Adopción: vínculos y salud mental

Adopción: vínculos y salud mental

La adopción puede ser una buena opción para muchas familias, la cual permite darles cuidado y constancia a niños en situaciones vulnerables. Sin embargo, es necesario conocer los efectos que esta puede tener en la salud mental y en el proceso de creación del vínculo entre padres e hijos, con el fin de acompañar mejor estas experiencias (Weinstein, 2026; Redondo, 2021; Losada & Ribeiro, 2015).

Salud mental en personas adoptadas

De acuerdo con Weinstein (2026), las personas adoptadas pueden enfrentar desafíos emocionales específicos a lo largo de su vida, especialmente durante etapas clave del desarrollo como la adolescencia y la adultez joven. Uno de los aspectos más relevantes con los que pueden lidiar es el proceso de la construcción de identidad, el cual puede verse atravesado por preguntas sobre los orígenes biológicos, la historia previa a la adopción y el sentido de pertenencia familiar y cultural.

Estos procesos pueden verse afectados debido a experiencias emocionales como la pérdida ambigua, la cual se refiere a la ausencia de figuras biológicas que siguen existiendo, pero no están presentes en la vida cotidiana, lo cual puede generar tristeza, confusión y sentimientos difíciles de expresar. Así mismo, puede darse el duelo no validado cuando el entorno minimiza o no comprende el dolor asociado a estas pérdidas (Weinstein, 2026).

Además de esto, muchos niños y niñas adoptados han vivido experiencias adversas tempranas como negligencia, institucionalización o múltiples cambios de cuidadores, las cuales pueden influir en la regulación emocional, la confianza en los adultos y la forma en que se establecen los vínculos afectivos. Por ello, algunas personas adoptadas pueden presentar mayor vulnerabilidad a dificultades como ansiedad, depresión o problemas en las relaciones interpersonales (Weinstein, 2026; Losada & Ribeiro, 2015).

La construcción del apego en la adopción

Teniendo en cuenta lo anterior, estas circunstancias pueden afectar el desarrollo del vínculo de apego, el cual es la base de la seguridad emocional y tiende a surgir en el desarrollo de la relación con los padres desde el nacimiento, por lo cual en la adopción, este vínculo no surge de manera automática, sino que se construye progresivamente a partir de un vínculo previamente creado con los padres biológicos o cuidadores del adoptado, quienes pueden haber tenido diferentes formas convivencia, con una sensibilidad parental y una respuesta consistentes o inconsistentes hacia las necesidades del niño o niña (Redondo, 2021).

Debido a esto, muchos menores adoptados han aprendido, a partir de experiencias previas, que el mundo puede ser impredecible o poco seguro, y al llegar a una nueva familia, pueden mostrar conductas contradictorias: búsqueda intensa de contacto, rechazo al afecto, excesiva independencia o dificultad para confiar. Estas respuestas no son un rechazo a la familia adoptiva, sino estrategias de supervivencia aprendidas anteriormente (Redondo, 2021; Losada & Ribeiro, 2015).

Por lo cual la investigación señala que las dificultades tempranas de apego no determinan de forma definitiva el futuro emocional del niño, sino que la presencia de figuras cuidadoras sensibles, disponibles y constantes puede favorecer la construcción de un apego más seguro con el tiempo, permitiendo reparar parcialmente experiencias previas de inseguridad o abandono (Redondo, 2021; Losada & Ribeiro, 2015).

El papel de las experiencias previas

Aún así, se debe comprender que la historia y experiencias del niño o niña antes de la adopción tienen un peso importante en su proceso de adaptación. De acuerdo con Losada y Ribeiro (2015) factores como el tiempo de institucionalización, la exposición a negligencia o maltrato, y la ausencia de una figura de apego estable pueden influir en la forma en que se establecen los vínculos posteriores. De modo que algunos menores que han vivido largos periodos en instituciones pueden mostrar dificultades para discriminar entre figuras conocidas y desconocidas o para buscar consuelo de manera selectiva, y estas conductas reflejan alteraciones en el sistema de apego asociadas a la falta de respuestas emocionales consistentes en etapas tempranas (Losada & Ribeiro, 2015).

En este tipo de casos, la adopción puede convertirse en un contexto reparador, donde se les proporcióna a los niños un entorno familiar estable, afectuoso y predecible que ofrece oportunidades para resignificar experiencias pasadas y desarrollar nuevas formas de relación más seguras (Losada & Ribeiro, 2015; Redondo, 2021).

Padres adoptivos: motivaciones y proceso emocional

Por otro lado, la adopción no solo implica la historia del niño, sino también la de los adultos que desean convertirse en padres. En muchos casos, la adopción está precedida por procesos de duelo relacionados con la infertilidad u otras pérdidas, y cuando estos duelos no han sido elaborados, pueden influir en las expectativas hacia el hijo adoptivo y en la dinámica familiar (Redondo, 2021; Losada & Ribeiro, 2015).

Redondo (2021) explica que en el proceso de adopción, algunas familias pueden llegar con ideales muy rígidos sobre cómo debería ser el niño o cómo debería desarrollarse el vínculo, por lo que cuando la realidad no coincide con estas expectativas, pueden aparecer frustraciones que dificulten la sintonía emocional con el menor y terminen por causarle daño. Por lo cual, resulta fundamental que los futuros padres reflexionen sobre sus motivaciones, expectativas y recursos emocionales antes de adoptar.

Asimismo, el proceso de adopción suele ser largo y exigente a nivel emocional y burocrático. El acompañamiento profesional durante este recorrido no solo cumple una función evaluativa, sino también de apoyo y preparación para los desafíos vinculares que pueden surgir después de la llegada del niño o niña (Redondo, 2021; Losada & Ribeiro, 2015).

Factores protectores en la adopción

A pesar de los riesgos, existen múltiples factores que favorecen un desarrollo emocional saludable en la adopción. Entre ellos se encuentran la sensibilidad de los cuidadores, la capacidad de responder de manera empática a las necesidades del niño, la estabilidad en las rutinas y la disposición para buscar ayuda profesional cuando es necesario (Losada & Ribeiro, 2015).

Así mismo, la información y la formación de los padres sobre el desarrollo infantil, el apego y los efectos de las experiencias adversas tempranas también actúan como factores protectores, pues cuando los adultos comprenden que ciertas conductas del niño están relacionadas con su historia previa y no con una “mala voluntad”, pueden responder con mayor paciencia y contención emocional (Redondo, 2021; Losada & Ribeiro, 2015).

Conclusión

La adopción implica pérdidas, duelos y desafíos, pero también ofrece oportunidades de reparación y crecimiento para cada persona. Por lo cual se debe aprender que los vínculos adoptivos se construyen día a día, a través de la presencia constante, el afecto y la comprensión mutua; de modo que con acompañamiento adecuado, muchos niños y niñas adoptados logran desarrollar relaciones seguras y una identidad integrada (Weinstein, 2026; Redondo, 2021; Losada & Ribeiro, 2015).

 

Referencias

  • Weinstein, T. (2026). The mental health effects of being adopted. Newport Institute. https://www-newportinstitute-com.translate.goog/resources/mental-health/mental-health-affects-being-adopted/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc
  • Redondo, M. (2021). vínculo de apego en el proceso de adopción. Familia Revista de Ciencia y Orientación Familiar, 59, 103-116. https://doi.org/10.36576/summa.143933
  • Losada, A.V., y Ribeiro, M.V. (2015). Apego y Adopción. Borromeo, 6, 1-15. 
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