lo cual un “episodio psicótico” puede suceder sin la necesidad de asignar una categoría diagnóstica específica, lo que permite una comprensión más flexible y centrada en la experiencia de la persona (Mind, n.d.).

Así,  la psicosis se comprende como un conjunto de experiencias en las que la persona percibe la realidad de manera distinta a quienes la rodean. Estas experiencias pueden presentarse de forma puntual, repetida o persistente a lo largo de la vida, y afectan a cada persona de manera particular, por lo que, si bien algunas personas reportan vivencias subjetivamente positivas —como escuchar voces reconfortantes o sentir una mayor conexión con el mundo—, la psicosis suele ser una experiencia profundamente angustiante que puede generar miedo, confusión, desconfianza y una alteración significativa de la identidad y el comportamiento (Mind, n.d.). 

Por lo que cuando la psicosis tiene un impacto significativo en la vida de las personas y se ve acompañada de otros síntomas, puede formar parte de trastornos como la esquizofrenia, el trastorno esquizoafectivo, el trastorno bipolar, la depresión con síntomas psicóticos o la psicosis posparto (Mind, n.d.).

Principales manifestaciones clínicas de la psicosis

Alucinaciones

Las alucinaciones implican percepciones sensoriales que se experimentan como reales, aunque no exista un estímulo externo. Pueden afectar cualquier modalidad sensorial, siendo las más frecuentes las auditivas y visuales. 

Escuchar voces o ver figuras inexistentes puede resultar profundamente perturbador, aunque en algunos casos estas experiencias son vividas como reconfortantes (Mind, n.d.). Es importante destacar que escuchar voces no siempre implica la presencia de un trastorno mental, ya que se trata de una experiencia relativamente común en la población general.

Delirios

Los delirios son creencias firmemente sostenidas que no se ajustan a la realidad compartida y persisten a pesar de la evidencia en contra. Entre los más frecuentes se encuentran los delirios persecutorios, de grandeza, somáticos o de control, los cuales suelen generar intensos sentimientos de amenaza e inseguridad (Mind, n.d.).

Pensamiento y lenguaje desorganizados

La desorganización del pensamiento puede manifestarse como ideas aceleradas, asociaciones laxas, cambios abruptos de tema o dificultades para mantener un discurso coherente. Estas alteraciones dificultan la comunicación y pueden incrementar la sensación de desconexión social y aislamiento (Mind, n.d.).

Psicosis, riesgo y crisis

Durante un episodio psicótico, algunas personas pueden experimentar alucinaciones o delirios relacionados con hacerse daño a sí mismas o a otros. Estas vivencias incrementan el riesgo de crisis y requieren una intervención urgente y especializada (Mind, n.d.).

Factores asociados a la aparición de la psicosis

Las experiencias psicóticas pueden tener múltiples causas y factores asociados, que varían entre personas. Entre ellos se encuentran condiciones médicas, enfermedades neurológicas, experiencias traumáticas, abuso, discriminación racial, consumo de sustancias, efectos secundarios de medicamentos, duelos recientes, experiencias espirituales intensas, antecedentes familiares, cambios hormonales como el posparto, estrés crónico y privación severa de sueño o alimento (Mind, n.d.).

Retos clínicos en el tratamiento de la psicosis

Debido a la falta de comprensión de la psicosis y su representación negativa en la televisión, existen algunas barreras ligadas al tratamiento de la psicosis, siendo una de las más significativas el estigma asociado a este proceso, en donde las creencias erróneas y los prejuicios pueden generar rechazo, incomprensión y autoestigmatización, afectando la autoestima y la disposición a buscar ayuda (Mind, n.d.). 

Otros de los retos clínicos relacionados al tratamiento de la psicosis son:

Intervención temprana y adherencia al tratamiento

La respuesta inicial ante un primer episodio psicótico es determinante para el pronóstico a largo plazo. La intervención temprana permite reducir la duración de la psicosis no tratada y favorecer una mejor adherencia a los servicios de salud mental (Murphy & Brewer, 2011). Sin embargo, el acceso tardío y las intervenciones coercitivas pueden resultar traumáticas y dificultar el vínculo terapéutico.

Limitaciones de los tratamientos actuales

Las guías clínicas recomiendan una combinación de medicación antipsicótica, apoyo psicosocial y psicoterapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual para psicosis. No obstante, una proporción significativa de personas no responde adecuadamente a estos abordajes, lo que evidencia la necesidad de desarrollar tratamientos más eficaces y centrados en la experiencia subjetiva del paciente (Nelson et al., 2020).

Importancia del enfoque psicosocial

Más allá del control de síntomas, el acompañamiento clínico debe considerar dimensiones como la desconexión social, el aislamiento y la pérdida de proyectos vitales. Intervenciones que fortalezcan el vínculo social y la participación comunitaria resultan clave para una recuperación significativa (Nelson et al., 2020).

Acompañar a una persona con psicosis

Teniendo en cuenta lo anterior, es necesario reconocer que en el tratamiento de la psicosis el apoyo de familiares y cuidadores desempeña un papel fundamental. Mantener la calma, validar la experiencia emocional sin confrontar directamente las creencias, usar un lenguaje claro y favorecer entornos seguros son estrategias esenciales que permiten el acceso temprano al tratamiento (Mind, n.d.).

Conclusión

El acompañamiento de la psicosis implica retos clínicos complejos que requieren una mirada integral, empática y basada en evidencia. Reconocer la diversidad de experiencias psicóticas, intervenir de forma temprana, reducir el estigma y fortalecer el apoyo psicosocial son elementos fundamentales para promover procesos de recuperación más humanos y efectivos.

 

Referencias

  • Mind. (n.d) Mental health problems | Psychosis | Mind. https://www.mind.org.uk/information-support/types-of-mental-health-problems/psychosis/
  • Murphy, B. P., & Brewer, W. J. (2011). Early intervention in psychosis: clinical aspects of treatment. Advances in Psychiatric Treatment, 17(6), 408–416. https://doi.org/10.1192/apt.bp.111.008979
  • Nelson, B., Torregrossa, L., Thompson, A., Sass, L., Park, S., Hartmann, J., McGorry, P., & Alvarez-Jimenez, M. (2020). Improving treatments for psychotic disorders: beyond cognitive behaviour therapy for psychosis. Psychosis, 13(1), 78–84. https://doi.org/10.1080/17522439.2020.1742200

Transferencia y contratransferencia: claves para comprender la psicosis

La transferencia y la contratransferencia son conceptos fundamentales en la formación y práctica clínica de la psicología y la psiquiatría. Ambos fenómenos emergen de manera natural dentro de la relación terapéutica, especialmente cuando se establece el vínculo paciente-terapeuta, por lo cual comprender estos procesos resulta especialmente relevante.

Dado que reconocer y manejar adecuadamente la transferencia y la contratransferencia no solo es una responsabilidad ética del profesional, sino también una condición esencial para prevenir complicaciones clínicas y fortalecer la alianza terapéutica (Fernández, 2023).

Origen y evolución de los conceptos

De acuerdo con Fernández (2023), los conceptos de transferencia y contratransferencia tienen su origen en el psicoanálisis clásico. Sigmund Freud introdujo la transferencia a comienzos del siglo XX, describiéndola como el proceso mediante el cual los sentimientos, deseos y patrones relacionales que pertenecen a figuras significativas del pasado del paciente se desplazan hacia el terapeuta.

Posteriormente, Freud amplió este marco al introducir la contratransferencia en su texto Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica (1910), refiriéndose a las reacciones emocionales del terapeuta frente al paciente, las cuales pueden estar influenciadas tanto por la transferencia del paciente como por la historia personal del profesional.

Con el paso del tiempo, ambos conceptos se han enriquecido y ampliado, y hoy se entienden como fenómenos relacionales inevitables y potencialmente terapéuticos cuando son adecuadamente reconocidos y gestionados.

¿Qué es la transferencia?

La transferencia es un fenómeno psicológico mediante el cual el paciente proyecta en la relación terapéutica emociones, expectativas y formas de vinculación que se originan en experiencias pasadas, generalmente de forma inconsciente. Así, el terapeuta puede ser percibido como una figura parental, de autoridad o de apego, lo que condiciona las respuestas emocionales del paciente (Hughes & Kerr, 2000).

Esta proyección puede manifestarse de diversas formas, como idealización, dependencia, desconfianza, hostilidad o agresividad, dependiendo de la historia emocional y relacional del paciente (Fernández, 2023).

Debido a lo anterior, la transferencia no puede entenderse como algo positivo o negativo, sino como un proceso natural cuyo análisis  permite identificar conflictos inconscientes, necesidades afectivas no resueltas y patrones relacionales repetitivos, que al ser abordados con cuidado y profesionalismo pueden ayudar al paciente a comprender cómo sus experiencias pasadas influyen en su manera de relacionarse, favoreciendo el autoconocimiento y el cambio terapéutico  (Hughes & Kerr, 2000).

¿Qué es la contratransferencia?

Por otro lado, la contratransferencia hace referencia a las reacciones emocionales, cognitivas y actitudinales que surgen en el terapeuta como respuesta a la transferencia del paciente. Estas reacciones pueden ser conscientes o inconscientes e incluyen sentimientos como empatía, frustración, enojo, tristeza o sobreprotección (MyWellbeing, 2025).

Este proceso debe ser gestionado de manera ética, por lo cual los profesionales de la salud mental reciben formación para identificar y gestionarla por medio de herramientas como la supervisión clínica, el trabajo personal y la reflexión constante, que permiten que estas reacciones no interfieran negativamente en el tratamiento  (Hughes & Kerr, 2000; MyWellbeing, 2025).

Transferencia, contratransferencia y psicosis

De este modo, se comprende que estos procesos suelen darse en la relación terapéutica. Sin embargo, en casos de psicosis estos fenómenos pueden intensificarse, dado que, según Hughes y Kerr (2000), las personas con estados psicóticos o altamente desorganizados pueden proyectar de manera intensa sus miedos, deseos y conflictos en el terapeuta o en el equipo de salud. Generando fuertes reacciones contratransferenciales, como confusión, desesperanza o irritabilidad, lo que incrementa el riesgo de desgaste profesional.

 Por ello, el trabajo en equipo, la supervisión y el mantenimiento de límites claros resultan fundamentales en estos contextos, Hughes y Kerr (2000), proponen como estrategias para manejar estos fenómenos:

  • Reconocer la relevancia de la relación terapéutica para el paciente.
  • Mantener una actitud profesional, consistente y confiable.
  • Establecer límites claros que protejan el encuadre terapéutico.
  • Utilizar la supervisión clínica como espacio de reflexión y contención.
  • Fomentar la autoconciencia del terapeuta respecto a sus propias reacciones emocionales.

Conclusión

La transferencia y la contratransferencia son componentes inevitables de toda relación terapéutica, por lo que el reconocer estos fenómenos contribuye a una práctica clínica más ética, empática y eficaz, beneficiando tanto al paciente como al terapeuta y fortaleciendo el proceso terapéutico en su conjunto.

Referencias

  • Fernández, M. (2023). ¿Qué es Transferencia y Contratransferencia en Psicoterapia? Psicólogos En El Prat ◎ Psicología Infantil, Adolescentes Y Pareja. Awen. https://awenpsicologia.com/transferencia-contratransferencia-freud/
  • MyWellbeing. (2025) Guide: Transference And Countertransference. MyWellbeing. https://mywellbeing.com/for-therapists/transference-and-countertransference
  • Hughes, P, & Kerr, I. (2000). Transference and countertransference in communication between doctor and patient. Advances in Psychiatric Treatment; 6(1):57-64. doi:10.1192/apt.6.1.57

TEPT: mitos y verdades

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) ha sido representado de forma recurrente en películas y series de televisión. Sin embargo, estas representaciones suelen ser incompletas o inexactas, lo que contribuye a la difusión de mitos y creencias erróneas sobre su origen, manifestación y tratamiento. Debido a lo anterior, el comprender el TEPT desde una perspectiva informada resulta fundamental para reducir el estigma y facilitar el acceso a la ayuda adecuada.

¿Qué es el trastorno de estrés postraumático?

De acuerdo con la Mayo Clinic (n.d.), el trastorno de estrés postraumático es una condición de salud mental que puede desarrollarse tras vivir o presenciar un evento traumático o aterrador. 

Pero mientras que la mayoría de las personas que atraviesan eventos traumáticos pueden experimentar malestar y prolongan durante meses o años, afectando el funcionamiento cotidiano (Mayo Clinic, n.d.).

Mitos y realidades sobre el TEPT

Teniendo en cuenta lo anterior, es necesario reconocer las realidades y los mitos ligados al TEPT, con el fin de poder aprender como reconocerlo y lidiar con este (Alonso, 2022; PTSD Alliance, 2015).

Mito 1: El TEPT solo afecta a personas débiles

El desarrollo del TEPT no está relacionado con la fortaleza o debilidad emocional. Existen múltiples factores que influyen en si una persona desarrollará o no este trastorno tras una experiencia traumática. Entre los factores de riesgo se encuentran los antecedentes de enfermedad mental y la ausencia de apoyo social o emocional posterior al trauma (PSD Alliance, 2015)

Por el contrario, factores de resiliencia como buscar apoyo en familiares o amigos, aprender estrategias de afrontamiento saludables, participar en grupos de apoyo y validar la propia reacción ante el trauma pueden actuar como elementos protectores (Alonso, 2022)..

Mito 2: El TEPT provoca conductas violentas

La mayoría de las personas con TEPT no son violentas ni peligrosas. La investigación indica que, al considerar otros factores de riesgo asociados —como el consumo de alcohol o drogas y la presencia de otros trastornos psiquiátricos—, la relación directa entre TEPT y conductas violentas disminuye significativamente. El trastorno, por sí solo, no explica la aparición de violencia (Alonso, 2022).

Mito 3: El TEPT está solo en la mente

Los eventos traumáticos pueden generar cambios medibles en el funcionamiento cerebral y corporal. En personas con TEPT se han identificado alteraciones en estructuras cerebrales como la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal medial (Alonso, 2022).

 La amígdala, relacionada con el procesamiento emocional, tiende a reaccionar de forma exagerada ante estímulos asociados al trauma, mientras que las dificultades del hipocampo para regular las respuestas al estrés pueden explicar la aparición de flashbacks y reviviscencias, lo que demuestra que el TEPT no es solo una experiencia psicológica, sino también neurobiológica (PTSD Alliance, 2015).

Mito 4: El TEPT no es tratable

Contrario a esta creencia, el TEPT es altamente tratable, aunque no siempre completamente curable. Los abordajes terapéuticos incluyen tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos, siendo la terapia conductual y la terapia de exposición las que han demostrado ser efectivas en la reducción de los síntomas (PTSD Alliance, 2015).

Por otro lado, medicamentos como la sertralina y la paroxetina pueden ayudar a regular síntomas emocionales como la ansiedad, la tristeza y la irritabilidad (Alonso, 2022).

Mito 5: Los síntomas desaparecen cuando se “supera” el trauma

Los síntomas del TEPT pueden fluctuar en intensidad y reaparecer incluso años después del evento traumático. Situaciones estresantes o estímulos que recuerden al trauma pueden reactivar síntomas que parecían haber desaparecido (Alonso, 2022).

La reexperimentación del trauma, a través de emociones intensas o sensaciones físicas, es un fenómeno común en personas con TEPT y no se produce de manera voluntaria ni controlada.

Mito 6: Los síntomas aparecen inmediatamente después del trauma

Si bien en muchos casos los síntomas surgen en los primeros meses posteriores al evento traumático, en otros pueden manifestarse años después. Las personas con TEPT pueden experimentar pesadillas, flashbacks, hipervigilancia, irritabilidad, conductas evitativas y pérdida de interés por actividades que antes resultaban significativas (Alonso, 2022).

El diagnóstico de TEPT se establece cuando una combinación de estos síntomas persiste durante más de un mes y afecta de forma significativa la vida cotidiana (PTSD Alliance, 2015).

Mito 7: Todas las personas que viven un trauma desarrollan TEPT

Aunque la mayoría de las personas experimentará algún evento traumático a lo largo de su vida, solo una minoría desarrollará TEPT. Se estima que aproximadamente el 10% de las mujeres y el 4% de los hombres presentarán este trastorno en algún momento (PTSD Alliance, 2015).

Muchas personas pueden presentar síntomas aislados relacionados con el trauma sin cumplir los criterios diagnósticos establecidos por la Asociación Americana de Psiquiatría, que exige la presencia de síntomas específicos durante un periodo prolongado (Alonso, 2022).

Mito 8: El TEPT solo afecta a veteranos de guerra

Si bien el diagnóstico del TEPT se consolidó a partir del estudio de soldados que regresaban de la guerra, cualquier persona puede desarrollarlo tras vivir experiencias traumáticas como abuso infantil, violencia sexual, accidentes graves o desastres naturales.

Aunque la percepción social del TEPT ha estado históricamente asociada al contexto militar, la evidencia muestra que la condición puede afectar a personas de cualquier edad, género o contexto. Las mujeres presentan una probabilidad mayor de desarrollar TEPT en comparación con los hombres (PTSD Alliance, 2015).

Mito 9: Si no hay una herida física, no se necesita atención médica

El trauma no siempre deja marcas visibles. No es necesario haber sufrido una lesión física para desarrollar TEPT. Aun sin heridas corporales, el trastorno representa una forma de lesión psicológica que suele requerir atención profesional.

Si bien algunos síntomas pueden disminuir sin intervención especializada, muchas personas con TEPT ven afectada de manera significativa su calidad de vida y necesitan acompañamiento terapéutico para recuperar el control y el bienestar (PTSD Alliance, 2015).

Comprender para acompañar

Reconocer las realidades del trastorno de estrés postraumático permite derribar mitos, reducir el estigma y fomentar una mirada más empática hacia quienes lo padecen. El TEPT es una condición compleja, tratable y profundamente vinculada a la experiencia humana del trauma, que requiere comprensión, apoyo y acceso oportuno a la atención en salud mental.

 

 

Referencias

  • Trastorno por estrés postraumático – Síntomas y causas – Mayo Clinic. (n.d.). https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/post-traumatic-stress-disorder/symptoms-causes/syc-20355967
  • Alonso, A. (2022). 9 mitos sobre el estrés postraumático. Psyciencia. https://www.psyciencia.com/trastorno-por-estres-postraumatico-9-mitos/
  • PTSD Alliance. (2015). PTSD myths or Myths of Posttraumatic Stress Disorder. http://www.ptsdalliance.org/common-myths/

Trastorno de Estrés Postraumático: causas y realidades

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) puede afectar a personas de cualquier edad y contexto, dado que puede presentarse en veteranos de guerra, personas que han sufrido agresiones físicas o sexuales, maltrato, accidentes, desastres naturales, ataques terroristas u otros eventos graves, así como quienes han sido testigos de estos hechos, causando que las personas con este trastorno se sientan estresadas o asustadas incluso cuando el peligro ya ha desaparecido (National Institute of Mental Health, n.d)

¿Qué es el trastorno de estrés postraumático?

El TEPT no siempre se origina tras haber vivido directamente una situación que amenazó la vida; en algunos casos, la exposición indirecta al trauma, como conocer que un familiar o amigo cercano atravesó una experiencia traumática, puede ser suficiente para desencadenar el trastorno (National Institute of Mental Health, n.d.). Según el Centro Nacional para el Trastorno por Estrés Postraumático, aproximadamente 6 de cada 100 personas desarrollarán TEPT en algún momento de su vida, siendo más frecuente en mujeres que en hombres (National Institute of Mental Health, n.d.).

La vulnerabilidad para desarrollar TEPT está influida por múltiples factores relacionados tanto con el evento traumático como con características individuales. Entre los factores asociados al evento se encuentran la intensidad, duración y repetición del trauma, así como la percepción de amenaza extrema o falta de control durante el mismo. Mientras que a nivel individual, aspectos biológicos como la predisposición genética y el funcionamiento neurobiológico pueden aumentar la susceptibilidad al trastorno (National Institute of Mental Health, n.d.).

Por otro lado, investigaciones en población infantil y adolescente muestran que variables como el funcionamiento previo, las características familiares y las estrategias de afrontamiento influyen significativamente en el desarrollo de síntomas de TEPT tras eventos traumáticos colectivos (Lee et al., 2017). 

Así mismo, estudios recientes señalan que experiencias adversas sostenidas, como el acoso escolar y el ciberacoso, pueden actuar como factores traumáticos, incrementando el riesgo de desarrollar sintomatología postraumática, especialmente cuando existen bajos niveles de apoyo social y recursos de resiliencia (Hinduja & Patchin, 2025).

Síntomas del trastorno por estrés postraumático

En el caso del TEPT este se identifica debido a la presencia de síntomas, los cuale comienzan dentro de los tres meses posteriores al evento traumático, aunque en algunos casos pueden aparecer más tarde. Para que se establezca el diagnóstico de TEPT, los síntomas deben persistir por más de un mes y generar un deterioro significativo en la vida cotidiana, como en el ámbito laboral, social o familiar; y estos no deben atribuirse al consumo de sustancias, medicamentos u otras enfermedades (National Institute of Mental Health, n.d.).

La evolución del trastorno es variable: algunas personas se recuperan en pocos meses, mientras que otras pueden presentar síntomas durante un año o más. Es común que el TEPT coexista con otros problemas de salud mental, como depresión, trastornos de ansiedad o trastornos por uso de sustancias (National Institute of Mental Health, n.d.).

Criterios diagnósticos en adultos

De acuerdo con el National Institute of Mental Health (n.d.), para que una persona adulta sea diagnosticada con TEPT, debe presentar durante al menos un mes:

  • Al menos un síntoma de recuerdos intrusivos o reviviscencias.
  • Al menos un síntoma de evasión.
  • Al menos dos síntomas de hipervigilancia y reactividad.
  • Al menos dos síntomas cognitivos y del estado de ánimo.

Recuerdos intrusivos

Las personas pueden experimentar flashbacks, recuerdos recurrentes o sueños angustiantes relacionados con el evento traumático, estos episodios pueden ir acompañados de reacciones físicas como sudoración, palpitaciones o sensación intensa de angustia. Determinados pensamientos, emociones, palabras, objetos o situaciones pueden actuar como desencadenantes (National Institute of Mental Health, n.d.).

Síntomas de evasión

La evasión se manifiesta en el esfuerzo por evitar pensamientos, sentimientos, lugares u objetos que recuerden la experiencia traumática. Estos comportamientos pueden alterar significativamente la rutina diaria, como evitar conducir después de un accidente automovilístico grave (National Institute of Mental Health, n.d.).

Hipervigilancia y reactividad

Incluye síntomas como sobresaltarse con facilidad, mantenerse constantemente en alerta, dificultad para concentrarse, problemas de sueño, irritabilidad, estallidos de ira y conductas imprudentes o autodestructivas. Estos síntomas interfieren de manera importante en la vida cotidiana (National Institute of Mental Health, n.d.).

Síntomas cognitivos y del estado de ánimo

Las personas con TEPT pueden presentar dificultades para recordar aspectos importantes del trauma, pensamientos negativos persistentes sobre sí mismas o el mundo, sentimientos intensos de culpa o vergüenza, pérdida de interés en actividades significativas, aislamiento social y dificultad para experimentar emociones positivas (National Institute of Mental Health, n.d.).

TEPT en niños y adolescentes

Por otro lado, los síntomas pueden variar al presentarse en niños y adolescentes, de acuerdo con el National Institute of Mental Health (n.d.) en niños menores de seis años, los síntomas del TEPT pueden incluir regresiones en el desarrollo, dificultades en el lenguaje, recreación del trauma a través del juego o apego excesivo a figuras adultas. Mientras que en niños mayores y adolescentes, los síntomas se asemejan más a los de los adultos, pero pueden incluir conductas disruptivas, agresivas o sentimientos intensos de culpa y deseos de venganza.

Trauma, uso problemático de internet y ciberacoso

Otro factor relacionado al TEPT es el uso problemático de internet en niños y adolescentes expuestos a eventos traumáticos. Estudios como el de Lee, et al (2017) han demostrado que este tipo de uso comparte mecanismos neurobiológicos y psicológicos con las adicciones y se relaciona con estrategias de afrontamiento evitativas, rumiación y dificultades en la regulación emocional tras un evento traumático.

Asimismo, otras investigaciones como la de Hinduja y Patchin (2025) proponen añadir a las causas del TEPT el acoso escolar y el ciberacoso, al considerarlos experiencias potencialmente traumáticas, comparables a otras experiencias adversas en la infancia. Lo cual se confirma en el estudio dado que se identificó una proporción significativa de víctimas de bullying y cyberbullying que presentaron síntomas clínicamente relevantes de TEPT, incluso años después de haber finalizado la escolaridad.

El TEPT y su tratamiento

Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende que en el TEPT el apoyo profesional, junto con el acompañamiento de familiares y amigos, desempeña un papel clave en la recuperación, por lo cual se debe mejorar el entendimiento del TEPT para como sociedad verlo desde una perspectiva amplia y basada en la evidencia, que permita reducir el estigma y promover una atención oportuna y empática para quienes han atravesado experiencias traumáticas.

Referencias

  • National Institute of Mental Health (NIMH). (n.d.). Trastorno por estrés postraumático. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/trastorno-por-estres-postraumatico
  • Lee, J., Kim, S., Kang, H., Kim, S., Bae, K., Kim, J., Shin, I., & Yoon, J. (2017). Relationship between Problematic Internet Use and Post-Traumatic Stress Disorder Symptoms among Students Following the Sewol Ferry Disaster in South Korea. Psychiatry Investigation, 14(6), 871. https://doi.org/10.4306/pi.2017.14.6.871
  • Hinduja, S., & Patchin, J. W. (2025). Cyberbullying through the lens of trauma: an empirical examination of US youth. BMC Public Health, 25(1), 1709. https://doi.org/10.1186/s12889-025-22692-6