Categoría: Psicología Para Todos

Cuidadores y salud mental en la parálisis cerebral

Cuidar a una persona con parálisis cerebral (PC) es una experiencia profundamente significativa, pero también puede implicar una carga emocional, física y social considerable. Cuando existen necesidades de apoyo intensas, los cuidadores suelen asumir responsabilidades constantes que impactan su bienestar psicológico. A esto se suman los mitos sociales sobre la discapacidad, que pueden generar sentimientos de culpa, inadecuación o aislamiento (Cerebral Palsy Guide, 2025; Raina et al., 2005).

El impacto emocional del diagnóstico

De acuerdo con Cerebral Palsy Guide (2025) y Dlamini (2023), el momento del diagnóstico suele estar acompañado de confusión, miedo e incertidumbre sobre el futuro. Muchas familias reportan sentirse perdidas al inicio, especialmente cuando reciben poca información clara o apoyo emocional oportuno. 

Con el tiempo, los cuidadores atraviesan un proceso de adaptación que implica reorganizar expectativas, rutinas y proyectos de vida, pero este proceso no es lineal, pueden aparecer tristeza, frustración, culpa o ansiedad, especialmente ante hospitalizaciones, cirugías o dificultades del desarrollo. Aun así, muchos cuidadores también describen crecimiento personal, fortalecimiento familiar y un profundo vínculo afectivo con sus hijos (Dlamini et al., 2023).

Sobrecarga del cuidado y salud mental

El cuidado cotidiano de un niño o niña con PC puede ser físicamente exigente y emocionalmente desgastante. Las demandas de movilización, alimentación, terapias, seguimiento médico y apoyo escolar, se asocian con mayores niveles de estrés, síntomas depresivos y ansiedad en cuidadores, especialmente cuando el apoyo social es limitado (Raina et al., 2005).

Raina et al. (2005) encontraron que la salud física y psicológica de los cuidadores está influida por la conducta del niño, la intensidad de las demandas de cuidado y el funcionamiento familiar, dado que cuando las exigencias superan los recursos disponibles, el riesgo de agotamiento aumenta significativamente.

Carga física y desgaste corporal

Además del impacto emocional, muchos cuidadores presentan dolores musculares, fatiga crónica y problemas de sueño debido a las tareas físicas repetitivas, como cargar, movilizar o asistir en actividades básicas. Estas condiciones, sostenidas en el tiempo, pueden deteriorar la salud general del cuidador (Raina et al., 2005; Dlamini et al., 2023).

Causando un cansancio acumulado, el cual también afecta la regulación emocional, aumentando la irritabilidad, la sensación de desbordamiento y la dificultad para disfrutar actividades personales (Dlamini et al., 2023).

Impacto social y aislamiento

Otras de las áreas afectadas por el cuidado intensivo son la vida social, el descanso y las relaciones de pareja o familiares, debido a la falta de tiempo (Raina et al., 2005).

 Mientras que algunos cuidadores se distancian de actividades comunitarias por falta de apoyo, barreras físicas o temor al estigma, puesto que la discriminación hacia la discapacidad también puede extenderse a las familias, generando sentimientos de vergüenza o retraimiento social (Dlamini et al., 2023).

Sin embargo, el apoyo de la familia cercana, amistades y otros padres en situaciones similares puede actuar como un factor protector clave para la salud mental del cuidador (Raina et al., 2005).

Carga económica y estrés financiero

Por otro lado, los gastos asociados a terapias, transporte, medicamentos y dispositivos de apoyo representan una fuente frecuente de estrés. Muchas familias deben reorganizar su vida laboral para cubrir las necesidades de cuidado, lo que puede disminuir los ingresos y aumentar la presión financiera, lo cual se relaciona con mayor angustia emocional y preocupación constante por el futuro (Dlamini et al., 2023).

La importancia del apoyo social y profesional

Teniendo en cuenta lo anterior, se reconoce que contar con redes de apoyo reduce significativamente la sobrecarga. Espacios como los grupos de apoyo permiten compartir experiencias, estrategias de afrontamiento y validación emocional, permitiendo que los cuidadores se sientan comprendidos por otras personas en situaciones similares, lo cual disminuye el aislamiento y fortalece la resiliencia (Cerebral Palsy Guide, 2025; Dlamini et al., 2023).

Asimismo, es fundamental el acompañamiento de profesionales de la salud mental, dado que este puede ayudar a los cuidadores a manejar el estrés, trabajar la culpa y desarrollar estrategias de autocuidado sostenibles (Raina et al., 2005).

Autocuidado: una necesidad, no un lujo

Con frecuencia, los cuidadores priorizan tanto las necesidades del niño que descuidan su propia salud. Sin embargo, el bienestar del cuidador es un factor central en la calidad del cuidado brindado. Dormir lo suficiente, mantener controles médicos, expresar emociones y pedir ayuda no son actos egoístas, sino medidas protectoras fundamentales (Cerebral Palsy Guide, 2025; Raina et al., 2005).

Estrategias como dividir responsabilidades, aceptar ayuda de familiares, buscar espacios breves de descanso y participar en redes de apoyo pueden marcar una diferencia significativa en la salud mental a largo plazo.

Resiliencia y significado en el cuidado

A pesar de las dificultades, muchos cuidadores desarrollan una fuerte resiliencia. Con el tiempo, algunas familias reportan mayor empatía, unión familiar y sentido de propósito (Dlamini et al., 2023).

Conclusión

De este modo, se comprende que el cuidar a una persona con parálisis cerebral implica desafíos complejos que pueden afectar la salud mental del cuidador. No obstante, con información adecuada, apoyo social y acompañamiento profesional, es posible reducir la sobrecarga y fortalecer el bienestar emocional. Cuidar al cuidador no es un complemento del tratamiento: es una parte esencial del enfoque integral y familiar en la parálisis cerebral (Raina et al., 2005; Dlamini et al., 2023; Cerebral Palsy Guide, 2025).

Referencias

  • Cerebral Palsy Guide. (2025). Cerebral palsy caregiver resources | Cerebral palsy support groups & more. https://www.cerebralpalsyguide.com/community/parents-caregivers/
  • Raina, P., O’Donnell, M., Rosenbaum, P., Brehaut, J., Walter, S. D., Russell, D., Swinton, M., Zhu, B., & Wood, E. (2005). The health and well-being of caregivers of children with cerebral palsy. Pediatrics, 115(6), e626–e636. https://doi.org/10.1542/peds.2004-1689
  • Dlamini, M. D., Chang, Y., & Nguyen, T. T. B. (2023). Caregivers’ experiences of having a child with cerebral palsy. A meta-synthesis. Journal of Pediatric Nursing, 73, 157–168. https://doi.org/10.1016/j.pedn.2023.08.026

Apuestas en línea, apps y mercados de predicción

Las apuestas en línea cada vez son más accesibles, anteriormente las personas debían acceder físicamente a un sitio y hablar con otras personas o ser vistos para poder apostar. Por el contrario, actualmente las apuestas pueden realizarse en cualquier momento gracias al internet, sin necesidad de ningún contacto humano, e incluso ahora puede ser algo que se lleva en el bolsillo y te notifica sobre los momentos de apostar, gracias al surgimiento de las aplicaciones de apuestas.

De los lugares de apuestas a la pantalla del celular

El desarrollo de estas aplicaciones ha reducido al mínimo la distancia entre el impulso de apostar y la acción, causando que cada vez sea más fácil que las personas desarrollen una adicción sin notarlo.

Esta transformación en las formas de apostar, si bien inició en el cambio de los espacios, no se ha limitado a la tecnología. También ha cambiado aquello sobre lo que las personas pueden apostar, dado que, aunque tradicionalmente las apuestas estuvieron asociadas principalmente con eventos deportivos, actualmente aplicaciones especializadas en los “mercados de predicción” permiten realizar transacciones relacionadas con acontecimientos políticos, sociales, económicos y ambientales, entre otros.

A pesar de que tanto en los casos de las apuestas deportivas y los mercados de predicción las personas pueden perder o ganar dinero, Collis (2026) señala que existe una diferencia estructural entre las apuestas deportivas y los mercados de predicción. En las primeras, la persona apuesta contra una casa de apuestas o sportsbook, que establece las cuotas y obtiene un margen sobre las apuestas. Mientras que en los mercados de predicción, los usuarios compran y venden contratos entre sí y la plataforma funciona como intermediaria de las transacciones.

¿Qué son los mercados de predicción?

De este modo, los mercados de predicción son plataformas en las que los usuarios compran y venden contratos relacionados con el resultado de acontecimientos futuros, por ejemplo, si algo sucederá o no, y su precio cambia de acuerdo con la oferta y la demanda sin intervención de una casa de apuestas que establezca una cuota fija o tome un margen de las ganancias (Collis, 2026).

Esta modalidad libre ha ampliado considerablemente el tipo de acontecimientos sobre los cuales se puede especular. Además de los deportes, pueden encontrarse mercados relacionados con elecciones, indicadores económicos, decisiones sobre tasas de interés, precios de criptomonedas, lanzamientos tecnológicos y acontecimientos culturales. 

Sin embargo, esta diferencia en su estructura no significa que estén exentos de riesgos, dado que como señala Reed (2026), tanto los mercados de predicción como las apuestas implican poner dinero en juego frente a resultados inciertos y la diferencia en la forma de operar no elimina necesariamente la posibilidad de desarrollar patrones problemáticos de participación.

Apostar sobre acontecimientos de la vida real

Cómo se mencionó con anterioridad, estos mercados de predicción no apuestan solo por eventos deportivos, sino que, de acuerdo con la American Psychological Association (APA, 2026), los mercados de predicción han ganado popularidad y han ampliado las posibilidades de apostar sobre acontecimientos reales, desde resultados electorales, muertes, conflictos armados y otros acontecimientos de gran relevancia social.

Sherman (2026) documenta el crecimiento de los mercados de predicción y las controversias asociadas con apuestas relacionadas con conflictos militares que involucran a países como Irán, Venezuela e Israel. Señalando que estas plataformas han sido objeto de cuestionamientos relacionados con la regulación, la información privilegiada y las posibles implicaciones de permitir transacciones sobre acontecimientos de esta naturaleza.

Este fenómeno plantea una transformación importante: si prácticamente cualquier acontecimiento puede convertirse en un resultado sobre el cual apostar, también aumenta la cantidad de situaciones cotidianas que pueden adquirir un valor económico para quien participa en estas plataformas.

Desde la perspectiva de la psicología de las adicciones, este cambio resulta relevante porque puede contribuir a normalizar la idea de que los acontecimientos cotidianos constituyen oportunidades permanentes para arriesgar dinero (APA, 2026).

Un mercado que crece rápidamente

El crecimiento de las apuestas deportivas y de los mercados digitales ha sido considerable en los últimos años.

Los datos actuales señalan que, desde la expansión de las apuestas deportivas legales, se ha dado un aumento acelerado de las apuestas deportivas legales en el mercado estadounidense. De acuerdo con la American Gaming Association, durante los primeros ocho meses de 2025 los estadounidenses apostaron legalmente más de 90 mil millones de dólares con operadores comerciales de apuestas deportivas, tanto en establecimientos físicos como en plataformas digitales (Lacc, 2026). Mientras que, en América Latina, el crecimiento también resulta significativo, The Lancet Regional Health-Americas (2025) señala que el mercado latinoamericano de apuestas en línea continúa expandiéndose y proyecta un crecimiento importante hacia 2028, con Brasil, México y Colombia entre los principales mercados. Causando que, como menciona Sánchez (2026), las apuestas deportivas se hayan consolidado como una gran parte del mercado mundial de apuestas, teniendo en cuenta que desde 2024, el fútbol ha concentrado una proporción considerable del dinero apostado a nivel global.

Por lo cual los datos actuales demuestran un crecimiento acelerado de las apuestas en esta población. De acuerdo con la American Gaming Association, durante los primeros ocho meses de 2025 los estadounidenses apostaron legalmente más de 90 mil millones de dólares con operadores comerciales de apuestas deportivas, tanto en establecimientos físicos como en plataformas digitales (Lacc, 2026). Mientras que, en América Latina, el crecimiento también resulta significativo. The Lancet Regional Health-Americas (2025) señala que el mercado latinoamericano de apuestas en línea continúa expandiéndose y proyecta un crecimiento importante hacia 2028, con Brasil, México y Colombia entre los principales mercados.

¿Quiénes están apostando?

Aunque todavía hacen falta investigaciones, razón por la cual existen vacíos importantes de información sobre las personas que participan específicamente en mercados de predicción, sí existen datos sobre quienes realizan apuestas en línea.

La APA (2026) señala que no existen cifras nacionales representativas sobre todas las personas que juegan en línea, sin embargo, una encuesta realizada en febrero de 2025 por Siena College Research Institute y Jandoli School of Communication encontró que el 22 % de los estadounidenses y casi la mitad de los hombres entre 18 y 49 años tenían al menos una cuenta activa de apuestas deportivas en línea.

Por su parte, una encuesta de consumidores realizada por S&P Global en 2025 encontró que el 15 % de los adultos usuarios de internet en Estados Unidos había realizado una apuesta deportiva durante el año anterior (Nissan, 2025, citado en APA, 2026).

En marzo de 2026, 39 estados de Estados Unidos y el Distrito de Columbia habían legalizado las apuestas deportivas, mientras que 30 permitían las apuestas deportivas móviles. Además, siete estados permitían juegos de casino móviles con dinero real (APA, 2026).

En el caso de los mercados de predicción, Reed (2026) señala que una proporción importante de sus usuarios corresponde a adultos jóvenes, el autor indica que aproximadamente el 70 % de los usuarios de Polymarket se encuentra entre los 18 y los 34 años, y de acuerdo con los datos anteriores es altamente probable que la mayoría sean hombres.

¿Por qué las apuestas en línea pueden resultar especialmente atractivas?

Además de comprender quienes usan estas plataformas, se debe comprender cuales son los cambios que estas han generado en el comportamiento de juego, dado que una de las principales transformaciones introducidas por las aplicaciones es la eliminación de muchas de las barreras que antes separaban a una persona del acto de apostar.

Lacc (2026) explica que las aplicaciones móviles han sido fundamentales en esta transformación. Con ellas, las personas pueden consultar cuotas, desplazarse entre diferentes opciones y realizar apuestas en cuestión de segundos.

La disponibilidad permanente también modifica el contexto, una persona puede apostar desde su casa, mientras observa un partido, durante una pausa laboral o incluso durante la noche. Por lo cual la práctica deja de estar asociada a un lugar específico y puede integrarse a diferentes momentos de la vida cotidiana.

Esta accesibilidad se combina con características como las apuestas en vivo, las opciones de retiro inmediato de dinero, las promociones y las notificaciones automáticas. Como consecuencia, el teléfono celular puede convertirse en un dispositivo de acceso permanente al juego.

Además de facilitar el acceso, las aplicaciones de apuestas también han incorporado elementos propios de los videojuegos, utilizando características como recompensas, niveles, seguimiento del progreso, rachas de actividad, incentivos y mecanismos de interacción para aumentar la participación (Lacc, 2026).

La APA (2026) señala que mientras anteriormente una persona podía apostar principalmente por el resultado final de un partido, actualmente existen numerosas posibilidades de realizar apuestas durante el desarrollo del encuentro, conocidas como prop bets o apuestas sobre eventos específicos, lo que hace que apostar pueda convertirse en una actividad continua y no necesariamente en una acción aislada.

Kim, citado por la APA (2026), señala que algunas de las nuevas modalidades de apuestas o actividades similares al juego se encuentran en un nivel elevado de riesgo. En los mercados de predicción, aunque el ritmo puede ser más lento que en las apuestas deportivas en vivo, puede aparecer un fenómeno que el autor denomina “pseudo skill”, mediante el cual las personas pueden sentir que poseen una habilidad o conocimiento particular que les permitirá garantizar el éxito, haciendo más difícil reconocer los límites propios de la actividad.

Publicidad, notificaciones y personalización

La expansión de las apuestas digitales también ha estado acompañada por nuevas estrategias de marketing. Lacc (2026) destaca la presencia de las apuestas en transmisiones deportivas, redes sociales, servicios de streaming y plataformas digitales. Donde la combinación entre publicidad, personalización y gamificación puede hacer que una persona esté constantemente expuesta a oportunidades para apostar.

 En este contexto, el riesgo no depende únicamente de una decisión individual, sino también del entorno digital en el que esa decisión ocurre. Como señala Fischer, citada por la APA (2026), los daños asociados al juego no pueden explicarse exclusivamente a partir de la vulnerabilidad individual, puesto que la mayor disponibilidad de aplicaciones de juego rápido también puede incrementar el riesgo de desarrollar problemas relacionados con las apuestas.

¿Qué relación existe entre las apuestas en línea y la salud mental?

Todo lo anterior ha generado un aumento en el juego problemático, el cual, si bien no es un fenómeno nuevo, ha cambiado en la forma como se presenta, debido a la expansión de las plataformas digitales.

The Lancet Regional Health-Americas (2025) señala que una revisión sistemática publicada en 2024 encontró que aproximadamente el 61,3 % de los adultos de América del Norte había participado en alguna actividad de apuestas durante los 12 meses anteriores y que el 13,8 % de quienes apostaban participaba en actividades consideradas de riesgo. En adolescentes, el 33,7 % había reportado haber apostado y, entre ellos, el 27,8 % participaba en actividades de riesgo (The Lancet Regional Health-Americas, 2025).

De modo que cada vez más personas están actuando con patrones de juego problemático, al presentar un patrón persistente de apuestas a pesar de sus consecuencias negativas. La APA (2026) señala además que las personas con problemas de juego pueden experimentar dificultades para acceder a tratamiento y que menos del 10 % de quienes presentan problemas relacionados con las apuestas busca ayuda profesional.

Las consecuencias pueden ir más allá del dinero

Las consecuencias del juego problemático no se limitan a las pérdidas económicas.

The Lancet Regional Health-Americas (2025) señala asociaciones entre el juego y problemas de salud mental como ansiedad, depresión y trastorno obsesivo-compulsivo. Además, las apuestas y el trastorno por juego se han relacionado con un mayor riesgo de conducta suicida y autolesiones.

Estas consecuencias también pueden afectar las relaciones familiares y sociales, al causar endeudamiento, conflictos familiares, aumentar la probabilidad de violencia doméstica, y condiciones de vulnerabilidad social, como bajos ingresos, desempleo y menor nivel educativo.

En contextos económicos vulnerables, las apuestas pueden incluso presentarse como una supuesta estrategia para obtener ingresos rápidos. Sin embargo, las pérdidas reiteradas pueden profundizar las dificultades económicas y generar un ciclo de inseguridad financiera.

¿Quiénes pueden estar en mayor riesgo?

De acuerdo con la APA (2026), las personas que juegan en línea presentan algunas diferencias frente a quienes apuestan presencialmente. Los jugadores en línea tienden a ser más jóvenes y con mayor frecuencia hombres, quienes pueden presentar niveles más altos de educación e ingresos.

Además, quienes juegan en línea tienden a apostar con mayor frecuencia, participar en una mayor variedad de apuestas, dedicar más tiempo a esta actividad y realizar apuestas de mayor valor. También presentan un mayor riesgo de desarrollar problemas relacionados con el juego (Ghelfi et al., 2024, citado en APA, 2026).

El riesgo puede aumentar cuando se combinan diferentes factores. Reed (2026) identifica entre ellos los antecedentes familiares de adicción, algunas condiciones de salud mental, la impulsividad, la búsqueda de sensaciones, la dificultad para tolerar el malestar, el inicio temprano de las apuestas, la facilidad de acceso, los problemas relacionados con el consumo de sustancias y las dificultades económicas.

Señales de alerta frente al juego problemático

Actualmente no existe un diagnóstico formal específico denominado “adicción a los mercados de predicción”. Sin embargo, Reed (2026) señala que algunos patrones de participación pueden ser similares a los observados en la ludopatía.

Entre las señales de alerta se encuentran:

  • Pensar constantemente en apostar o participar en mercados de predicción.
  • Sentir la necesidad de aumentar progresivamente el dinero o el tiempo destinado a estas actividades.
  • Intentar reducir o abandonar las apuestas sin conseguirlo.
  • Experimentar irritabilidad o inquietud al intentar detenerse.
  • Sentir la necesidad de recuperar inmediatamente el dinero perdido.
  • Utilizar las apuestas como una manera de aliviar el estrés o el malestar emocional.
  • Ocultar a familiares o personas cercanas cuánto se apuesta.
  • Perder oportunidades o responsabilidades académicas o laborales debido a las apuestas.
  • Recurrir a otras personas para solucionar problemas económicos derivados de las apuestas.

Estas señales no deben interpretarse de manera aislada. Lo relevante es observar si existe un patrón persistente y si la actividad comienza a interferir con diferentes áreas de la vida.

¿Cómo se trata el juego problemático?

Teniendo en cuenta lo anterior, actualmente el tratamiento de los problemas relacionados con las apuestas en línea comparte características con el abordaje del trastorno por juego tradicional.

La APA (2026) señala que las intervenciones cognitivo-conductuales pueden ser favorables, el tratamiento puede incluir el establecimiento de actividades alternativas, la construcción de nuevas rutinas y el desarrollo de estrategias para manejar los impulsos relacionados con el juego.

También pueden establecerse sistemas de responsabilidad financiera. Fischer, citada por la APA (2026), destaca la importancia de retirar las aplicaciones y el acceso inmediato al dinero cuando la persona necesita interrumpir el ciclo de apuestas.

Detectar el problema antes de que se agrave

Una de las dificultades centrales es que muchas personas con problemas relacionados con el juego no buscan tratamiento. Por esta razón, la identificación temprana resulta fundamental.

La APA (2026) señala que los profesionales de la salud mental pueden incorporar preguntas sobre el juego dentro de las evaluaciones habituales, especialmente cuando existen dificultades financieras, emocionales o familiares.

Una herramienta sencilla es el cuestionario de dos preguntas conocido como “lie-bet”, que explora si la persona ha sentido la necesidad de apostar cantidades cada vez mayores y si alguna vez ha tenido que mentir a personas cercanas sobre cuánto juega.

Sin embargo, la detección no debe limitarse a un cuestionario. Preguntar de manera abierta por el uso del dinero destinado al entretenimiento, el tiempo dedicado a las apuestas y las consecuencias que ha tenido esta actividad puede facilitar la identificación de señales de alerta.

Como señala Fischer, citada por la APA (2026), cualquier evaluación psicológica puede convertirse en una oportunidad para identificar el problema.

Prevención: una tarea que todavía tiene desafíos

La expansión de las apuestas digitales ha sido más rápida que la capacidad de desarrollar estrategias de prevención y atención suficientes.

Uno de los problemas identificados por la APA (2026) es la disponibilidad limitada de profesionales especializados en problemas relacionados con el juego, particularmente de proveedores que puedan atender a poblaciones diversas y en diferentes idiomas. También existe una necesidad de fortalecer los programas preventivos dirigidos a niños, adolescentes y jóvenes, dado que la exposición temprana, la influencia de los pares y la normalización de las apuestas pueden convertirse en factores importantes en el desarrollo posterior de problemas relacionados con el juego.

The Lancet Regional Health-Americas (2025) plantea además la importancia de una regulación efectiva que permita proteger la salud pública, prevenir actividades ilícitas y garantizar condiciones adecuadas en las prácticas relacionadas con las apuestas.

La prevención, por tanto, no depende exclusivamente de la capacidad de una persona para controlar su comportamiento. También requiere considerar las características de las plataformas, la publicidad, la disponibilidad, la regulación y las condiciones sociales y económicas en las que se desarrolla la actividad.

De modo que, en cuanto se realiza una regulación adecuada de estas nuevas formas de apuestas, enseñar sobre las apuestas y sus consecuencias, aprender a reconocer las señales de alerta, establecer límites, utilizar herramientas de autoexclusión cuando sea necesario y buscar apoyo profesional pueden contribuir a reducir los daños asociados al juego problemático.

Referencias

  • American Psychological Association. (2026). The new prediction-driven gambling boom. Monitor on Psychology, 57(5). https://www.apa.org/monitor/2026/07-08/prediction-driven-gambling-mobile-betting-apps 
  • Collis, K. (2026). Prediction Markets vs Sports Betting: Key Differences (2026). Sportsillustrated. https://www.si.com/prediction-markets/guides/prediction-markets-vs-sports-betting
  • Lacc, A. W. (2026). The rapid growth of mobile gambling and sports betting – Addiction Center. Addiction Center. https://www.addictioncenter.com/behavioral-addictions/gambling-addiction/rise-of-gambling-apps/
  • Reed, S., PhD. (2026, 25 agosto). The Link Between Prediction Markets and Gambling Addiction. Addiction Center. https://www.addictioncenter.com/behavioral-addictions/gambling-addiction/prediction-markets/
  • Sherman, N. (2026). «Gruesome» war bets fuel calls for Kalshi Polymarket crackdown. https://www.bbc.com/news/articles/cjwz8051y0lo
  • The Lancet Regional Health-Americas (2025). Sports gambling in the Americas: the rise of invisible risks. Lancet regional health. Americas, 48, 101211. https://doi.org/10.1016/j.lana.2025.101211 
  • Sanchez, J. (2026, 31 marzo). Sports betting worldwide – statistics & facts. Statista. https://www.statista.com/topics/1740/sports-betting/?srsltid=AU7gw4Uipo0ifNWHTSC5Cd3puCOmMRqrs9qwlq_YOCbi-ZfrT6ouSSVV#topicOverview

Los niños aprenden lo que los padres enseñan

A pesar de que hoy existe mayor conciencia sobre la importancia del desarrollo infantil desde el nacimiento, todavía persiste la idea de que los niños pequeños “no entienden” lo que ocurre a su alrededor. Esta creencia lleva a subestimar el impacto que tienen las palabras, gestos y comportamientos de los adultos en los primeros años de vida. Sin embargo, la evidencia científica muestra que, desde edades muy tempranas, los niños observan activamente a sus cuidadores y aprenden de ellos, incluso cuando no hay explicaciones verbales explícitas (Waismeyer & Meltzoff, 2017).

Aprender observando: una base del desarrollo infantil

De acuerdo con Waismeyer & Meltzoff (2017), el aprendizaje observacional es un proceso fundamental mediante el cual los niños adquieren conocimientos sobre cómo funciona el mundo físico y social. Investigaciones en desarrollo infantil han demostrado que los niños pequeños pueden aprender relaciones de causa y efecto simplemente observando las acciones de otras personas, sin necesidad de manipular directamente los objetos o recibir instrucciones verbales.

Por lo cual este tipo de aprendizaje implica que el niño no es un observador pasivo, sino un participante activo que interpreta lo que ve y luego intenta reproducirlo. A partir de la observación, los niños pueden decidir qué acciones realizar para lograr un resultado específico. Esto demuestra que, incluso antes de dominar el lenguaje, los niños ya están construyendo conocimiento a partir del comportamiento de los demás (Waismeyer & Meltzoff, 2017).

La observación también fortalece habilidades cognitivas

De este modo, se comprende que la capacidad de observar con atención no solo influye en la imitación de conductas, sino también en el desarrollo de funciones cognitivas clave. La evidencia sugiere que el entrenamiento en observación y atención puede mejorar el rendimiento en el aprendizaje, la memoria de trabajo, la atención sostenida y las funciones ejecutivas en la infancia (Cunsolo, Richardson, & Vrolijk, 2021).

Siendo estas habilidades esenciales para el desarrollo de la autorregulación, la resolución de problemas y el comportamiento social. Por lo tanto, cuando los niños observan a adultos que planifican, se concentran o regulan sus emociones, no solo están copiando conductas externas, sino también internalizando formas de pensar y manejar situaciones (Cunsolo et al., 2021).

Los niños imitan conductas morales y también agresivas

Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende que el aprendizaje observacional no es neutro, dado que los niños pueden aprender tanto conductas prosociales como comportamientos negativos. De acuerdo con Degen (2013), estudios sobre aprendizaje por observación han mostrado que los niños pueden reproducir comportamientos agresivos después de ver modelos que actúan de manera violenta, especialmente cuando esas conductas no parecen tener consecuencias negativas. De la misma manera, cuando los niños observan comportamientos morales, cooperativos y respetuosos, es más probable que ellos también actúen de esa forma.

Por lo cual el comportamiento de los padres y la exposición temprana a modelos positivos contribuyen al desarrollo de la moralidad y de actitudes prosociales, mientras que la exposición repetida a modelos negativos puede influir en decisiones y comportamientos poco empáticos (Degen, 2013).

El modelado emocional: cómo se transmite la ¿Por qué los niños imitan más a unas personas que a otras?

Sin embargo, se debe tener en cuenta que autores como Jones (2019) han identificado que los niños no solo imitan a cualquier persona, sino que tienden a imitar más a personas que perciben como figuras de autoridad, a quienes admiran o con quienes se sienten identificados. También es más probable que copien a personas que consideran similares a ellos en edad, intereses o características, y que observen con más atención cuando se sienten inseguros o no saben cómo actuar en una situación nueva, por lo cual pueden imitar diferentes tipos de comportamiento de acuerdo con las consecuencias que observen, dado que “si ven que una conducta es recompensada, aumenta la probabilidad de que la imiten; si observan que una conducta es castigada, es menos probable que la repitan” (Jones, 2019).

Modelar conductas positivas en casa

Teniendo en cuenta lo anterior, es importante comprender que el ejemplo de los adultos es una herramienta educativa poderosa. Por lo cual algunas acciones clave para modelar una buena conducta incluyen:

  • Cumplir las normas que se establecen. Cuando los adultos rompen reglas que exigen a los niños, se genera confusión y se debilita el aprendizaje de límites coherentes (Jones, 2019).
  • Cuidar las propias conductas. Hábitos poco saludables, reacciones impulsivas o formas inadecuadas de resolver conflictos pueden ser fácilmente imitados por los niños (Degen, 2013; Jones, 2019).
  • Mostrar con acciones, no solo con palabras. Los niños comprenden mejor cuando ven el comportamiento que se espera de ellos, en lugar de recibir solo instrucciones verbales (Waismeyer & Meltzoff, 2017; Jones, 2019).

Cuando el modelo es otra persona

Se debe tener en cuenta que los padres no serán siempre el modelo de sus hijos. Como menciona Jones (2019), a medida que crecen, los niños amplían sus fuentes de aprendizaje e incluyen a pares, figuras públicas y personas de su entorno social, las cuales pueden tener diferentes tipos de comportamiento.

En estos casos el rol del adulto sigue siendo necesario, en caso de que el niño imite comportamientos que los cuidadores no consideren adecuados. En estos casos, puede ser útil:

  • Seguir modelando de forma consistente las conductas que se desean fomentar.
  • Reforzar positivamente los comportamientos adecuados.
  • Hablar sobre las consecuencias de ciertas conductas sin recurrir a sermones o críticas constantes.
  • Mostrar curiosidad y empatía para entender qué motiva al niño a comportarse de determinada manera.

Estas estrategias ayudan a mantener el vínculo y a ofrecer modelos alternativos sin generar confrontaciones que puedan alejar al niño (Jones, 2019; Degen, 2013).

Conclusión

Así, los padres y cuidadores deben comprender que desde su nacimiento, los niños aprenden observando cómo los adultos actúan, se relacionan y regulan sus emociones. El aprendizaje observacional influye en su comprensión del mundo, en sus habilidades cognitivas, en su desarrollo moral y en su forma de enfrentar situaciones emocionales (Waismeyer & Meltzoff, 2017; Cunsolo et al., 2021; Burstein & Ginsburg, 2010).

Por ello, más allá de las palabras, el comportamiento cotidiano de madres, padres y cuidadores se convierte en una de las herramientas más poderosas para promover el desarrollo saludable y el bienestar psicológico infantil.

Referencias

  • Waismeyer, A., & Meltzoff, A. N. (2017). Learning to make things happen: Infants’ observational learning of social and physical causal events. Journal of experimental child psychology, 162, 58–71. https://doi.org/10.1016/j.jecp.2017.04.018
  •  Cunsolo, S., Richardson, D., Vrolijk, M. (2021). How observing develops and affects well-being throughout childhood, Innocenti Working Paper 2021-16, UNICEF Office of Research – Innocenti, Florence.
  • Degen, T. A. (2013). Observational learning and its impact on children’s morality [Dataset]. In PsycEXTRA Dataset. https://doi.org/10.1037/e605462013-001
  • Jones. K.(2019).Behavioural modelling in children. Child Development Clinic. https://www.childdevelopmentclinic.com.au/behavioural-modelling.html

Programas comunitarios que salvan vidas

La comunidad es una parte importante del cuidado de la salud mental, pero en un mundo donde cada vez nos vemos más aislados, la pérdida de la comunidad se ha normalizado. Esta desconexión tiene consecuencias directas en el bienestar emocional, aumentando el riesgo de soledad, ansiedad, depresión y estrés. 

De modo que formar y fortalecer redes comunitarias no es solo un aspecto social deseable, sino que es una estrategia clave de protección en salud mental, dado que favorece el sentido de pertenencia, reduce el aislamiento y fortalece la resiliencia frente a situaciones difíciles. Las relaciones sociales significativas ayudan a regular el estrés, mejoran el estado de ánimo y aumentan la satisfacción con la vida. Estos beneficios son especialmente importantes para personas en situaciones de vulnerabilidad, como quienes viven con enfermedades crónicas, atraviesan crisis vitales o pertenecen a grupos históricamente marginados (Mental Health Foundation, s. f.).

Desigualdades y barreras en el acceso a la salud mental

Diversos factores como la pobreza, el aislamiento geográfico, los conflictos sociales, la discriminación y las crisis ambientales se asocian con mayores niveles de malestar psicológico y trastornos mentales. Estas condiciones afectan de manera desproporcionada a personas que viven en contextos con menos recursos, tanto en países de ingresos bajos y medios como en zonas rurales o comunidades marginadas dentro de países con mayores ingresos (Chutiyami et al., 2025).

En estos contextos, los servicios de salud mental suelen ser escasos, estar concentrados en zonas urbanas o resultar inaccesibles por barreras económicas, culturales o de transporte. Esto genera una amplia brecha de atención (Chutiyami et al., 2025).

Programas comunitarios: una respuesta cercana y sostenible

Frente a estas brechas, los programas comunitarios han emergido como una estrategia eficaz para promover el bienestar mental en entornos con recursos limitados. Estos enfoques implican la participación activa de la comunidad en el diseño, la implementación y, en algunos casos, la evaluación de las iniciativas, dado que cuanto mayor es el nivel de participación comunitaria, mayores son las probabilidades de que los programas sean culturalmente relevantes, aceptados por la población y sostenibles en el tiempo (Chutiyami et al., 2025).

Las iniciativas pueden incluir grupos de apoyo entre pares, formación de personas de la comunidad para detectar señales de alerta y derivar a servicios, intervenciones psicosociales breves, y actividades que fortalezcan habilidades de afrontamiento y redes de apoyo. Al involucrar a las personas como participantes activos y no sólo como receptoras de servicios, estos programas amplían el alcance de la atención, refuerzan la cohesión social y promueven la resiliencia comunitaria (Chutiyami et al., 2025).

Del aislamiento a la inclusión: el modelo comunitario en salud mental

La Organización Mundial de la Salud propone transformar los sistemas de salud mental mediante redes de atención comunitaria integrales. Este modelo acerca los servicios a los lugares donde las personas viven, trabajan y estudian, favoreciendo la recuperación en entornos cotidianos y reduciendo el aislamiento. No se trata solo de una alternativa más humana a la institucionalización, sino de un enfoque respaldado por evidencia para mejorar el acceso, la calidad de la atención y los resultados en salud (OMS, 2025).

Los sistemas comunitarios efectivos combinan distintos niveles de apoyo: servicios de salud mental integrados en la atención primaria, equipos comunitarios especializados, apoyos en entornos no sanitarios como escuelas y lugares de trabajo, y redes de apoyo entre pares y familias. Este enfoque también impulsa procesos de desinstitucionalización progresiva, sustituyendo modelos centrados en hospitales psiquiátricos por apoyos comunitarios que respeten los derechos humanos y promuevan la inclusión social (OMS, 2025).

El valor de la participación y la experiencia vivida

Los programas con mayor impacto son aquellos donde la comunidad participa desde las etapas iniciales de diseño. Cuando las personas sienten que las iniciativas responden a sus necesidades reales y respetan su cultura, aumenta la confianza, la apropiación y la sostenibilidad de los programas. La participación activa también ayuda a superar barreras como la desconfianza, la percepción de irrelevancia o las dificultades de acceso (Chutiyami et al., 2025).

Un aspecto clave es la inclusión de personas con experiencia propia en problemas de salud mental. Su participación puede contribuir a reducir el estigma, mejorar la pertinencia de las intervenciones y fortalecer la justicia social. Además, integrar a trabajadores de la salud junto a líderes y miembros de la comunidad favorece la colaboración, el respeto mutuo y la construcción de soluciones más ajustadas a las realidades locales (Chutiyami et al., 2025; OMS, 2025).

Comunidad y bienestar: beneficios que protegen la vida

La evidencia muestra que las personas con redes sociales sólidas experimentan menos síntomas de malestar psicológico y mayor bienestar general. La comunidad no solo ofrece apoyo emocional, sino también un sentido de propósito, oportunidades de participación y espacios de reconocimiento. Estas experiencias fortalecen la autoestima, reducen el estrés y pueden actuar como factores protectores frente a la aparición o el agravamiento de problemas de salud mental (Mental Health Foundation, s. f.).

Durante crisis colectivas o eventos estresantes, el apoyo comunitario adquiere un papel aún más relevante. Sentirse acompañado, comprendido y respaldado por otras personas puede amortiguar el impacto emocional de situaciones adversas. Asimismo, las comunidades pueden desempeñar un rol clave en la protección de grupos que enfrentan discriminación o exclusión, ayudando a mitigar el daño psicológico asociado a estas experiencias (Mental Health Foundation, s. f.).

Construir comunidad es una estrategia de prevención

Fortalecer la comunidad no es un complemento opcional de la atención en salud mental: es una estrategia de prevención y promoción que puede salvar vidas. Invertir en programas comunitarios, fomentar la participación activa y garantizar servicios cercanos, inclusivos y culturalmente pertinentes permite cerrar brechas de atención, reducir el estigma y ofrecer apoyo oportuno a quienes más lo necesitan.

Reimaginar la salud mental desde la comunidad implica reconocer que el bienestar no se construye solo en consultorios, sino también en barrios, escuelas, grupos de apoyo, organizaciones locales y redes informales. Cuando las personas se sienten parte de algo más grande, con vínculos significativos y espacios de apoyo, las comunidades se convierten en verdaderos entornos que protegen, acompañan y, en muchos casos, salvan vidas.

Referencias

  • Chutiyami, M., Cutler, N., Sangon, S., Thaweekoon, T., Nintachan, P., Napa, W., Kraithaworn, P., & River, J. (2025). Community-Engaged Mental Health and Wellbeing Initiatives in Under-Resourced Settings: A Scoping Review of Primary studies. Journal of Primary Care & Community Health, 16, 21501319251332723. https://doi.org/10.1177/21501319251332723
  • World Health Organization: WHO. (2025). From Isolation to Inclusion: Community-Based Mental Health Care. https://www.who.int/news-room/commentaries/detail/from-isolation-to-inclusion—community-based-mental-health-care
  • Mental Health Foundation (n.d) How community benefits your mental health. https://www.mentalhealth.org.uk/our-work/public-engagement/mental-health-awareness-week/how-community-benefits-your-mental-health

Depresión en niños: señales de alerta

Debido a las asociaciones sociales de la depresión con la muerte, se suele considerar que esta solo puede suceder a partir de la adolescencia, de modo que se ignoran los patrones depresivos en la infancia, poniendo en riesgo a los más jóvenes (NHS, 2024; Hazell, 2002).

Reconocer la depresión infantil es fundamental, ya que cuanto más tiempo persisten los síntomas sin tratamiento, mayor es el riesgo de que interfieran en el desarrollo emocional, social y académico del niño, y de que evolucionen hacia problemas de salud mental a largo plazo (NHS, 2024).

¿Qué es la depresión infantil?

De acuerdo con la Cleveland Clinic (2025) la depresión en la infancia es un trastorno del estado de ánimo que puede hacer que el niño se sienta triste, irritable, desesperanzado o vacío de forma persistente. A diferencia de los cambios emocionales normales, como estar triste tras una pelea o una mala nota, en la depresión los síntomas duran al menos dos semanas y afectan distintas áreas de la vida del niño, como el sueño, el apetito, las relaciones y el rendimiento escolar.

Hazell (2002) señala que, aunque a algunos adultos les cuesta aceptar que los niños puedan experimentar depresión, existe continuidad entre la depresión infantil y la depresión en la vida adulta. Además, en niños los síntomas pueden aparecer de forma más gradual y ser confundidos con problemas de conducta u otras dificultades emocionales.

Señales emocionales y conductuales de alerta

Debido a lo anterior, es importante comprender que los síntomas de depresión en niños pueden variar, pero suelen incluir una combinación de cambios emocionales, conductuales y físicos (NHS, 2024). Algunos de estos síntomas son:

Cambios en el estado de ánimo

  • Tristeza persistente o estado de ánimo bajo que no desaparece
  • Irritabilidad constante o mal humor frecuente
  • Sensación de vacío o dificultad para sentir emociones
  • Expresiones de culpa excesiva o sentimientos de inutilidad (NHS, 2024; Cleveland Clinic, 2025)

De acuerdo con la Cleveland Clinic (2025), se debe tener en cuenta que en la infancia, la depresión puede manifestarse más como irritabilidad que como tristeza evidente, lo que a veces dificulta su identificación. Mientras que otros síntomas pueden ser:

Pérdida de interés y energía

  • Falta de interés en actividades que antes disfrutaba
  • Cansancio frecuente o baja energía
  • Menor participación en juegos, deportes o actividades sociales (NHS, 2024; Cleveland Clinic, 2025)

Cambios físicos y cognitivos

Por otro lado, la NHS (2024) menciona que la depresión infantil no solo afecta las emociones, sino que  también impacta el cuerpo y el pensamiento, causando problemáticas en:

Sueño y apetito

  • Dificultad para dormir o dormir más de lo habitual
  • Comer mucho menos o mucho más de lo habitual
  • Cambios importantes de peso (NHS, 2024)

Concentración y rendimiento escolar

  • Problemas para concentrarse
  • Indecisión frecuente
  • Descenso en el rendimiento académico
  • Falta de asistencia o rechazo a ir a la escuela (NHS, 2024; Hazell, 2002)

Hazell (2002) señala que muchos niños con depresión llegan a la atención profesional por quejas físicas, problemas escolares o conductas disruptivas, más que por expresar directamente tristeza, presentando problemáticas como:

Síntomas físicos sin causa clara

  • Dolores de cabeza
  • Dolores de estómago
  • Malestares físicos recurrentes sin explicación médica evidente (NHS, 2024)

Pensamientos autolesivos y riesgo suicida

En los casos más graves, algunos niños pueden:

  • Hablar sobre hacerse daño o morir
  • Presentar conductas de autolesión
  • Mostrar desesperanza intensa sobre el futuro (NHS, 2024; Cleveland Clinic, 2025)

Estos signos requieren atención inmediata por parte de profesionales de la salud.

Factores de riesgo para la depresión en niños

Teniendo en cuenta lo anterior, los padres pueden preguntarse por qué puede suceder esto a sus hijos, de modo que deben saber que la depresión infantil suele ser el resultado de la interacción entre vulnerabilidades biológicas y experiencias vitales estresantes (Hazell, 2002; Cleveland Clinic, 2025).

Entre los factores de riesgo se encuentran:

  • Antecedentes familiares de depresión u otros trastornos mentales
  • Experiencias adversas en la infancia
  • Bullying o acoso escolar
  • Conflictos familiares o separación de los padres
  • Pérdidas significativas (duelos)
  • Enfermedades crónicas como diabetes, epilepsia, asma o dolor crónico
  • Consumo de sustancias en etapas posteriores de la niñez o adolescencia (NHS, 2024; Cleveland Clinic, 2025; Hazell, 2002)

Hazell (2002) también destaca que algunos cuadros depresivos pueden aparecer después de enfermedades físicas o infecciones, y que los síntomas pueden superponerse con problemas de fatiga.

¿Qué hacer si sospechas que un niño está deprimido?

Si se ha identificado lo anterior, el primer paso es hablar con el niño de manera abierta, calmada y sin minimizar lo que siente. Aunque el problema pueda parecer pequeño desde la perspectiva adulta, puede ser muy significativo para él o ella (NHS, 2024).

También es importante:

  • Informar a otros adultos de confianza (familiares, docentes)
  • Observar cambios en sueño, alimentación, energía y comportamiento
  • Buscar ayuda profesional si los síntomas duran dos semanas o más (Cleveland Clinic, 2025; NHS, 2024)

Hazell (2002) subraya que la evaluación debe incluir entrevistas con el niño, los cuidadores y, cuando sea posible, la escuela, ya que muchos niños no expresan espontáneamente su malestar.

Tratamiento de la depresión infantil

A pesar de sus síntomas, se debe comprender que la depresión sí tiene tratamiento, y una intervención temprana mejora significativamente el pronóstico, por lo cual es importante reconocerla desde edades tempranas para poder tratarla a partir de psicoterapia y en algunos casos medicación (Cleveland Clinic, 2025).

El papel de la familia

Sin embargo, uno de los factores protectores más importantes es el apoyo familiar, escuchar, validar las emociones del niño y mantener rutinas saludables (como sueño adecuado, actividad física y un entorno seguro) contribuyen a su recuperación emocional (NHS, 2024; Cleveland Clinic, 2025).

Aunque no siempre es posible prevenir la depresión, sí es posible detectar antes, acompañar mejor y buscar ayuda a tiempo. Tomar en serio los cambios emocionales y conductuales en la infancia puede marcar una diferencia profunda en el bienestar presente y futuro de los niños.

 

Referencias

  • NHS (2024). Depression in children and young people. nhs.uk. https://www.nhs.uk/mental-health/children-and-young-adults/advice-for-parents/children-depressed-signs/
  • Cleveland Clinic. (2025). Depression in children. (https://my.clevelandclinic.org/health/diseases/14938-depression-in-children
  • Hazell P. (2002). Depression in children. BMJ (Clinical research ed.), 325(7358), 229–230. https://doi.org/10.1136/bmj.325.7358.229

Salud sexual: lo que los padres deben enseñar a sus hijos

La educación de la salud sexual es un tema que, aunque controvertido, es necesario enseñar de forma comprensiva desde la infancia a modo de proceso continuo que se fortalece a lo largo del desarrollo.

El proveer a los niños de información clara, veraz y adaptada a la edad a lo largo de su vida les permite tomar mejores decisiones acerca de su salud sexual, comprender sus derechos y sepan a quién acudir si se sienten confundidos, vulnerados o necesitan apoyo (OMS, 2023; Raising Children Network, 2025).

¿Por qué es importante hablar de salud sexual desde la infancia?

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2023) la educación integral en sexualidad no se limita a hablar de relaciones sexuales. Incluye temas como el conocimiento del cuerpo, las emociones, el respeto, el consentimiento, las relaciones, la toma de decisiones y la prevención de la violencia. Por lo cual cuando esta educación es científica, progresiva y apropiada para la edad, se asocia con mejores resultados en salud y bienestar a lo largo de la vida.

Además, la evidencia muestra que niñas, niños y adolescentes que reciben educación sexual de calidad tienden a retrasar el inicio de las relaciones sexuales y, cuando las inician, a adoptar prácticas más seguras. También desarrollan mayor capacidad para reconocer situaciones de riesgo, ejercer su autonomía y pedir ayuda cuando lo necesitan (OMS, 2023).

El papel fundamental de madres y padres

Aunque las escuelas cumplen un rol clave, la educación sexual es más efectiva cuando también se construye en casa. Madres, padres y cuidadores aportan valores, contexto cultural y un espacio de confianza que facilita conversaciones continuas y significativas (Victoria Government, 2024; Punjani, Scott & Hussain, 2025).

Sin embargo, Punjani, Scott y Hussain (2025) identifican que si bien los padres pueden estar dispuestos a hablar sobre estos temas, muchas veces se sienten inseguros sobre qué decir, cuándo hacerlo o qué palabras usar. Por lo cual necesitan recursos claros, prácticos y adaptados a las distintas etapas del desarrollo 

Al hacer uso de estos recursos las familias pueden:

  • Proveer una perspectiva basada en los valores familiares

  • Favorecer la confianza para hablar de sexualidad sin vergüenza
  • Fomentar una educación especializada en las necesidades de sus hijos

  • Mantener comunicación con la escuela sobre lo que se enseña

  • Aprovechar situaciones cotidianas como oportunidades de aprendizaje
    (Victoria Government, 2024; Punjani et al., 2025)

Conversaciones según la edad: cómo acompañar el desarrollo

La educación sexual es progresiva, de modo que lo que se conversa en la primera infancia es muy distinto de lo que se aborda en la pubertad. Así la OMS (2023)  y Raising Children Network (2025) recomiendan ajustar la información a la etapa del desarrollo para que niñas y niños comprendan sin sentirse abrumados por medio de ejercicios como:

0–2 años: primeras nociones sobre el cuerpo

Las rutinas diarias como el baño o el cambio de ropa son oportunidades para nombrar partes del cuerpo con naturalidad. Esto sienta las bases para que el cuerpo se viva como algo propio, valioso y digno de cuidado (Raising Children Network, 2025).

2–5 años: curiosidad y aprendizaje básico

En esta etapa aumenta la curiosidad por las diferencias corporales y el origen de los bebés. Las respuestas pueden ser simples, breves y honestas, usando los nombres correctos de las partes del cuerpo. También es un momento clave para empezar a hablar de límites corporales, consentimiento básico y la diferencia entre toques adecuados e inadecuados (Raising Children Network, 2025; OMS, 2023).

6–8 años: más detalles y preparación para la pubertad

A esta edad, muchos niños y niñas quieren entender con mayor claridad cómo se forman los bebés y cómo funcionan los cuerpos. También es recomendable comenzar a prepararles para los cambios de la pubertad antes de que ocurran, explicando que cada cuerpo crece a su propio ritmo (Raising Children Network, 2025; OMS, 2023).

Temas clave que no deben faltar

Se debe tener en cuenta que una educación sexual integral incluye, de manera gradual y adaptada a la edad, temas como: relaciones familiares y afectivas, respeto, consentimiento, autonomía corporal, anatomía, pubertad, menstruación, reproducción, anticoncepción, infecciones de transmisión sexual y derechos sexuales y reproductivos (OMS, 2023).

También es fundamental enseñar a niñas, niños y adolescentes que tienen derecho a decir “no” ante cualquier contacto que les incomode y que siempre pueden acudir a un adulto de confianza si algo les preocupa. Este aprendizaje temprano contribuye a la prevención de la violencia, el abuso y la explotación (OMS, 2023; Raising Children Network, 2025).

Cuando surgen dudas difíciles

Es normal que madres y padres se sientan incómodos o no tengan todas las respuestas. Decir “no lo sé, pero lo averiguamos” fortalece la confianza y muestra que hablar de sexualidad no es un tabú, sino parte del cuidado. La conversación no es única ni perfecta: es un proceso que evoluciona con el tiempo (Raising Children Network, 2025), el cual se ve alimentado por el acceso de los padres a orientación concreta sobre el momento oportuno, el lenguaje adecuado y cómo abordar temas como consentimiento, diversidad de género, cambios corporales y seguridad digital. La cual les permita contar con materiales claros, visuales y culturalmente pertinentes para facilitar las conversaciones (Punjani, Scott & Hussain, 2025).

Educación sexual y diversidad

Otro aspecto importante de la educación sexual es que esta también debe reconocer la diversidad de cuerpos, identidades y experiencias. Muchas familias expresan disposición a hablar de diversidad sexual y de género, pero señalan que no siempre cuentan con el lenguaje o los recursos necesarios. Por eso, es importante promover materiales inclusivos, culturalmente sensibles y adaptados al nivel de desarrollo de cada niño o niña (Punjani, Scott & Hussain, 2025).

Una conversación que dura toda la vida

Hablar de sexualidad no es una única charla, sino un diálogo continuo que se transforma a medida que niñas, niños y adolescentes crecen. Cuando las familias ofrecen información honesta, apertura para escuchar y un ambiente de respeto, están construyendo una base sólida para relaciones saludables, toma de decisiones responsables y cuidado de la propia salud a lo largo de la vida (OMS, 2023; Victoria Government, 2024; Raising Children Network, 2025).

 

Referencias

  • Organización Mundial de la Salud (OMS) Comprehensive sexuality education. (2023). https://www.who.int/news-room/questions-and-answers/item/comprehensive-sexuality-education
  • Victoria Government. (2024). Sexuality education for parents. vic.gov.au. https://www.vic.gov.au/sexuality-education-parents
  • Punjani, N., Scott, S. D., & Hussain, A. (2025). Parents’ information needs and their recommendations for effective sexuality education to children. Frontiers in Public Health, 13, 1653924. https://doi.org/10.3389/fpubh.2025.1653924
  • Raising Children Network. (2025). Parent guide to talking about sex: 0-8 years. https://raisingchildren.net.au/school-age/development/sexual-development/sex-education-children

Sobrellevar la pérdida por sobredosis

Perder a un ser querido por una sobredosis es una de las formas más complejas y dolorosas de vivir el duelo. Se trata de una muerte súbita, inesperada y muchas veces traumática, que deja a las familias enfrentándose no solo a la ausencia, sino también a sentimientos intensos de culpa, ira, vergüenza y confusión (Rosansky et al., 2025; Carpenter, 2024).

A diferencia de otros tipos de pérdidas, el duelo por sobredosis suele estar profundamente marcado por el estigma social hacia el consumo de sustancias. Las familias pueden sentirse juzgadas, señaladas o responsabilizadas por la muerte de su ser querido, lo que incrementa el aislamiento y dificulta la búsqueda de apoyo (PBS News, 2024; Carpenter, 2024).

Impacto en la salud mental de quienes quedan

La evidencia muestra que el duelo por muerte por sobredosis se asocia con riesgos elevados para la salud mental de los familiares. En comparación con quienes pierden a alguien por una muerte natural repentina, las personas en duelo por sobredosis tienen mayor probabilidad de presentar ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático (TEPT), trastorno por duelo prolongado (TDP) y conductas suicidas (Rosansky et al., 2025).

Teniendo en cuenta que el impacto puede variar según el vínculo con la persona fallecida. Madres y padres que pierden a un hijo por sobredosis presentan riesgos particularmente elevados de complicaciones emocionales graves e incluso mayor mortalidad en años posteriores, lo que refleja la magnitud del sufrimiento que atraviesa este grupo (Rosansky et al., 2025).

Culpa, vergüenza y preguntas sin respuesta

De acuerdo con Carpenter (2024), tras una muerte por sobredosis es frecuente que aparezcan pensamientos como: “¿Pude haber hecho algo más?”, “¿Por qué no vi las señales?”, “¿Y si hubiera contestado esa última llamada?”. Este tipo de cuestionamientos suele alimentar sentimientos profundos de culpa y autorreproche, los cuales no son compatibles con la realidad de que la adicción es una condición compleja, influida por múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales. 

Por lo que, aunque la culpa es una reacción emocional común, no significa que la familia sea responsable de lo ocurrido, y el reconocer esto es un paso importante para aliviar el peso del autoculpabilizarse (Carpenter, 2024).

Asimismo, la vergüenza también puede dificultar hablar abiertamente sobre la causa de la muerte. Algunas personas evitan mencionar la sobredosis por miedo al juicio social, lo que puede aumentar el silencio y la soledad del duelo (PBS News, 2024).

El primer año: un período de alta vulnerabilidad

El primer año tras la pérdida suele ser un período de especial vulnerabilidad emocional. Rosansky et al (2025) señalan que durante este tiempo algunas personas pueden aumentar el consumo de alcohol u otras sustancias como forma de afrontar el dolor, lo que a largo plazo se asocia con mayor gravedad de síntomas depresivos, de estrés postraumático, de duelo prolongado y de problemas por uso de sustancias. Complicando el proceso de adaptación al duelo (Rosansky et al., 2025).

El peso del estigma social

Muchas familias describen que, además del dolor, deben enfrentarse a comentarios hirientes o silencios incómodos. Algunas personas minimizan la pérdida o la interpretan como consecuencia de “malas decisiones”, en lugar de comprender la adicción como un problema de salud. Este tipo de reacciones puede profundizar el aislamiento y hacer que el duelo se viva en soledad (PBS News, 2024; Carpenter, 2024).

El estigma no solo afecta emocionalmente, sino que también limita el acceso a redes de apoyo. A diferencia de otros tipos de duelo, los recursos específicos para personas que han perdido a alguien por sobredosis aún son escasos en muchos lugares (PBS News, 2024).

Estrategias que pueden ayudar a transitar el duelo

Debido a lo anterior, existen algunas estrategias para favorecer un proceso de duelo más saludable en estos casos, entre las cuales se encuentran: 

 Permitirse sentir

El duelo puede incluir tristeza profunda, ira, culpa, alivio, confusión o incluso momentos de calma. Todas estas emociones son válidas. Permitirse sentir sin juzgarse es un paso fundamental para procesar la pérdida (Carpenter, 2024).

 Buscar apoyo seguro

Hablar con personas de confianza o con otras que hayan vivido una pérdida similar puede reducir la sensación de aislamiento. Los espacios donde no hay juicio y sí comprensión pueden convertirse en un sostén clave durante el duelo (PBS News, 2024).

 Considerar ayuda profesional

Cuando el dolor se vuelve abrumador, persistente o interfiere de forma importante con la vida diaria, el acompañamiento psicológico puede ser de gran ayuda. Profesionales con experiencia en duelo y adicciones pueden ofrecer herramientas específicas para afrontar la culpa, el trauma y la tristeza intensa (Carpenter, 2024).

 Honrar la memoria más allá de la adicción

Recordar a la persona por quien fue, más allá de su consumo de sustancias, ayuda a recuperar su historia completa. Compartir recuerdos, crear rituales o participar en acciones de sensibilización puede ser una forma de transformar el dolor en memoria significativa (Carpenter, 2024; PBS News, 2024).

No atravesar este duelo en soledad

El duelo por sobredosis combina dolor, trauma y estigma, lo que puede hacerlo especialmente solitario. Sin embargo, hablar de lo ocurrido, buscar espacios de comprensión y reconocer que la adicción es una condición compleja puede aliviar parte del peso emocional.

Por lo cual tanto profesionales como el público general deben dejar de lado sus prejuicios y buscar ayudar a las personas que pasan por este tipo de pérdidas, permitiendo la formación de redes de apoyo y comunidades que verdaderamente busquen el bienestar del otro (PBS News, 2024; Carpenter, 2024; Rosansky et al., 2025).

 

Referencias

  • Rosansky, J. A., Gracey, E. J., Chilton, R., Janzow, G., Prigerson, H. G., & Schuman-Olivier, Z. (2025). A Hidden Crisis: Associations Between Overdose Bereavement, Substance Use, and Mental Health. Journal of Loss and Trauma, 1–23. https://doi.org/10.1080/15325024.2025.2550566
  • PBS News. (2024). “The pain is so much.” How stigma and shame over fatal overdose make grief more unbearable. https://www.pbs.org/newshour/health/finding-little-support-when-loved-ones-died-from-overdose-these-americans-are-helping-others
  • Carpenter, J. (2024). Working Through The Grief of a Loved One’s Overdose Death. D’Amore Mental Health. https://damorementalhealth.com/coping-with-grief-from-overdose-death/

Transiciones y cambios: cómo adaptarse a las nuevas etapas de la vida

Durante la vida, pasamos por procesos de cambio y transiciones. Sin embargo, muchas veces no comprendemos la diferencia entre ambos procesos, por lo cual podemos ignorar los efectos de ambos y los procesos que conllevan.

Cambio y transición: no son lo mismo

Una forma de explicar estas diferencias es el Modelo de Transición de William Bridges (2020), el cual es un modelo que proviene de la psicología organizacional, pero ha sido ampliado para usarse en los ámbitos clínicos.

Este modelo propone una diferencia fundamental entre los conceptos:

  • El cambio corresponde a un acontecimiento externo. Es el hecho objetivo que ocurre: un ascenso laboral, un divorcio, una mudanza o el inicio de una carrera universitaria.
  • La transición, en cambio, es un proceso interno y psicológico mediante el cual las personas asimilan ese cambio, reorganizan su identidad y construyen una nueva manera de relacionarse con la realidad.

De modo que, el cambio puede ocurrir en un instante, pero la transición necesita tiempo. No basta con que una situación cambie; también es necesario que la persona procese emocionalmente lo que estos cambios implican en su vida.

Las tres etapas de la transición

Según Bridges (2020), estos procesos de transición atraviesan tres fases, las cuales pueden superponerse y no necesariamente ocurren de manera lineal. 

1. Los finales: aprender a dejar ir

Toda transición comienza con un final.

Esta etapa implica reconocer aquello que termina y aceptar las pérdidas que acompañan el cambio. No siempre se trata de pérdidas materiales; también pueden desaparecer rutinas, relaciones, roles, proyectos o incluso una forma de entender quiénes somos.

Durante este momento es frecuente experimentar:

  • incertidumbre;
  • miedo a lo desconocido;
  • resistencia al cambio;
  • sensación de pérdida de estabilidad;
  • disminución de la confianza.

Locus Assignments (27 de Julio 2026) señala que muchas personas reaccionan con estrés emocional porque deben abandonar algo familiar. Por ello, el acompañamiento social y la comunicación clara son factores que favorecen una adaptación más saludable.

2. La zona neutral: el espacio entre el pasado y el futuro

Después de dejar atrás la antigua realidad, aparece la zona neutral, considerada por Bridges (2020) como el núcleo del proceso de transición.

Es un periodo en el que el pasado ya no existe, pero el futuro todavía no se ha consolidado. La persona puede sentir que “está entre dos mundos”.

Durante esta fase suelen aparecer:

  • confusión;
  • sensación de desorientación;
  • disminución temporal de la productividad;
  • dudas sobre el futuro;
  • necesidad de redefinir objetivos.

Aunque suele ser la etapa más incómoda, también representa un momento de enorme crecimiento personal.

Locus Assignments (27 de Julio 2026) destaca que esta fase favorece el aprendizaje, el desarrollo de nuevas habilidades y la innovación, siempre que exista una comunicación adecuada y oportunidades para adaptarse gradualmente.

3. Los nuevos comienzos

La transición culmina cuando la persona integra el cambio como parte de su vida y desarrolla una nueva identidad alrededor de esa experiencia.

En esta etapa suelen observarse:

  • aceptación del cambio;
  • incremento de la motivación;
  • mayor claridad sobre el propósito personal;
  • fortalecimiento de las relaciones;
  • consolidación de nuevas rutinas y valores.

Los nuevos comienzos no significan olvidar el pasado, sino construir una nueva manera de avanzar incorporando lo aprendido durante el proceso.

La transición es un proceso, no un evento

Así, esta teoría ha permitido que se comprenda el cambio y las transiciones como procesos separados que afectan todas las áreas de la vida de las personas. De modo que esta teoría puede ser aplicada en el contexto clínico y psicosocial, como se demuestra en Shy y Mills (2010), donde el uso de este modelo en el tratamiento de personas involucradas en relaciones abusivas permitió proveer a estas personas un mejor acompañamiento de parte de los profesionales, quienes usaron el modelo para identificar pequeños avances, retrocesos y momentos de crecimiento en el proceso, y explicarlo a las personas como parte esperable de la transición, favoreciendo una mejor comprensión del proceso y menores sentimientos de estancamiento en los atendidos. 

No todas las transiciones son iguales

Una parte importante para comprender en estos procesos es la diferencia en las transiciones, dado que, si bien estas son un proceso interno, este será diferente según el caso.

Como explica Gill (2021), las transiciones pueden clasificarse según la forma en que aparecen en la vida.

Transiciones anticipadas

Son cambios esperados y previsibles que forman parte del ciclo vital. Aunque suelen ser deseados, también pueden generar ansiedad debido a las nuevas responsabilidades que implican.

Transiciones inesperadas

Son acontecimientos que aparecen sin previo aviso. Estas situaciones suelen exigir una reorganización emocional rápida y pueden generar elevados niveles de estrés.

Transiciones por acontecimientos que no ocurren

En ocasiones el cambio proviene precisamente de aquello que nunca sucede. No obtener el trabajo esperado, no formar una familia o no alcanzar un objetivo importante también implica un proceso de adaptación y duelo.

Transiciones silenciosas

Son cambios graduales que pasan desapercibidos hasta que, con el tiempo, la persona reconoce que ha cambiado profundamente. Por ejemplo, adquirir experiencia profesional, modificar prioridades personales o superar lentamente una relación difícil.

¿Por qué las transiciones generan ansiedad?

Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende por qué en la primera etapa de la transición se generan sentimientos de miedo, tristeza y ansiedad. Puesto que, como Gill (2021) explica, el abandonar lo conocido obliga al cerebro a adaptarse a nuevas rutinas, relaciones e identidades. Incluso cuando el cambio es positivo.

Lo cual puede llevar a lo que Israelashvili (2023) señala como temor a abandonar la situación anterior debido al miedo a lo desconocido, causando que las personas no se adapten inmediatamente a su nueva realidad al evitar modificar su comportamiento, estancándose en la primera etapa de la transición.

Estrategias para afrontar una transición de manera saludable

Para evitar el estancamiento, autores como Butler (2025) mencionan que adaptarse no significa evitar el malestar, sino desarrollar recursos para atravesarlo.

Recomendando estrategias como:

  • Aceptar las emociones
  • Mantener algunas rutinas

  • Buscar apoyo social
  • Enfocarse en aquello que sí puede controlarse

  • Practicar el autocuidado

  • Desarrollar una mentalidad de crecimiento

  • Solicitar ayuda profesional cuando sea necesario

Adaptarse también implica reconstruirse

De este modo se comprende cómo las transiciones son procesos graduales en donde la persona debe permitirse comprender sus emociones frente al cambio, con el fin de construir nuevas formas de vivir sus relaciones y formar su identidad.

Por lo que, aunque atravesarlas puede resultar incómodo e incluso doloroso, siempre se debe recordar que estas representan oportunidades para desarrollar nuevas habilidades, redefinir prioridades y fortalecer la resiliencia.

 

Referencias

  • Bridges Transition Model – William Bridges Associates. (2020). William Bridges Associates. https://wmbridges.com/about/what-is-transition/
  • Locus Assignments. (27 de Julio 2026). Understanding the Bridges Transition Model of Change: A Complete Guide. Locus Assignments. https://www.locusassignments.com/blog/bridges-transition-model-of-change
  • Shy, Y., & Mills, L. G. (2010). A Critical New Pathway Towards Change in Abusive Relationships: The Theory of Transition Framework. Clinical social work journal, 38(4), 418–425. https://doi.org/10.1007/s10615-010-0279-0 
  • Gill. S. (2021). The Impact of Transitions and How to Cope with Them. https://www.crusescotland.org.uk/about-us/news-and-blogs/the-impact-of-transitions-and-how-to-cope-with-them/
  • Israelashvili, M. (2023). Adjustment to Transitions: Common Components. In: Israelashvili, M. (eds) Prevention of Maladjustment to Life Course Transitions. Advances in Prevention Science. Springer, Cham. https://doi.org/10.1007/978-3-031-26700-0_5 
  • Butler, M. (2025). Mastering Life Transitions: How To Adapt And Thrive Through Change – MLA Psychology – Telehealth & In-person Psychology Services. MLA Psychology | Telehealth | Gold Coast | Victoria. https://www.mlapsychology.com/mastering-life-transitions/

El rol del psicólogo en emergencias y desastres

En momentos de emergencia, además de los servicios médicos y de rescate, los psicólogos juegan un rol fundamental para poder mantener un adecuado cuidado de la población. Las situaciones traumáticas dejan marcas que pueden mantenerse incluso cuando los rastros físicos desaparecen, por lo tanto el rol del psicólogo como asistente primario en casos de emergencia es cada vez más reconocido para proteger el bienestar de las personas afectadas (WHO, 2025).

La mayoría de las personas expuestas a emergencias experimentan reacciones como ansiedad, tristeza, desesperanza, insomnio, irritabilidad, cansancio o molestias físicas sin causa médica clara. Aunque en muchos casos este malestar disminuye con el tiempo, una parte de la población desarrollará trastornos mentales que requieren atención especializada (WHO, 2025).

¿Por qué es clave la intervención psicológica en emergencias?

Las emergencias no solo generan daño inmediato, sino que también erosionan redes de apoyo, incrementan la desigualdad y agravan problemas sociales y de salud mental preexistentes. Por ello, la atención psicológica no es un complemento, sino un componente esencial de la respuesta humanitaria (IASC, 2007; WHO, 2025).

El IASC señala que las crisis afectan simultáneamente a distintos niveles:

Impacto social

  • Problemas sociales previos que se intensifican (pobreza, discriminación, marginación).
  • Problemas sociales generados por la emergencia (separación familiar, ruptura de redes comunitarias, aumento de la violencia).
  • Problemas derivados de la propia asistencia humanitaria, cuando debilita estructuras comunitarias tradicionales (IASC, 2007).

Impacto psicológico

  • Trastornos mentales preexistentes que se agravan.
  • Reacciones emocionales intensas ante la catástrofe, como duelo, miedo, ansiedad o síntomas de estrés postraumático.
  • Malestar asociado a la incertidumbre, la falta de información o la pérdida de control sobre la propia vida (IASC, 2007; WHO, 2025).

Esto muestra que la salud mental y el bienestar psicosocial van mucho más allá del tratamiento del trauma, implica acompañar procesos individuales y colectivos de adaptación, afrontamiento y reconstrucción.

Funciones del psicólogo en la respuesta a emergencias

Teniendo en cuenta lo anterior, las directrices internacionales destacan múltiples acciones en las que los profesionales de la psicología tienen un papel clave dentro de equipos interdisciplinarios (WHO, 2025; IASC, 2007):

  • Integrar el apoyo psicosocial y la salud mental en los planes de preparación y respuesta ante emergencias.
  • Participar en la coordinación intersectorial para asegurar intervenciones coherentes y culturalmente pertinentes.
  • Fortalecer la autoayuda y el apoyo comunitario, promoviendo la participación activa de la población afectada.
  • Capacitar a personal de primera línea en primeros auxilios psicológicos.
  • Difundir información clara que favorezca el afrontamiento positivo y la búsqueda de ayuda.
  • Brindar atención clínica basada en la evidencia para personas con trastornos mentales prioritarios.
  • Proteger los derechos de personas con afecciones mentales graves, especialmente en contextos institucionales o de desplazamiento.
  • Establecer redes de derivación entre servicios de salud mental, atención general, escuelas y servicios sociales (WHO, 2025; IASC, 2007).

Intervención psicológica según las fases de la emergencia

Estas acciones se dividen en etapas, dado que la actuación del psicólogo no es igual en todos los momentos de la crisis, y las intervenciones deben adaptarse a las necesidades cambiantes de la población a lo largo del tiempo (Infocop, 2025).

1. Fase inmediata (primeras horas y días)

En esta etapa, la prioridad es garantizar seguridad, cubrir necesidades básicas y reducir el malestar agudo. La mayoría de las reacciones psicológicas son respuestas normales ante situaciones extremas.

Aquí, los psicólogos y otros profesionales capacitados aplican primeros auxilios psicológicos, centrados en:

  • Escuchar sin presionar.
  • Brindar información clara y práctica.
  • Ayudar a conectar a las personas con sus redes de apoyo.
  • Favorecer una sensación básica de seguridad y control (Infocop, 2025; WHO, 2025).

2. Fase de corto y medio plazo

Cuando la situación se estabiliza, comienza la identificación de personas cuyo malestar persiste o interfiere con su vida cotidiana. En esta fase se desarrollan acciones como:

  • Espacios grupales de apoyo psicosocial.
  • Intervenciones psicoeducativas sobre reacciones emocionales esperables.
  • Estrategias de manejo del estrés.
  • Derivación a atención especializada cuando se detectan síntomas más graves (Infocop, 2025).

3. Fase de recuperación a largo plazo

A largo plazo, el rol del psicólogo se orienta al tratamiento de trastornos mentales que se han consolidado, como depresión, ansiedad o trastorno de estrés postraumático, y al fortalecimiento de la resiliencia individual y comunitaria.

En esta etapa también se promueven procesos de reconstrucción del proyecto de vida, recuperación de roles sociales y fortalecimiento de vínculos, elementos esenciales para la recuperación integral tras la crisis (Infocop, 2025; IASC, 2007).

Enfoque comunitario y de derechos

Pero estas fases de intervención deben ir más allá de la atención individual, las guías internacionales subrayan la importancia de intervenciones comunitarias que refuercen la cohesión social, la participación y la protección de derechos, por lo que el trabajo psicológico en emergencias implica también:

  • Reconocer y fortalecer los recursos propios de la comunidad.
  • Evitar prácticas que generen dependencia o debiliten redes locales.
  • Promover la inclusión de grupos especialmente vulnerables (personas mayores, infancia, personas con discapacidad o con trastornos mentales graves) (IASC, 2007; WHO, 2025).

De esta manera, el psicólogo no solo atiende el sufrimiento individual, sino que contribuye a reconstruir el tejido social y a crear condiciones que favorezcan la recuperación colectiva.

Conclusión

El rol del psicólogo en emergencias y desastres es esencial para reducir el sufrimiento, prevenir complicaciones a largo plazo y fortalecer la resiliencia de personas y comunidades. Integrar la salud mental y el apoyo psicosocial en todas las fases de la respuesta humanitaria no es un lujo, sino una necesidad para una recuperación verdaderamente integral (WHO, 2025; IASC, 2007; Infocop, 2025).

 

Referencias

  • World Health Organization: WHO. (2025). La salud mental en las situaciones de emergencia. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-in-emergencies
  •  Inter Agency Standing Comitee: IASC. (2007). Guía del IASC sobre salud mental y apoyo psicosocial en emergencias humanitarias y catástrofes.
  • Infocop. (2025). La necesidad de cuidar la salud mental en contextos de emergencias y catástrofes – Infocop. Infocop. https://www.infocop.es/la-necesidad-de-cuidar-la-salud-mental-en-contextos-de-emergencias-y-catastrofes-2/

Psicología y el cuidar en medio de crisis

En momentos de crisis la salud mental puede pasar a un segundo plano frente a las necesidades básicas urgentes, pero aún así sigue viéndose afectada. Por lo cual es necesario aprender a mantener el cuidado de la salud mental en situaciones de crisis, aunque no creamos que tengamos tiempo para ello.

El impacto psicológico de las emergencias

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2025), las crisis afectan a las familias, los medios de vida y los servicios esenciales, y tienen consecuencias significativas en la salud mental, causando que la mayoría de las personas afectadas experimenten malestar psicológico, y una parte de ellas desarrolle trastornos como depresión o estrés postraumático.

Así, se comprende que las emergencias no solo agravan condiciones de salud mental preexistentes, sino que también pueden dar lugar a nuevos problemas. La separación familiar, la pérdida de redes de apoyo, la pobreza sobrevenida o el aumento del consumo de sustancias son algunos de los factores que incrementan el riesgo psicosocial en estos contextos (OMS, 2025)

¿Por qué es clave el apoyo psicosocial en crisis?

Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende que el cuidado de la salud mental en la crisis es clave para mantener el bienestar de la población, dado que como menciona Garza (2025) “ el trabajo en salud mental y apoyo psicosocial con poblaciones afectadas por emergencias tiene efectos decisivos tanto a corto como a largo plazo” en áreas tales como.

  •  Cuidado de la vida y la dignidad

  •  
  •  Prevención de trastornos a largo plazo

  •  
  • Fortalecimiento de la resiliencia comunitaria

  •  
  •  Mejora en la toma de decisiones y la respuesta

  •  
  • Reducción de tensiones y conflictos

Consecuencias de no atender la salud mental

De este modo se puede cuidar de la salud mental en situaciones de crisis, sin embargo, cuando el malestar emocional posterior a una crisis no es atendido, pueden aparecer efectos a largo plazo que impactan múltiples áreas de la vida.

De acuerdo con Infocop (2025) a nivel psicológico y conductual, pueden desarrollarse trastornos de ansiedad, depresión, estrés postraumático, aislamiento social, dificultades en las relaciones, autolesiones e incluso pensamientos suicidas. Además, pueden desarrollarse enfermedades físicas relacionadas a un mayor riesgo de enfermedades crónicas como afecciones cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares o diabetes tipo 2. Mientras a nivel social y comunitario, el impacto se refleja en el deterioro del tejido social, la pérdida de confianza y una disminución general de la calidad de vida de las personas afectadas.

Debido a esto, es necesario seguir las directrices internacionales que recomiendan integrar el apoyo psicosocial y la atención a la salud mental en todas las fases de la respuesta a emergencias. Esto incluye acciones que van desde la autoayuda y el apoyo comunitario, hasta los primeros auxilios psicológicos y la atención clínica especializada, incorporando la reducción del riesgo de desastres en la planificación y preparación para disminuir el impacto psicológico de futuras crisis (WHO, 2025).

 

Referencias

  • World Health Organization: WHO. (2025). La salud mental en las situaciones de emergencia. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-in-emergencies
  • Garza, V. (2025). Salud mental en emergencias humanitarias | Médicos del Mundo. Médicos del Mundo. https://www.medicosdelmundo.org/blog/blog/salud-mental-emergencias/
  • Infocop. (2025). La necesidad de cuidar la salud mental en contextos de emergencias y catástrofes – Infocop. Infocop. https://www.infocop.es/la-necesidad-de-cuidar-la-salud-mental-en-contextos-de-emergencias-y-catastrofes-2/

Participación juvenil en salud mental

El rol de los jóvenes en la salud mental es igual de importante que el de los adultos, el involucrarnos en el aprendizaje sobre la salud mental, y promover su deseo de abogar por esta permite que desarrollen un sentido de sí mismos, además de formar comunidad. De acuerdo con UNICEF Youth‑Led Action (s. f.), la participación en la salud mental no es un tema aislado, es un elemento central que permite a las juventudes crear vínculos significativos, aprender de forma efectiva y participar activamente en sus comunidades, incluyendo el liderazgo de procesos de cambio social.

Salud mental: base para el liderazgo juvenil

Las y los jóvenes que impulsan transformaciones sociales suelen enfrentar resistencia política, sobrecarga de responsabilidades y frustraciones constantes. Sin el apoyo adecuado, pueden experimentar agotamiento emocional, aislamiento social y burnout. Por ello, UNICEF Youth‑Led Action (s. f.) subraya que el bienestar psicosocial es uno de los recursos más valiosos para quienes lideran cambios en sus territorios.

Fortalecer la salud mental de jóvenes agentes de cambio no sustituye la necesidad de transformaciones estructurales. Muchas juventudes desarrollan su activismo en contextos marcados por desigualdades y falta de apoyo institucional, por tanto, es fundamental que quienes ocupan posiciones de poder trabajen para derribar barreras estructurales y garantizar condiciones que permitan una participación juvenil sostenida y significativa (UNICEF Youth‑Led Action, s. f.).

¿Por qué el bienestar psicosocial es clave para jóvenes agentes de cambio?

Según UNICEF Youth‑Led Action (s. f.), la salud mental y el bienestar psicosocial fortalecen múltiples dimensiones del liderazgo juvenil:

Resiliencia y perseverancia

El activismo juvenil implica enfrentar críticas, obstáculos y retrocesos. Una base sólida de bienestar emocional ayuda a desarrollar resiliencia, permitiendo afrontar la adversidad sin abandonar los objetivos colectivos.

Creatividad y solución de problemas

El bienestar mental favorece la flexibilidad cognitiva y la creatividad, habilidades esenciales para diseñar soluciones innovadoras frente a problemas sociales complejos.

Sostenibilidad del impacto

El cambio social es un proceso a largo plazo. Priorizar la salud mental reduce el riesgo de agotamiento y favorece la continuidad de las iniciativas juveniles en el tiempo.

Relaciones saludables y trabajo en equipo

El bienestar psicosocial es clave para establecer vínculos basados en la empatía, la comunicación efectiva y la colaboración, elementos fundamentales en cualquier proceso de incidencia social.

Autocompasión y manejo de la autoexigencia

Muchas y muchos jóvenes activistas enfrentan altos niveles de presión personal. Cuidar la salud mental promueve la autocompasión, ayuda a ajustar expectativas y previene dinámicas de autoexigencia extrema.

Inspirar a otras personas

Al priorizar su propio bienestar, jóvenes líderes también modelan prácticas de autocuidado y contribuyen a normalizar la salud mental como una prioridad colectiva.

Cuidar la salud mental mientras se ejerce el activismo

Teniendo en cuenta los efectos del activismo juvenil en la salud mental, también se debe tener en cuenta el autocuidado de estos activistas. Debido a esto, UNICEF Youth‑Led Action (s. f.) propone como herramientas para el autocuidado:

Cuidar las emociones

Reconocer y comprender las propias emociones.

  • Hacer pausas para identificar cómo se sienten a lo largo del día.
  • Recordar que todas las emociones son válidas y forman parte de la experiencia humana.
  • Buscar formas saludables de afrontamiento, como hablar con alguien de confianza, realizar actividades agradables o practicar técnicas de respiración.
  • Comunicar de forma asertiva necesidades y límites.
  • Implementar estrategias sencillas de manejo del estrés, como la respiración profunda.

Reconocer cuándo se necesita apoyo

Señales como el cansancio constante, la pérdida de interés en actividades habituales, la dificultad para concentrarse, el aislamiento social o sentimientos persistentes de tristeza pueden indicar la necesidad de apoyo adicional (UNICEF Youth‑Led Action, s. f.).

Buscar redes de apoyo

El acompañamiento puede encontrarse en amistades, personas adultas de confianza, líderes comunitarios u otras juventudes que atraviesan experiencias similares. Contar con una red de apoyo fortalece la capacidad de afrontar momentos difíciles.

Estas herramientas son esenciales para el mantenimiento del bienestar emocional de los activistas, quienes deben recordar que abogar por el cuidado de los otros no debe implicar descuidarse a uno mismo.

Incidencia juvenil en políticas de salud mental

Teniendo en cuenta la importancia de la participación juvenil, Aceron, Gilo y Maglanque (2025) destacan que la ausencia de representación juvenil en espacios de formulación de políticas limita la construcción de respuestas efectivas, puesto que las juventudes, al ser uno de los grupos más afectados, poseen conocimientos situados que pueden enriquecer la toma de decisiones.

En el estudio de estos autores se muestra como en el caso de Filipinas  jóvenes organizados lograron generar evidencia desde sus comunidades sobre la falta de servicios de salud mental, la escasa difusión de información y la insuficiente asignación de recursos, y a través de procesos de monitoreo participativo y formación en rendición de cuentas, fortalecieron sus capacidades para dialogar con autoridades locales, proponer mejoras y exigir mayor acceso y calidad en los servicios (Aceron et al., 2025).

Juventudes que transforman sistemas

La experiencia documentada por Aceron y colegas (2025) muestra que, cuando las juventudes cuentan con formación, redes y espacios de participación, pueden incidir en políticas públicas, generar alianzas multisectoriales y ampliar el alcance de sus acciones. La articulación entre jóvenes, comunidades y distintos niveles de gobierno fortalece la rendición de cuentas y promueve cambios sostenibles en los sistemas de salud.

Así, es importante comprender que la participación juvenil en salud mental es una fuerza transformadora con la que se debe de colaborar para avanzar en transformaciones estructurales que garanticen recursos, espacios de decisión y reconocimiento del papel protagónico de las juventudes en la construcción de sociedades más saludables y justas.

 

Referencias

  • UNICEF Youth-Led Action. (n.d.) Mental wellness as a young changemaker. https://www.unicef.org/youthledaction/mental-wellness
  • Aceron J, Gilo KP, Maglanque MV. (2025). Enabling youth to lead mental health advocacy: the case of the Philippines. J Community Syst Health [Internet].;2(1). Available from: https://journals.ub.umu.se/index.php/jcsh/article/view/1285

Juventud y salud mental: voces que transforman

En un mundo donde la salud mental se ve cada vez más afectada, ha nacido el fenómeno del activismo juvenil. Con el avance de las redes sociales muchos jóvenes han decidido compartir sus experiencias relacionadas a la salud mental, la terapia y la medicación. Aunque este fenómeno puede conllevar riesgos de desinformación, también ha contribuido de manera significativa a reducir el estigma y abrir conversaciones que antes estaban rodeadas de silencio.

La participación juvenil no es casual ni superficial. De hecho, la salud mental es una de las principales áreas en las que las y los jóvenes dicen querer influir activamente: programas, políticas, leyes, servicios, normas sociales e investigación. Existe un deseo claro de transformar la conversación pública y crear más espacios donde otras personas jóvenes puedan expresarse con libertad (UNICEF Youth-Led Action, s. f.).

Jóvenes como agentes de cambio en salud mental

Las juventudes lideran procesos de cambio; su cercanía con las realidades actuales les da una perspectiva que muchas veces falta en los espacios tradicionales de toma de decisiones, dado que a diferencia de los adultos, las y los jóvenes comprenden de primera mano las presiones académicas, sociales y económicas que atraviesan su generación, así como las barreras que enfrentan para acceder a apoyo en salud mental (Mental Health America, 2025).

Además, su capacidad para comunicarse en el lenguaje de sus pares fortalece la credibilidad de los mensajes que promueven. Esta conexión facilita que más jóvenes se sientan identificados, busquen información y consideren la posibilidad de pedir ayuda cuando la necesitan. También aportan miradas frescas que cuestionan ideas que durante años se han dado por sentadas, impulsando cambios en políticas y sistemas que no siempre han respondido a sus necesidades reales (Mental Health America, 2025).

El impacto de visibilizar las experiencias

Cuando una persona joven habla abiertamente sobre su proceso de salud mental, puede estar ayudando a muchas otras a ponerle nombre a lo que sienten. Estas narrativas personales contribuyen a normalizar la búsqueda de apoyo psicológico y a mostrar que atravesar dificultades emocionales no es un signo de debilidad, sino una experiencia humana que merece atención y cuidado.

Al mismo tiempo, estas voces juveniles ayudan a transformar la percepción pública de la salud mental. Al compartir historias reales, se desafían estereotipos, se reduce la vergüenza asociada a los diagnósticos y se promueve una cultura más empática e informada (UNICEF Youth-Led Action, s. f.).

Los retos del activismo juvenil en salud mental

Liderar conversaciones sobre salud mental también implica desafíos particulares. Las y los jóvenes que se convierten en figuras visibles dentro de estos movimientos pueden enfrentarse al estigma, a críticas o a la invalidación de sus experiencias. Esto puede generar una carga emocional adicional que requiere apoyo y acompañamiento adecuados (UNICEF Youth-Led Action, s. f.).

Asimismo, es frecuente que otras personas recurran a estos jóvenes activistas para compartir experiencias personales difíciles o pedir orientación. Sin la formación adecuada, esta situación puede resultar abrumadora. Por eso, es importante que cuenten con orientación sobre cómo manejar estas conversaciones, ofrecer información responsable y derivar a servicios profesionales cuando sea necesario (UNICEF Youth-Led Action, s. f.).

Otro aspecto clave es el cuidado de su propia salud mental. Quienes promueven el bienestar emocional de otros también necesitan espacios seguros, redes de apoyo y recursos para proteger su propio bienestar (UNICEF Youth-Led Action, s. f.).

Conclusión: escuchar para transformar

El activismo juvenil en salud mental está cambiando la forma en que hablamos, entendemos y abordamos el bienestar emocional. Al abrir espacios de diálogo, compartir experiencias y exigir sistemas más humanos y accesibles, las juventudes están ayudando a construir una cultura donde la salud mental importa y se atiende con seriedad.

Reconocer su liderazgo, ofrecerles apoyo adecuado y trabajar junto a ellas y ellos es fundamental para lograr transformaciones sostenibles. Cuando las voces jóvenes son escuchadas, no solo se benefician quienes participan en el activismo, sino comunidades enteras que aprenden a mirar la salud mental con mayor empatía, información y compromiso.

 

Referencias

  • UNICEF Youth-Led Action. (n.d). Youth-led action for mental health. https://www.unicef.org/youthledaction/change-area-mental-health
  • Mental Health America. (2025). From data to action: Spotlight on youth advocacy | Mental Health America. https://mhanational.org/the-state-of-mental-health-in-america/spotlight-youth-mental-health-advocacy/

La importancia de la amistad en la adultez

La amistad es un elemento importante de la vida de las personas; el poder socializar con otros y hablar con ellos es parte esencial del autocuidado. Sin embargo, durante la adultez el aumento de las responsabilidades laborales y familiares implica que se pierde el tiempo de relacionarse con otros, causando que los adultos se vean aislados y se les dificulte mantener o crear nuevas amistades.

Así, es importante mantener las amistades en la adultez, como demuestran investigaciones de Pezirkianidis et al., 2023 y Abrams, 2023, las cuales mencionan que  aunque las redes sociales tienden a reducirse con la edad, las amistades que se conservan adquieren mayor profundidad y significado, influyendo de manera directa en la salud mental y física.

¿Qué es la amistad en la adultez?

La amistad adulta se define como una relación voluntaria, recíproca, informal y generalmente duradera entre dos personas. A diferencia de los vínculos familiares o laborales, las amistades se sostienen principalmente por elección mutua, afinidad emocional y compromiso afectivo (Pezirkianidis et al., 2023).

Estas relaciones cumplen múltiples funciones psicológicas y sociales que se vuelven especialmente relevantes en etapas de transición, estrés o cambio vital.

Funciones psicológicas de la amistad adulta

La literatura científica ha identificado varias funciones clave que explican por qué las amistades influyen de forma tan profunda en el bienestar:

1. Apoyo social

Las amistades proporcionan distintos tipos de apoyo:

  • Apoyo emocional, como comprensión, afecto, confianza y compañía.
  • Apoyo instrumental, que incluye ayuda práctica o material.
  • Apoyo informativo, basado en consejos, orientación y retroalimentación.

Este apoyo permite afrontar situaciones difíciles con mayor sensación de contención y menor carga emocional (Pezirkianidis et al., 2023).

2. Seguridad emocional

Las amistades ofrecen un sentido de seguridad frente a situaciones nuevas, inciertas o amenazantes. Saber que se cuenta con alguien disponible reduce el impacto del estrés y amortigua las consecuencias emocionales de los eventos negativos de la vida (Pezirkianidis et al., 2023).

3. Alianza confiable

Una amistad sólida se basa en la lealtad y la disponibilidad constante. Esta percepción de estabilidad relacional fortalece la sensación de no estar solo ante las dificultades, lo cual es clave para la resiliencia psicológica (Pezirkianidis et al., 2023).

4. Autovalidación

Los amigos ayudan a reforzar una imagen positiva de uno mismo a través del reconocimiento, la motivación y la validación emocional. Este proceso favorece la autoestima y el mantenimiento de una identidad personal coherente (Pezirkianidis et al., 2023).

5. Intimidad

La amistad también implica la posibilidad de compartir pensamientos, emociones y experiencias personales de manera honesta. La autorrevelación recíproca fortalece la confianza y profundiza el vínculo emocional (Pezirkianidis et al., 2023).

Cantidad vs. calidad de las amistades

En la adultez, no solo importa cuántos amigos se tienen, sino la calidad de esos vínculos. La mayoría de las personas mantiene redes sociales pequeñas compuestas por amistades cercanas y duraderas, estas relaciones suelen organizarse en distintos niveles de cercanía, desde mejores amigos hasta amistades más casuales, y cada nivel cumple funciones emocionales diferentes (Pezirkianidis et al., 2023).

La evidencia sugiere que la calidad de las amistades es un predictor más fuerte del bienestar que la cantidad de relaciones sociales.

Amistad, salud mental y bienestar

Las relaciones positivas y de apoyo se asocian con mayores niveles de bienestar psicológico, más emociones positivas y una mayor sensación de sentido en la vida. Además, se relacionan con mayor resiliencia, mejor manejo del estrés y mayor compromiso con metas personales significativas (Pezirkianidis et al., 2023).

Sumado a esto, el contar con vínculos sociales sólidos actúa como un factor protector frente a problemas como la depresión, la ansiedad y la soledad. Las personas que perciben mayor apoyo social tienden a experimentar más calma y seguridad emocional en su vida cotidiana (Pezirkianidis et al., 2023).

Amistad y salud física

La ciencia también respalda la conexión entre amistad y salud física. Las personas con relaciones cercanas y de confianza reportan mayor satisfacción con la vida y menor probabilidad de presentar síntomas depresivos. Asimismo, presentan menor riesgo de mortalidad por diversas causas, incluyendo enfermedades cardiovasculares y condiciones crónicas (Abrams, 2023).

Por el contrario, el aislamiento social, la soledad y las relaciones de baja calidad se asocian con un mayor riesgo de deterioro de la salud y muerte prematura (Abrams, 2023).

Cultivar amistades en la adultez

Aunque el tiempo sea limitado, invertir en amistades es una decisión de autocuidado. Mantener el contacto, compartir actividades significativas y expresar apoyo emocional fortalece vínculos que actúan como una red de protección psicológica y física.

Lejos de ser un lujo, la amistad en la adultez es un recurso esencial para el bienestar integral y una de las bases más sólidas de la salud mental a lo largo de la vida.

Referencias

  • Pezirkianidis, C., Galanaki, E., Raftopoulou, G., Moraitou, D., & Stalikas, A. (2023). Adult friendship and wellbeing: A systematic review with practical implications. Frontiers in psychology, 14, 1059057. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1059057
  • Abrams, Z. (2023). The science of why friendships keep us healthy. https://www.apa.org. https://www.apa.org/monitor/2023/06/cover-story-science-friendship

Amistades tóxicas y su impacto en la salud mental

Algunas veces las personas con las que crecemos y somos más cercanas nos puedes hacer daño sin que lo notemos. La expectativa de apoyo unilateral, chistes o comentarios ligados a inseguridades, entre otro tipo de actitudes, generan una relación donde uno de los involucrados recibe todo el apoyo y el otro solo recibe burlas, causando una relación tóxica.

Debido a las características de estas relaciones muchas personas pueden no reconocer cuando viven inmiscuidos en una amistad tóxica, por lo cual es necesario aprender a reconocerlas y comprender su impacto en la salud mental.

¿Qué es una amistad tóxica?

Una amistad tóxica es aquella en la que existe un patrón de interacciones que dañan el bienestar emocional de una de las personas involucradas. Según Esperansa, et al (2023), una amistad con influencia negativa puede afectar nuestros pensamientos, acciones y forma de vernos a nosotros mismos. Incluso señalan que dentro de algunas amistades pueden aparecer dinámicas de acoso o intimidación que suelen pasar desapercibidas por tratarse de alguien “cercano”.

Desde el enfoque de la teoría estímulo–organismo–respuesta (S-O-R), citada Esperansa, et al (2023) la comunicación dentro de la amistad puede convertirse en un estímulo constante que impacta la forma en que la persona se percibe y reacciona emocionalmente. Factores como la baja autoestima, dificultades para interpretar señales sociales, síntomas depresivos o ciertos rasgos de personalidad pueden influir en que alguien adopte comportamientos dañinos dentro de la relación.

Formas de violencia dentro de la amistad

La investigación sobre victimización en la amistad ha mostrado que no toda la violencia entre pares ocurre en contextos abiertos como la escuela o redes sociales. Dryburgh, et al (2025) explican que, debido a la cercanía emocional, en las amistades pueden aparecer formas específicas de agresión, como:

  • Agresión relacional, que busca dañar el vínculo (exclusión, rumores, manipulación social).
  • Coerción y control, donde una persona intenta dominar decisiones, amistades u opiniones de la otra.
  • Uso de información personal para hacer daño, aprovechando la intimidad compartida.

Estas dinámicas pueden ser especialmente dañinas porque la amistad, en teoría, es un espacio de confianza, y la traición de esa confianza incrementa la vulnerabilidad emocional.

Señales de una amistad tóxica

De acuerdo con Raypole (2020), las amistades tóxicas no se refieren a un solo desacuerdo, sino que se presentan cuando hay un patrón repetido de conductas que generan malestar, algunos de los comportamientos frecuentes en amistades tóxicas son:

1. Desvalorización constante

Burlas frecuentes, críticas disfrazadas de “bromas” o comentarios que atacan inseguridades personales pueden afectar profundamente la autoestima.

2. Falta de respeto por la confianza

Compartir secretos, divulgar información personal o usar lo que se ha confiado para avergonzar o manipular es una señal clara de una relación poco segura.

3. Disculpas poco sinceras

Frases como “lo siento si te ofendiste” minimizan el daño y evitan asumir responsabilidad real por lo ocurrido.

4. Relaciones desequilibradas

La relación gira siempre alrededor de las necesidades, problemas y emociones de una sola persona, mientras la otra se siente ignorada o poco importante.

5. Comparaciones constantes

Hacer sentir que “no eres suficiente” al compararte con otras personas erosiona la autoconfianza y genera inseguridad.

6. Inestabilidad emocional

Reacciones impredecibles, cambios bruscos de trato o explosiones de enojo por situaciones pequeñas pueden hacer que la otra persona se sienta en alerta constante.

Impacto en la salud mental

Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende que las amistades tóxicas no solo generan incomodidad momentánea, sino que pueden tener efectos profundos en el ajuste emocional y social.

Dryburgh, et al (2025) encontraron que la victimización dentro de la amistad se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y dificultades en la adaptación social. Además, quienes sufren este tipo de dinámicas en una amistad pueden tener más probabilidad de experimentar relaciones dañinas en otros contextos, como relaciones de pareja o con otros grupos de pares.

Un aspecto especialmente preocupante es que muchas personas no terminan estas amistades, aun cuando son dañinas. Esto puede deberse a que todavía perciben ciertos beneficios del vínculo, al miedo a quedarse sin grupo social o a la normalización del maltrato, y como resultado, la exposición al daño se prolonga en el tiempo.

Por su parte, Raypole (2020) señala que pasar tiempo con amistades que invalidan, critican o manipulan puede aumentar el estrés, disminuir la autoestima, generar sentimientos de soledad y afectar la confianza en otras relaciones. Con el tiempo, la persona puede empezar a dudar de sí misma e incluso culparse por el maltrato recibido.

¿Por qué es tan difícil reconocerlas?

Las amistades tóxicas suelen mezclarse con momentos positivos, recuerdos compartidos y lealtades antiguas. Además, el hecho de que el daño provenga de alguien cercano puede generar confusión, culpa o la esperanza de que la persona “va a cambiar”.

Dryburgh et al. (2025) destacan que la intimidad propia de la amistad puede aumentar la vulnerabilidad: cuanto más compartimos de nosotros mismos, más herramientas tiene la otra persona para herirnos si la relación se vuelve dañina.

Cuidar la salud mental también implica revisar nuestras amistades

Reconocer una amistad tóxica no significa culparnos por haber estado allí, sino entender que merecemos relaciones basadas en el respeto, el apoyo mutuo y la seguridad emocional. Las amistades saludables fortalecen la autoestima, brindan contención en momentos difíciles y permiten crecer sin miedo al juicio constante.

Aprender a poner límites, buscar apoyo en otras redes y, cuando sea necesario, tomar distancia de relaciones que dañan, es también una forma de cuidado de la salud mental.

 

Referencias

  • Esperansa, S. T., Siva, N., Saraswati, I. a. P., Wisnawa, K. S. C., & Kistian, A. (2023). The Effect of Toxic Friendship on Students’ Mental Health. APLIKATIF Journal of Research Trends in Social Sciences and Humanities, 2(2), 59–66. https://doi.org/10.59110/aplikatif.v2i2.124
  • Dryburgh, N. S. J., Martin-Storey, A., Craig, W. M., Holfeld, B., & Dirks, M. A. (2025). Quantifying Toxic Friendship: A Preliminary Investigation of a Measure of Victimization in the Friendships of Adolescents. Journal of interpersonal violence, 40(7-8), 1800–1823. https://doi.org/10.1177/08862605241265418
  • Raypole, C. (2020). In a Toxic Friendship? Here’s What to Look For (and How to Handle It). Healthline. https://www.healthline.com/health/toxic-friendships

TOC: Mitos y realidades

El Trastorno Obsesivo Compulsivo es un problema de salud mental que no suele reconocerse fuera de un estereotipo sobre el exceso de limpieza. Debido a esto, existen muchos mitos sobre el TOC que afectan el reconocimiento de este trastorno en las personas que lo presentan y sus familiares, aumentando la estigmatización hacia quienes viven con el trastorno (Mind, n.d.; International OCD Foundation, 2024).

Estigma y conceptos erróneos sobre el TOC

De acuerdo con Mind (n.d) el estigma hacia el TOC hace referencia a las opiniones o creencias negativas basadas en ideas inexactas que suelen basarse en información incompleta o malinterpretada, las cuales pueden generar incomprensión, burlas o juicios hacia quienes lo padecen, e incluso provocar que la propia persona desarrolle autoestigma, lo que puede hacer que las personas tarden años en reconocer que lo que les ocurre tiene un nombre y un tratamiento posible (Mind, n.d.; International OCD Foundation, 2024).

Estereotipos frecuentes sobre el TOC

Existen numerosos estereotipos que simplifican el TOC, uno de los más comunes es pensar que solo implica lavarse las manos con frecuencia o mantener todo perfectamente ordenado. Aunque algunas personas con TOC pueden presentar obsesiones relacionadas con la contaminación o la simetría, el trastorno es mucho más amplio y diverso (Mind, n.d.; International OCD Foundation, 2024).

La trivialización del TOC

Debido a estos estereotipos, el TOC a menudo se trivializa en conversaciones cotidianas, redes sociales o incluso en publicidad. Expresiones como “soy un poco TOC” para referirse a ser ordenado o detallista minimizan el sufrimiento real que puede implicar este trastorno. Este uso informal del término transmite la idea de que el TOC es algo gracioso o leve, cuando en realidad puede llegar a ser profundamente incapacitante (Mind, n.d.; International OCD Foundation, 2024).

Siendo esta repetición constante de bromas o comentarios despectivos contribuye a crear un entorno en el que las personas con TOC pueden sentirse incomprendidas, ridiculizadas o poco tomadas en serio, lo que dificulta que hablen abiertamente de sus síntomas y busquen apoyo (Mind, n.d.).

Teniendo en cuenta lo anterior, existen diferentes mitos relacionados al TOC que dificultan su reconocimiento, de acuerdo con la International OCD FOundation (2024) son:

Mito 1: “El TOC es solo ser muy limpio u organizado”

Aunque la preocupación por la contaminación y la necesidad de orden pueden formar parte del TOC, el trastorno va mucho más allá. Las obsesiones pueden centrarse en temas como la violencia, la sexualidad, la religión, la responsabilidad, la identidad o las relaciones. Las compulsiones asociadas no se realizan por gusto, sino para reducir una ansiedad intensa o prevenir consecuencias temidas (International OCD Foundation, 2024).

Mito 2: “El TOC es solo una manía o rasgo de personalidad”

El TOC no es una simple preferencia por el orden ni un rasgo de personalidad. Es una condición de salud mental que implica pensamientos intrusivos no deseados y comportamientos o actos mentales repetitivos que la persona siente que debe realizar para aliviar su malestar. Aunque muchas personas reconocen que sus temores son exagerados, sienten una gran dificultad para dejar de realizar las compulsiones (International OCD Foundation, 2024).

Mito 3: “Las compulsiones siempre son conductas visibles”

No todas las compulsiones son acciones observables. Algunas son mentales, como contar, repetir frases en silencio, revisar mentalmente recuerdos o rezar de forma repetitiva para neutralizar la ansiedad. Estas compulsiones mentales pueden pasar desapercibidas para los demás, pero generan un gran desgaste y ocupan mucho tiempo (International OCD Foundation, 2024).

Mito 4: “El TOC es raro”

El TOC puede afectar a personas de distintas edades, géneros y contextos. No es un problema aislado ni excepcional. Pensar que es “muy raro” contribuye a que quienes lo padecen se sientan solos o “extraños”, lo cual refuerza el estigma y retrasa la búsqueda de ayuda (International OCD Foundation, 2024).

Mito 5: “Todo el mundo es un poco TOC”

Es común escuchar que alguien es “un poco TOC” por ser detallista o cuidadoso. Sin embargo, en el TOC las obsesiones y compulsiones consumen una cantidad significativa de tiempo, generan un malestar intenso e interfieren con la vida diaria. Reducir el trastorno a una característica de personalidad invisibiliza el sufrimiento real de quienes lo viven (International OCD Foundation, 2024).

Mito 6: “El TOC es una fase y se pasa solo”

El TOC es un trastorno que requiere atención profesional. Sin tratamiento, los síntomas pueden mantenerse o incluso empeorar con el tiempo. La detección e intervención tempranas pueden ayudar a reducir el impacto del trastorno en la vida de la persona (International OCD Foundation, 2024).

Mito 7: “El TOC se debe a falta de carácter o fuerza de voluntad”

Las personas con TOC no eligen tener pensamientos intrusivos ni realizar compulsiones. No se trata de falta de voluntad, sino de un problema de salud mental que necesita comprensión y tratamiento adecuado. Culpar a la persona solo aumenta la culpa y la vergüenza, y dificulta que busque ayuda (International OCD Foundation, 2024).

Mito 8: “El TOC no tiene tratamiento”

Existen tratamientos eficaces para el TOC. La Exposición con Prevención de Respuesta (EPR o ERP, por sus siglas en inglés) es una de las intervenciones psicológicas con mayor respaldo. En algunos casos, también se utilizan medicamentos bajo supervisión médica. Con el apoyo adecuado, muchas personas logran reducir de forma significativa sus síntomas y mejorar su calidad de vida (International OCD Foundation, 2024).

Mito 9: “Evitar los desencadenantes cura el TOC”

Evitar situaciones, lugares o pensamientos que generan ansiedad puede parecer útil a corto plazo, pero a largo plazo suele mantener o intensificar el problema. La evitación refuerza la idea de que el peligro es real y que la persona no puede afrontarlo, lo que puede ampliar cada vez más las limitaciones en la vida diaria (International OCD Foundation, 2024).

Mito 10: “El TOC es igual para todo el mundo”

El TOC puede manifestarse de muchas formas diferentes. Las obsesiones pueden estar relacionadas con la contaminación, el daño, la moralidad, la identidad, la responsabilidad o la necesidad de que las cosas se sientan “correctas”. Las compulsiones también varían y pueden ser físicas o mentales. Por ello, es importante que la evaluación y el tratamiento sean realizados por profesionales de la salud mental (International OCD Foundation, 2024).

Culpa, vergüenza y autoestigma

Estos mitos relacionados con el TOC hacen que incluso las personas que lo sufren no reconozcan la realidad del trastorno, por lo cual tienden a sentir vergüenza, culpa o miedo  por el contenido de sus pensamientos intrusivos, especialmente cuando estos se relacionan con temas que consideran inaceptables o contrarios a sus valores. Lo que puede llevar a ocultar los síntomas y a sufrir en silencio. 

Reconocer que estos pensamientos forman parte de un trastorno y no definen a la persona es un paso importante para reducir el autoestigma y buscar apoyo (Mind, n.d.; International OCD Foundation, 2024).

Romper mitos para reducir el estigma

Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende que la falta de información precisa sobre el TOC contribuye al estigma y a la discriminación, por lo cual desmentir mitos y promover una comprensión más realista del trastorno puede favorecer entornos más empáticos e inclusivos. Esto no solo facilita que más personas busquen ayuda, sino que también mejora el apoyo social hacia quienes viven con TOC (International OCD Foundation, 2024; Mind, n.d.).

 

Referencias

TOC: un trastorno incomprendido

El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) suele aparecer en películas y series, pero con frecuencia se muestra de forma reducida y estereotipada, casi siempre asociado únicamente con la limpieza o el orden. Esta representación limitada hace que muchas personas no se reconozcan en los síntomas reales del trastorno y, en consecuencia, puedan pasar años sufriendo sin entender qué les ocurre.

En realidad, el TOC es un trastorno de salud mental serio que puede llegar a ser profundamente incapacitante y afectar a personas de todas las edades y contextos de vida (International OCD Foundation, 2025).

¿Qué es el TOC?

El TOC se caracteriza por un patrón de obsesiones y compulsiones que interfieren de manera significativa en la vida diaria y generan un alto malestar emocional (Mayo Clinic, n.d.; International OCD Foundation, 2025).

  • Obsesiones: pensamientos, imágenes o impulsos no deseados, intrusivos y repetitivos que generan ansiedad, miedo, asco o duda intensa.
  • Compulsiones: conductas o actos mentales repetitivos que la persona siente que debe realizar para reducir la ansiedad o evitar que ocurra algo terrible.

Aunque la persona suele reconocer que estos pensamientos o conductas son irracionales o excesivos, siente una necesidad urgente de realizarlos. Esto crea un círculo vicioso: la obsesión genera ansiedad, la compulsión alivia momentáneamente el malestar, pero a largo plazo refuerza el problema (Mayo Clinic, s. f.).

No es lo mismo que ser perfeccionista

Existe una diferencia importante entre tener gustos por el orden o ser detallista y vivir con TOC. En el TOC, las obsesiones y compulsiones consumen tiempo (a menudo más de una hora al día), generan un gran sufrimiento y afectan el trabajo, el estudio, las relaciones o la vida cotidiana (International OCD Foundation, 2025).

Además, los pensamientos del TOC suelen ser ego-distónicos, es decir, van en contra de los valores y deseos de la persona. Quien vive con TOC no disfruta estos pensamientos ni conductas; por el contrario, los experimenta como angustiantes y ajenos a su voluntad (International OCD Foundation, 2025).

Tipos frecuentes de obsesiones

Aunque el TOC se asocia popularmente con la contaminación, las obsesiones pueden tener muchos temas distintos (International OCD Foundation, 2025):

  • Contaminación: miedo intenso a gérmenes, sustancias, suciedad o enfermedades.
  • Daño: temor a hacer daño a uno mismo o a otros, incluso sin desearlo.
  • Responsabilidad excesiva: miedo a ser culpable de que ocurra una tragedia por un descuido.
  • Perfeccionismo: necesidad de que las cosas estén “exactas”, miedo a equivocarse o a no hacer algo “correctamente”.
  • Sexuales: pensamientos sexuales intrusivos no deseados o temores de actuar de forma inapropiada.
  • Religiosas o morales: miedo a ofender a Dios, pecar o actuar de manera inmoral.
  • Identidad: dudas obsesivas sobre la orientación sexual o la identidad de género.
  • Relaciones, memoria o existencia: dudas constantes sobre la relación de pareja, eventos del pasado o preguntas existenciales que generan angustia intensa.

Compulsiones: más que lavarse las manos

Las compulsiones también adoptan muchas formas (International OCD Foundation, 2025):

  • Lavado y limpieza excesiva
  • Comprobación repetida (puertas, estufas, errores, daños)
  • Repeticiones de acciones o movimientos hasta que “se sienta bien”
  • Compulsiones mentales, como rezar, contar, revisar mentalmente recuerdos o “cancelar” pensamientos
  • Ordenar o acomodar objetos hasta alcanzar una sensación de exactitud
  • Buscar tranquilidad constante mediante preguntas o confesiones
  • Evitar situaciones que puedan activar las obsesiones

Estas conductas no se realizan por gusto, sino para disminuir una ansiedad intensa o prevenir una catástrofe temida.

¿Cuándo buscar ayuda?

El TOC puede comenzar en la infancia, la adolescencia o la adultez temprana, y sus síntomas pueden variar en intensidad a lo largo de la vida. Suelen empeorar en momentos de estrés o cambios importantes (Mayo Clinic, s. f.).

Es importante consultar con un profesional de la salud mental cuando los pensamientos y rituales:

  • Ocupan mucho tiempo
  • Generan gran malestar
  • Interfieren con la vida diaria

El TOC no es una cuestión de falta de voluntad. Es un trastorno que requiere atención especializada.

Tratamientos efectivos para el TOC

Afortunadamente, existen tratamientos con sólida evidencia científica. La Terapia de Exposición y Prevención de Respuesta (ERP) es el tratamiento psicológico de primera línea para el TOC. Consiste en exponerse de manera gradual a las situaciones o pensamientos que generan ansiedad, mientras se evita realizar la compulsión. Con el tiempo, el cerebro aprende que la ansiedad disminuye sin necesidad de rituales (International OCD Foundation, 2025; Surles, 2025).

En algunos casos, se pueden utilizar medicamentos antidepresivos del tipo ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), especialmente cuando los síntomas son moderados o graves, o en combinación con la terapia (International OCD Foundation, 2025; Surles, 2025).

Para casos más severos o resistentes, existen otras opciones especializadas que deben ser valoradas por profesionales de salud mental (Surles, 2025).

Conclusión

Teniendo en cuenta lo anterior, se entiende por qué una de las mayores dificultades para las personas con TOC es la falta de comprensión social, dado que existe una propensión a minimizar la gravedad del trastorno, lo cual tiende a retrasar el reconocimiento y el acceso a tratamiento adecuado (International OCD Foundation, 2025).

Hablar del TOC con información clara y basada en evidencia es un paso clave para reducir el estigma y ayudar a que más personas busquen la ayuda que necesitan.

 

Referencias

  • Mayo Clinic (n.d). Trastorno obsesivo compulsivo (TOC) – Síntomas y causas https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/obsessive-compulsive-disorder/symptoms-causes/syc-20354432
  • International OCD Foundation. (2025). About International OCD Foundation | All there is to know about OCD. https://iocdf.org/about-ocd/
  • Surles, T. (2025). Common types of OCD. NOCD. https://www.treatmyocd.com/education/different-types-of-ocd

Habilidades para la vida

Para desarrollarnos de forma saludable en el mundo necesitamos un conjunto de competencias que muchas veces usamos sin darnos cuenta. Sin embargo, cuando no somos conscientes de cuáles son, se vuelve difícil fortalecerlas de manera intencional.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió en 1999 las habilidades para la vida, también llamadas competencias psicosociales, como “la habilidad de una persona para enfrentarse exitosamente a las exigencias y desafíos de la vida diaria” (UNICEF, 2017). Estas habilidades no aparecen de forma automática: se construyen a lo largo de la vida mediante la experiencia, el aprendizaje intencional, la observación de otros y la práctica constante.

Tipos de habilidades para la vida

Las habilidades para la vida suelen agruparse en tres grandes categorías interrelacionadas (UNICEF, 2017):

 Habilidades cognitivas

Permiten analizar situaciones, reconocer alternativas, evaluar ventajas y desventajas, y tomar decisiones responsables. Implican pensamiento crítico, resolución de problemas y la capacidad de asumir las consecuencias de nuestras elecciones.

 Habilidades emocionales

Se relacionan con el reconocimiento y la regulación de las emociones. Ningún sentimiento es negativo en sí mismo; lo importante es cómo lo expresamos. Estas habilidades ayudan a identificar fuentes de tensión, manejar el estrés y responder de manera saludable a los desafíos emocionales.

 Habilidades sociales

Son las destrezas que facilitan la comunicación efectiva, la empatía, la cooperación y la resolución de conflictos. Permiten expresar pensamientos y sentimientos de manera clara y respetuosa, favoreciendo relaciones estables y duraderas.

El fortalecimiento de estas habilidades contribuye a recuperar el control sobre el propio comportamiento y a tomar decisiones informadas, promoviendo valores positivos y relaciones basadas en el respeto y el buen trato (UNICEF, 2017).

¿Por qué son tan importantes hoy?

El enfoque de habilidades para la vida cobró relevancia al observarse un aumento de conductas de riesgo en la infancia y la adolescencia, como el consumo de sustancias, la violencia, el acoso escolar y diversos problemas de salud mental (Jordana, 2025). Frente a este panorama, organismos internacionales promovieron la enseñanza temprana de estas competencias no solo como estrategia de prevención, sino como una vía para fomentar el bienestar integral.

Según este enfoque, adquirir y practicar habilidades para la vida desde la infancia fortalece la comprensión de uno mismo, el respeto por los demás y la capacidad de cooperación, elementos esenciales para la convivencia y la salud mental (Jordana, 2025).

Habilidades para la vida y salud mental adolescente

La adolescencia es una etapa clave para consolidar estas competencias. Durante este periodo se intensifican los desafíos emocionales, sociales y académicos, y las habilidades para la vida actúan como factores protectores frente al malestar psicológico (Jordana, 2025).

En la actualidad, muchos adolescentes enfrentan altos niveles de estrés, sobreexposición digital, presión por el rendimiento y una constante incertidumbre sobre el futuro. En este contexto, contar con recursos para manejar emociones, tomar decisiones responsables y construir relaciones sanas es fundamental para su bienestar mental y emocional.

El desarrollo de habilidades para la vida, por tanto, no solo ayuda a prevenir conductas de riesgo, sino que impulsa el crecimiento personal, la autonomía y la construcción de proyectos de vida con sentido (UNICEF, 2017; Jordana, 2025).

Educar para la vida

Diversas organizaciones han incorporado este enfoque en contextos educativos y comunitarios, reconociendo que la infancia y la adolescencia son momentos privilegiados para aprender y practicar estas competencias (Jordana, 2025). Las habilidades para la vida están directamente relacionadas con las acciones que realizamos por nosotros mismos, por los demás y por el entorno, promoviendo contextos más saludables y relaciones basadas en el respeto.

Fomentarlas implica apostar por una formación integral que vaya más allá del rendimiento académico, y que prepare a las personas para afrontar los retos cotidianos con equilibrio, empatía y responsabilidad.

Referencias

  • UNICEF. (2017=. Habilidades para la vida. Herramientas para el #BuenTrato y la prevención de la violencia. https://www.unicef.org/venezuela/informes/habilidades-para-la-vida-herramientas-para-el-buentrato-y-la-prevenci%C3%B3n-de-la-violencia
  • Jordana, Á. (2025). ¿Qué son las habilidades para la vida y por qué importan en la salud mental adolescente? WHI Institute. https://whi-institute.com/habilidades-para-la-vida-salud-mental-adolescente/

 

¿Qué es la vulnerabilidad?

En la actualidad, la vulnerabilidad suele interpretarse como debilidad. Mostrar emociones, admitir inseguridades o reconocer necesidades puede parecer inapropiado en una cultura que valora la autosuficiencia, el control y las versiones “editadas” de la vida, tanto en relaciones presenciales como en redes sociales. Sin embargo, desde la psicología, la vulnerabilidad es una dimensión fundamental del bienestar emocional y de la construcción de vínculos significativos.

Vulnerabilidad psicológica: riesgos y percepciones

El concepto de vulnerabilidad también ha sido estudiado desde una perspectiva más clínica y conductual. Jonason y De Gregorio (2020) explican que la vulnerabilidad psicológica puede estar compuesta por disposiciones que hacen que una persona parezca más fácil de engañar, manipular o explotar. 

Ciertas características, como la alta confianza interpersonal o dificultades para detectar intenciones dañinas, pueden convertir a algunas personas en blancos de fraudes, engaños en línea o dinámicas relacionales perjudiciales.

Este enfoque muestra que la vulnerabilidad no es un concepto exclusivamente positivo o negativo: depende del contexto, mientras en entornos inseguros puede aumentar el riesgo de victimización, en espacios de confianza puede facilitar la conexión emocional y el apoyo mutuo.

Vulnerabilidad emocional: la base de las relaciones profundas

Desde una mirada relacional, la vulnerabilidad implica ser abierto y honesto respecto a lo que sentimos. Compartir miedos, dudas, errores o deseos personales permite que otras personas nos conozcan de forma más auténtica. De acuerdo con Hippe (2024), mostrarnos vulnerables fortalece las relaciones con familiares, amistades, parejas y colegas, ya que fomenta la cercanía emocional y la confianza mutua.

Cuando una persona se permite ser vista tal como es, envía un mensaje implícito de confianza: “me siento lo suficientemente segura contigo como para mostrarte esta parte de mí”. Este acto, a su vez, suele invitar a la otra persona a abrirse también, creando un intercambio emocional que fortalece el vínculo.

¿Por qué resulta tan difícil ser vulnerables?

A pesar de sus beneficios, muchas personas experimentan la vulnerabilidad como algo amenazante. Ser vulnerable implica exponerse a la posibilidad de rechazo, juicio o incomprensión. El miedo a “ser demasiado” o “no ser suficiente” puede llevar a ocultar emociones y necesidades.

Happiful Magazine (s. f.), retomando investigaciones en psicología social, describe cómo las personas tienden a pensar que mostrar su propia vulnerabilidad las hará ver débiles o inadecuadas. Sin embargo, cuando observan la vulnerabilidad en otros, suelen percibirla como algo humano, valiente e incluso atractivo. Esta diferencia entre cómo nos juzgamos a nosotros mismos y cómo juzgamos a los demás puede dificultar la apertura emocional.

Además, no todas las personas cuentan con las mismas herramientas emocionales para responder de forma empática ante la vulnerabilidad ajena. Cuando alguien comparte algo íntimo y recibe una reacción fría, burlona o despectiva, puede reforzarse la idea de que abrirse fue un error. Por ello, la vulnerabilidad requiere contextos relativamente seguros y relaciones donde exista respeto.

Beneficios psicológicos de la vulnerabilidad

A pesar de los temores que genera, la vulnerabilidad está asociada a múltiples beneficios para la salud mental y relacional.

Construcción de confianza

Mostrar emociones y pensamientos personales favorece la construcción de confianza. Según Hippe (2024), cuando una persona comparte aspectos sensibles de su experiencia, comunica que confía en el otro, lo que a menudo promueve reciprocidad y fortalece la relación.

Autenticidad y coherencia interna

Ocultar constantemente lo que se siente puede generar tensión emocional. En cambio, permitirse ser vulnerable facilita actuar de forma más auténtica, reduciendo la distancia entre lo que se vive internamente y lo que se muestra externamente (Hippe, 2024).

Regulación emocional y alivio psicológico

Expresar emociones difíciles en un entorno seguro puede disminuir la carga emocional asociada a guardarlas en silencio. Compartir preocupaciones o tristezas con personas de confianza ayuda a procesarlas, favoreciendo el bienestar psicológico (Hippe, 2024).

Conexión y sentido de pertenencia

La vulnerabilidad cumple una función social clave. Happiful Magazine (s. f.) señala que mostrarnos tal como somos facilita conexiones más genuinas. Cuando alguien responde con empatía a nuestra apertura emocional, se fortalece el sentido de pertenencia y la percepción de apoyo.

Vulnerabilidad con límites: no todo es para todos

Ser vulnerable no significa compartir todo con cualquiera. Una apertura indiscriminada puede resultar abrumadora o incluso riesgosa. Es importante evaluar con quién, cuándo y cuánto compartir.

Hippe (2024) recomienda comenzar con pequeños niveles de apertura con personas que hayan demostrado ser confiables. Observar la respuesta del otro permite ajustar el grado de vulnerabilidad en la relación. De este modo, la vulnerabilidad se convierte en un proceso gradual, basado en la confianza mutua.

Este equilibrio también implica reconocer que no todas las relaciones ofrecerán la contención necesaria. Parte del desarrollo emocional consiste en aprender a establecer límites y a diferenciar entre contextos seguros y aquellos donde conviene ser más reservado, tal como sugieren las investigaciones sobre vulnerabilidad y riesgo interpersonal (Jonason & De Gregorio, 2020).

Conclusión

La vulnerabilidad no es sinónimo de debilidad, sino una expresión de humanidad. Aunque puede implicar riesgos en determinados contextos, también es una puerta de entrada a relaciones más profundas, auténticas y satisfactorias. Comprender cuándo y con quién ser vulnerables, así como desarrollar entornos relacionales seguros, permite transformar la vulnerabilidad en un recurso para el bienestar psicológico y la conexión humana.

 

Referencias

  • Jonason, P. K., & De Gregorio, M. (2020). Psychological and physical cues to vulnerability: antagonism, empathy, and sex effects. Personality And Individual Differences, 184. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0191886921005687
  • Hippe, H. (2024). The benefits of vulnerability. Sagent Behavioral Health. https://sagentbh.com/mental-health/the-benefits-of-vulnerability/
  • Happiful Magazine. (n.d.). Facing up to vulnerability (with tips from a clinical psychologist). https://happiful.com/facing-up-to-vulnerability-with-tips-from-a-clinical-psychologist

Retos clínicos en el acompañamiento de la psicosis

El acompañamiento clínico de la psicosis representa uno de los mayores desafíos dentro de la salud mental. Reconocer tempranamente un episodio psicótico resulta fundamental, no solo para los profesionales, sino también para el público general, ya que en muchas ocasiones la persona que lo experimenta no es consciente de que necesita ayuda, y esta falta de reconocimiento oportuno puede retrasar el acceso a tratamientos adecuados y aumentar el sufrimiento individual y familiar (Mind, n.d.).

Comprender la psicosis: más allá del diagnóstico

El término psicosis describe un síntoma o una experiencia que puede aparecer en diversos trastornos de salud mental, pero no equivale automáticamente a un diagnóstico clínico, por lo cual un “episodio psicótico” puede suceder sin la necesidad de asignar una categoría diagnóstica específica, lo que permite una comprensión más flexible y centrada en la experiencia de la persona (Mind, n.d.).

Así,  la psicosis se comprende como un conjunto de experiencias en las que la persona percibe la realidad de manera distinta a quienes la rodean. Estas experiencias pueden presentarse de forma puntual, repetida o persistente a lo largo de la vida, y afectan a cada persona de manera particular, por lo que, si bien algunas personas reportan vivencias subjetivamente positivas —como escuchar voces reconfortantes o sentir una mayor conexión con el mundo—, la psicosis suele ser una experiencia profundamente angustiante que puede generar miedo, confusión, desconfianza y una alteración significativa de la identidad y el comportamiento (Mind, n.d.). 

Por lo que cuando la psicosis tiene un impacto significativo en la vida de las personas y se ve acompañada de otros síntomas, puede formar parte de trastornos como la esquizofrenia, el trastorno esquizoafectivo, el trastorno bipolar, la depresión con síntomas psicóticos o la psicosis posparto (Mind, n.d.).

Principales manifestaciones clínicas de la psicosis

Alucinaciones

Las alucinaciones implican percepciones sensoriales que se experimentan como reales, aunque no exista un estímulo externo. Pueden afectar cualquier modalidad sensorial, siendo las más frecuentes las auditivas y visuales. 

Escuchar voces o ver figuras inexistentes puede resultar profundamente perturbador, aunque en algunos casos estas experiencias son vividas como reconfortantes (Mind, n.d.). Es importante destacar que escuchar voces no siempre implica la presencia de un trastorno mental, ya que se trata de una experiencia relativamente común en la población general.

Delirios

Los delirios son creencias firmemente sostenidas que no se ajustan a la realidad compartida y persisten a pesar de la evidencia en contra. Entre los más frecuentes se encuentran los delirios persecutorios, de grandeza, somáticos o de control, los cuales suelen generar intensos sentimientos de amenaza e inseguridad (Mind, n.d.).

Pensamiento y lenguaje desorganizados

La desorganización del pensamiento puede manifestarse como ideas aceleradas, asociaciones laxas, cambios abruptos de tema o dificultades para mantener un discurso coherente. Estas alteraciones dificultan la comunicación y pueden incrementar la sensación de desconexión social y aislamiento (Mind, n.d.).

Psicosis, riesgo y crisis

Durante un episodio psicótico, algunas personas pueden experimentar alucinaciones o delirios relacionados con hacerse daño a sí mismas o a otros. Estas vivencias incrementan el riesgo de crisis y requieren una intervención urgente y especializada (Mind, n.d.).

Factores asociados a la aparición de la psicosis

Las experiencias psicóticas pueden tener múltiples causas y factores asociados, que varían entre personas. Entre ellos se encuentran condiciones médicas, enfermedades neurológicas, experiencias traumáticas, abuso, discriminación racial, consumo de sustancias, efectos secundarios de medicamentos, duelos recientes, experiencias espirituales intensas, antecedentes familiares, cambios hormonales como el posparto, estrés crónico y privación severa de sueño o alimento (Mind, n.d.).

Retos clínicos en el tratamiento de la psicosis

Debido a la falta de comprensión de la psicosis y su representación negativa en la televisión, existen algunas barreras ligadas al tratamiento de la psicosis, siendo una de las más significativas el estigma asociado a este proceso, en donde las creencias erróneas y los prejuicios pueden generar rechazo, incomprensión y autoestigmatización, afectando la autoestima y la disposición a buscar ayuda (Mind, n.d.). 

Otros de los retos clínicos relacionados al tratamiento de la psicosis son:

Intervención temprana y adherencia al tratamiento

La respuesta inicial ante un primer episodio psicótico es determinante para el pronóstico a largo plazo. La intervención temprana permite reducir la duración de la psicosis no tratada y favorecer una mejor adherencia a los servicios de salud mental (Murphy & Brewer, 2011). Sin embargo, el acceso tardío y las intervenciones coercitivas pueden resultar traumáticas y dificultar el vínculo terapéutico.

Limitaciones de los tratamientos actuales

Las guías clínicas recomiendan una combinación de medicación antipsicótica, apoyo psicosocial y psicoterapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual para psicosis. No obstante, una proporción significativa de personas no responde adecuadamente a estos abordajes, lo que evidencia la necesidad de desarrollar tratamientos más eficaces y centrados en la experiencia subjetiva del paciente (Nelson et al., 2020).

Importancia del enfoque psicosocial

Más allá del control de síntomas, el acompañamiento clínico debe considerar dimensiones como la desconexión social, el aislamiento y la pérdida de proyectos vitales. Intervenciones que fortalezcan el vínculo social y la participación comunitaria resultan clave para una recuperación significativa (Nelson et al., 2020).

Acompañar a una persona con psicosis

Teniendo en cuenta lo anterior, es necesario reconocer que en el tratamiento de la psicosis el apoyo de familiares y cuidadores desempeña un papel fundamental. Mantener la calma, validar la experiencia emocional sin confrontar directamente las creencias, usar un lenguaje claro y favorecer entornos seguros son estrategias esenciales que permiten el acceso temprano al tratamiento (Mind, n.d.).

Conclusión

El acompañamiento de la psicosis implica retos clínicos complejos que requieren una mirada integral, empática y basada en evidencia. Reconocer la diversidad de experiencias psicóticas, intervenir de forma temprana, reducir el estigma y fortalecer el apoyo psicosocial son elementos fundamentales para promover procesos de recuperación más humanos y efectivos.

 

Referencias

  • Mind. (n.d) Mental health problems | Psychosis | Mind. https://www.mind.org.uk/information-support/types-of-mental-health-problems/psychosis/
  • Murphy, B. P., & Brewer, W. J. (2011). Early intervention in psychosis: clinical aspects of treatment. Advances in Psychiatric Treatment, 17(6), 408–416. https://doi.org/10.1192/apt.bp.111.008979
  • Nelson, B., Torregrossa, L., Thompson, A., Sass, L., Park, S., Hartmann, J., McGorry, P., & Alvarez-Jimenez, M. (2020). Improving treatments for psychotic disorders: beyond cognitive behaviour therapy for psychosis. Psychosis, 13(1), 78–84. https://doi.org/10.1080/17522439.2020.1742200

Transferencia y contratransferencia: claves para comprender la psicosis

La transferencia y la contratransferencia son conceptos fundamentales en la formación y práctica clínica de la psicología y la psiquiatría. Ambos fenómenos emergen de manera natural dentro de la relación terapéutica, especialmente cuando se establece el vínculo paciente-terapeuta, por lo cual comprender estos procesos resulta especialmente relevante.

Dado que reconocer y manejar adecuadamente la transferencia y la contratransferencia no solo es una responsabilidad ética del profesional, sino también una condición esencial para prevenir complicaciones clínicas y fortalecer la alianza terapéutica (Fernández, 2023).

Origen y evolución de los conceptos

De acuerdo con Fernández (2023), los conceptos de transferencia y contratransferencia tienen su origen en el psicoanálisis clásico. Sigmund Freud introdujo la transferencia a comienzos del siglo XX, describiéndola como el proceso mediante el cual los sentimientos, deseos y patrones relacionales que pertenecen a figuras significativas del pasado del paciente se desplazan hacia el terapeuta.

Posteriormente, Freud amplió este marco al introducir la contratransferencia en su texto Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica (1910), refiriéndose a las reacciones emocionales del terapeuta frente al paciente, las cuales pueden estar influenciadas tanto por la transferencia del paciente como por la historia personal del profesional.

Con el paso del tiempo, ambos conceptos se han enriquecido y ampliado, y hoy se entienden como fenómenos relacionales inevitables y potencialmente terapéuticos cuando son adecuadamente reconocidos y gestionados.

¿Qué es la transferencia?

La transferencia es un fenómeno psicológico mediante el cual el paciente proyecta en la relación terapéutica emociones, expectativas y formas de vinculación que se originan en experiencias pasadas, generalmente de forma inconsciente. Así, el terapeuta puede ser percibido como una figura parental, de autoridad o de apego, lo que condiciona las respuestas emocionales del paciente (Hughes & Kerr, 2000).

Esta proyección puede manifestarse de diversas formas, como idealización, dependencia, desconfianza, hostilidad o agresividad, dependiendo de la historia emocional y relacional del paciente (Fernández, 2023).

Debido a lo anterior, la transferencia no puede entenderse como algo positivo o negativo, sino como un proceso natural cuyo análisis  permite identificar conflictos inconscientes, necesidades afectivas no resueltas y patrones relacionales repetitivos, que al ser abordados con cuidado y profesionalismo pueden ayudar al paciente a comprender cómo sus experiencias pasadas influyen en su manera de relacionarse, favoreciendo el autoconocimiento y el cambio terapéutico  (Hughes & Kerr, 2000).

¿Qué es la contratransferencia?

Por otro lado, la contratransferencia hace referencia a las reacciones emocionales, cognitivas y actitudinales que surgen en el terapeuta como respuesta a la transferencia del paciente. Estas reacciones pueden ser conscientes o inconscientes e incluyen sentimientos como empatía, frustración, enojo, tristeza o sobreprotección (MyWellbeing, 2025).

Este proceso debe ser gestionado de manera ética, por lo cual los profesionales de la salud mental reciben formación para identificar y gestionarla por medio de herramientas como la supervisión clínica, el trabajo personal y la reflexión constante, que permiten que estas reacciones no interfieran negativamente en el tratamiento  (Hughes & Kerr, 2000; MyWellbeing, 2025).

Transferencia, contratransferencia y psicosis

De este modo, se comprende que estos procesos suelen darse en la relación terapéutica. Sin embargo, en casos de psicosis estos fenómenos pueden intensificarse, dado que, según Hughes y Kerr (2000), las personas con estados psicóticos o altamente desorganizados pueden proyectar de manera intensa sus miedos, deseos y conflictos en el terapeuta o en el equipo de salud. Generando fuertes reacciones contratransferenciales, como confusión, desesperanza o irritabilidad, lo que incrementa el riesgo de desgaste profesional.

 Por ello, el trabajo en equipo, la supervisión y el mantenimiento de límites claros resultan fundamentales en estos contextos, Hughes y Kerr (2000), proponen como estrategias para manejar estos fenómenos:

  • Reconocer la relevancia de la relación terapéutica para el paciente.
  • Mantener una actitud profesional, consistente y confiable.
  • Establecer límites claros que protejan el encuadre terapéutico.
  • Utilizar la supervisión clínica como espacio de reflexión y contención.
  • Fomentar la autoconciencia del terapeuta respecto a sus propias reacciones emocionales.

Conclusión

La transferencia y la contratransferencia son componentes inevitables de toda relación terapéutica, por lo que el reconocer estos fenómenos contribuye a una práctica clínica más ética, empática y eficaz, beneficiando tanto al paciente como al terapeuta y fortaleciendo el proceso terapéutico en su conjunto.

Referencias

  • Fernández, M. (2023). ¿Qué es Transferencia y Contratransferencia en Psicoterapia? Psicólogos En El Prat ◎ Psicología Infantil, Adolescentes Y Pareja. Awen. https://awenpsicologia.com/transferencia-contratransferencia-freud/
  • MyWellbeing. (2025) Guide: Transference And Countertransference. MyWellbeing. https://mywellbeing.com/for-therapists/transference-and-countertransference
  • Hughes, P, & Kerr, I. (2000). Transference and countertransference in communication between doctor and patient. Advances in Psychiatric Treatment; 6(1):57-64. doi:10.1192/apt.6.1.57