A pesar de que hoy existe mayor conciencia sobre la importancia del desarrollo infantil desde el nacimiento, todavía persiste la idea de que los niños pequeños “no entienden” lo que ocurre a su alrededor. Esta creencia lleva a subestimar el impacto que tienen las palabras, gestos y comportamientos de los adultos en los primeros años de vida. Sin embargo, la evidencia científica muestra que, desde edades muy tempranas, los niños observan activamente a sus cuidadores y aprenden de ellos, incluso cuando no hay explicaciones verbales explícitas (Waismeyer & Meltzoff, 2017).
Aprender observando: una base del desarrollo infantil
De acuerdo con Waismeyer & Meltzoff (2017), el aprendizaje observacional es un proceso fundamental mediante el cual los niños adquieren conocimientos sobre cómo funciona el mundo físico y social. Investigaciones en desarrollo infantil han demostrado que los niños pequeños pueden aprender relaciones de causa y efecto simplemente observando las acciones de otras personas, sin necesidad de manipular directamente los objetos o recibir instrucciones verbales.
Por lo cual este tipo de aprendizaje implica que el niño no es un observador pasivo, sino un participante activo que interpreta lo que ve y luego intenta reproducirlo. A partir de la observación, los niños pueden decidir qué acciones realizar para lograr un resultado específico. Esto demuestra que, incluso antes de dominar el lenguaje, los niños ya están construyendo conocimiento a partir del comportamiento de los demás (Waismeyer & Meltzoff, 2017).
La observación también fortalece habilidades cognitivas
De este modo, se comprende que la capacidad de observar con atención no solo influye en la imitación de conductas, sino también en el desarrollo de funciones cognitivas clave. La evidencia sugiere que el entrenamiento en observación y atención puede mejorar el rendimiento en el aprendizaje, la memoria de trabajo, la atención sostenida y las funciones ejecutivas en la infancia (Cunsolo, Richardson, & Vrolijk, 2021).
Siendo estas habilidades esenciales para el desarrollo de la autorregulación, la resolución de problemas y el comportamiento social. Por lo tanto, cuando los niños observan a adultos que planifican, se concentran o regulan sus emociones, no solo están copiando conductas externas, sino también internalizando formas de pensar y manejar situaciones (Cunsolo et al., 2021).
Los niños imitan conductas morales y también agresivas
Teniendo en cuenta lo anterior, se comprende que el aprendizaje observacional no es neutro, dado que los niños pueden aprender tanto conductas prosociales como comportamientos negativos. De acuerdo con Degen (2013), estudios sobre aprendizaje por observación han mostrado que los niños pueden reproducir comportamientos agresivos después de ver modelos que actúan de manera violenta, especialmente cuando esas conductas no parecen tener consecuencias negativas. De la misma manera, cuando los niños observan comportamientos morales, cooperativos y respetuosos, es más probable que ellos también actúen de esa forma.
Por lo cual el comportamiento de los padres y la exposición temprana a modelos positivos contribuyen al desarrollo de la moralidad y de actitudes prosociales, mientras que la exposición repetida a modelos negativos puede influir en decisiones y comportamientos poco empáticos (Degen, 2013).
El modelado emocional: cómo se transmite la ¿Por qué los niños imitan más a unas personas que a otras?
Sin embargo, se debe tener en cuenta que autores como Jones (2019) han identificado que los niños no solo imitan a cualquier persona, sino que tienden a imitar más a personas que perciben como figuras de autoridad, a quienes admiran o con quienes se sienten identificados. También es más probable que copien a personas que consideran similares a ellos en edad, intereses o características, y que observen con más atención cuando se sienten inseguros o no saben cómo actuar en una situación nueva, por lo cual pueden imitar diferentes tipos de comportamiento de acuerdo con las consecuencias que observen, dado que “si ven que una conducta es recompensada, aumenta la probabilidad de que la imiten; si observan que una conducta es castigada, es menos probable que la repitan” (Jones, 2019).
Modelar conductas positivas en casa
Teniendo en cuenta lo anterior, es importante comprender que el ejemplo de los adultos es una herramienta educativa poderosa. Por lo cual algunas acciones clave para modelar una buena conducta incluyen:
- Cumplir las normas que se establecen. Cuando los adultos rompen reglas que exigen a los niños, se genera confusión y se debilita el aprendizaje de límites coherentes (Jones, 2019).
- Cuidar las propias conductas. Hábitos poco saludables, reacciones impulsivas o formas inadecuadas de resolver conflictos pueden ser fácilmente imitados por los niños (Degen, 2013; Jones, 2019).
- Mostrar con acciones, no solo con palabras. Los niños comprenden mejor cuando ven el comportamiento que se espera de ellos, en lugar de recibir solo instrucciones verbales (Waismeyer & Meltzoff, 2017; Jones, 2019).
Cuando el modelo es otra persona
Se debe tener en cuenta que los padres no serán siempre el modelo de sus hijos. Como menciona Jones (2019), a medida que crecen, los niños amplían sus fuentes de aprendizaje e incluyen a pares, figuras públicas y personas de su entorno social, las cuales pueden tener diferentes tipos de comportamiento.
En estos casos el rol del adulto sigue siendo necesario, en caso de que el niño imite comportamientos que los cuidadores no consideren adecuados. En estos casos, puede ser útil:
- Seguir modelando de forma consistente las conductas que se desean fomentar.
- Reforzar positivamente los comportamientos adecuados.
- Hablar sobre las consecuencias de ciertas conductas sin recurrir a sermones o críticas constantes.
- Mostrar curiosidad y empatía para entender qué motiva al niño a comportarse de determinada manera.
Estas estrategias ayudan a mantener el vínculo y a ofrecer modelos alternativos sin generar confrontaciones que puedan alejar al niño (Jones, 2019; Degen, 2013).
Conclusión
Así, los padres y cuidadores deben comprender que desde su nacimiento, los niños aprenden observando cómo los adultos actúan, se relacionan y regulan sus emociones. El aprendizaje observacional influye en su comprensión del mundo, en sus habilidades cognitivas, en su desarrollo moral y en su forma de enfrentar situaciones emocionales (Waismeyer & Meltzoff, 2017; Cunsolo et al., 2021; Burstein & Ginsburg, 2010).
Por ello, más allá de las palabras, el comportamiento cotidiano de madres, padres y cuidadores se convierte en una de las herramientas más poderosas para promover el desarrollo saludable y el bienestar psicológico infantil.
Referencias
- Waismeyer, A., & Meltzoff, A. N. (2017). Learning to make things happen: Infants’ observational learning of social and physical causal events. Journal of experimental child psychology, 162, 58–71. https://doi.org/10.1016/j.jecp.2017.04.018
- Cunsolo, S., Richardson, D., Vrolijk, M. (2021). How observing develops and affects well-being throughout childhood, Innocenti Working Paper 2021-16, UNICEF Office of Research – Innocenti, Florence.
- Degen, T. A. (2013). Observational learning and its impact on children’s morality [Dataset]. In PsycEXTRA Dataset. https://doi.org/10.1037/e605462013-001
- Jones. K.(2019).Behavioural modelling in children. Child Development Clinic. https://www.childdevelopmentclinic.com.au/behavioural-modelling.html