La violencia hacia la mujer en el diario vivir

La violencia hacia la mujer en el diario vivir

La violencia hacia la mujer es un tema del que lamentablemente se habla a diario, sin embargo, en las últimas semanas los reportes de las periodistas de caracol a las que acosaron sexualmente por años y la investigación de CNN sobre las “academias de violación” online, han llevado a que se resalte nuevamente la violencia hacia la mujer como un acto sistémico.

A partir de ambos casos, se vuelve a visibilizar que, sin importar el rol de la mujer, su posición social, económica o profesional, siempre puede encontrarse en peligro de un acoso que es protegido por las instituciones, los sistemas y la cultura.

Violencia estructural en el ámbito laboral

El caso de Caracol Televisión pone en evidencia cómo el acoso sexual puede mantenerse durante años dentro de instituciones reconocidas, sostenido por el silencio, la omisión y la falta de protocolos efectivos. Según Beltrán (2026), las denuncias realizadas por periodistas y una practicante revelaron patrones reiterados de hostigamiento que no fueron atendidos oportunamente, y los cuales se habían mantenido por más de 5 años.

Las víctimas reportaron conductas como acercamientos físicos no consentidos, mensajes fuera del horario laboral y abuso de poder jerárquico. A pesar de existir llamados de atención previos, la empresa no activó mecanismos disciplinarios adecuados, lo que permitió la continuidad de estas conductas durante años (Beltrán, 2026), evidenciando un ambiente laboral inseguro, caracterizado por el temor, la revictimización y la ausencia de rutas claras de denuncia.

Según la Revista Raya (2026), muchas de las afectadas evitaron denunciar formalmente por miedo a represalias o por la percepción de que sus denuncias no tendrían consecuencias.

Este caso refleja un problema estructural: las instituciones no solo fallan en proteger a las víctimas, sino que, en ocasiones, terminan protegiendo a los agresores mediante la inacción o acuerdos que limitan la transparencia.

La normalización del abuso

Estos problemas estructurales se reflejan en la naturalización del acoso, en el caso de Caracol, algunos de los testimonios recogidos indican que las conductas inapropiadas eran conocidas por múltiples miembros de la organización, pero se convertían en un “ruido de fondo” con el que las mujeres debían aprender a convivir, implementando estrategias informales para evitar a los agresores, como no quedarse a solas con ellos o evitar saludarlos, lo que evidencia una adaptación al riesgo en lugar de una solución institucional  (Revista Raya, 2026).

Este tipo de comportamientos, resaltan como la normalización de la cultura de la violencia hacia la mujer contribuye a perpetuar la violencia, desplazando la responsabilidad hacia las víctimas y reforzando las dinámicas de silencio.

Violencia digital y comunidades de abuso

La continuidad y el alcance de este fenómeno se identifica en la investigación de CNN (2026), la cual muestra cómo la violencia contra las mujeres también se organiza y reproduce en entornos digitales. Dado que las plataformas online han permitido la creación de comunidades donde se comparte, promueve y enseña el acoso y el abuso sexual, incluyendo prácticas como la sumisión química y la grabación de agresiones sin consentimiento.

Estos espacios funcionan bajo el anonimato, lo que facilita la impunidad y fomenta una cultura de validación entre agresores. Según CNN (2026), los participantes no solo comparten contenido, sino que también intercambian consejos sobre cómo cometer abusos y evitar ser detectados. Lo que permite identificar que la violencia y su mantenimiento no es solo un acto individual, sino también un fenómeno colectivo que se refuerza social y culturalmente, incluso en entornos virtuales.

Violencia en el ámbito íntimo: el peligro invisible

En este caso, se refuerza el conocimiento de que una gran proporción de la violencia sexual ocurre dentro de relaciones de confianza. Los testimonios recogidos por CNN (2026) muestran casos de mujeres que fueron drogadas y abusadas por sus propias parejas durante años, sin tener conocimiento de lo que ocurría.

Lo cual desafía la creencia popular acerca del agresor como un desconocido, posicionándo como alguien cercano y en el que se puede confiar, lo que dificulta los procesos de denuncia debido al estigma, la culpa y la falta de reconocimiento social.

Todo lo anterior lleva a una baja tasa de denuncias, la cual se ve agravada por la falta de pruebas, la limitada memoria de las víctimas en casos de sumisión química y la escasa preparación institucional para abordar estos delitos (CNN, 2026).

Estigma, culpa y silenciamiento

De este modo, se comprende como el estigma social sigue siendo una de las principales barreras para enfrentar la violencia de género, dado que muchas víctimas internalizan la culpa o minimizan lo ocurrido, especialmente cuando el agresor es una pareja o alguien cercano.

Como evidencia la investigación de CNN (2026), frases como “pero es tu esposo” reflejan creencias culturales que deslegitiman la experiencia de las víctimas y dificultan el reconocimiento del abuso, perpetuando la violencia y contribuyendo al silencio y al aislamiento de quienes la sufren.

Un problema sistémico

Teniendo en cuenta lo anterior, tanto los casos locales como los internacionales coinciden en un punto clave: la violencia hacia la mujer no es un fenómeno aislado, sino sistémico. El cual se sostiene a través de estructuras culturales, fallas institucionales y dinámicas sociales que la permiten, justifican o invisibilizan.

Pasando desde los entornos laborales que ignoran denuncias hasta las plataformas digitales y presenciales que facilitan el abuso, hasta las relaciones íntimas donde la violencia se oculta,  demostrando que el problema atraviesa múltiples niveles de la sociedad.

Hacia una transformación necesaria

Así, es necesario abordar la violencia hacia la mujer de manera integral y sistemática, no es suficiente reaccionar ante los casos mediáticos, pues la mayoría de los casos no llegan a las noticias.

Se requiere una transformación estructural que impida que se den estos casos y permita la denuncia sin temor a las consecuencias laborales o sociales. Se requiere que se comprendan los efectos de estas dinámicas a nivel cultural y social, con el fin de evitar su normalización y los efectos en la salud física y mental de aquellos que sufren esta violencia.

 

Bibliografía

Beltrán, D. (2026, April 13). Así se forjó el escándalo por acoso sexual en Caracol Televisión: una prácticante los denunció. Infobae. https://www.infobae.com/colombia/2026/04/13/asi-se-forjo-el-escandalo-por-acoso-sexual-en-caracol-television-una-practicante-los-denuncio/

Revista Raya. (2026). El ultimátum que una periodista le dio a Caracol, prueba de que el acoso sexual venía de años atrás. Revista Raya. https://revistaraya.com/el-ultimatum-que-una-periodista-le-dio-a-caracol-prueba-de-que-el-acoso-sexual-venia-de-anos-atras.html

Cnn. (2026). Exposing a global ‘online rape academy’ that is teaching men how to abuse women and evade detection. CNN. https://edition.cnn.com/interactive/2026/03/world/expose-rape-assault-online-vis-intl/index.html

 

 

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