Debido a las asociaciones sociales de la depresión con la muerte, se suele considerar que esta solo puede suceder a partir de la adolescencia, de modo que se ignoran los patrones depresivos en la infancia, poniendo en riesgo a los más jóvenes (NHS, 2024; Hazell, 2002).
Reconocer la depresión infantil es fundamental, ya que cuanto más tiempo persisten los síntomas sin tratamiento, mayor es el riesgo de que interfieran en el desarrollo emocional, social y académico del niño, y de que evolucionen hacia problemas de salud mental a largo plazo (NHS, 2024).
¿Qué es la depresión infantil?
De acuerdo con la Cleveland Clinic (2025) la depresión en la infancia es un trastorno del estado de ánimo que puede hacer que el niño se sienta triste, irritable, desesperanzado o vacío de forma persistente. A diferencia de los cambios emocionales normales, como estar triste tras una pelea o una mala nota, en la depresión los síntomas duran al menos dos semanas y afectan distintas áreas de la vida del niño, como el sueño, el apetito, las relaciones y el rendimiento escolar.
Hazell (2002) señala que, aunque a algunos adultos les cuesta aceptar que los niños puedan experimentar depresión, existe continuidad entre la depresión infantil y la depresión en la vida adulta. Además, en niños los síntomas pueden aparecer de forma más gradual y ser confundidos con problemas de conducta u otras dificultades emocionales.
Señales emocionales y conductuales de alerta
Debido a lo anterior, es importante comprender que los síntomas de depresión en niños pueden variar, pero suelen incluir una combinación de cambios emocionales, conductuales y físicos (NHS, 2024). Algunos de estos síntomas son:
Cambios en el estado de ánimo
- Tristeza persistente o estado de ánimo bajo que no desaparece
- Irritabilidad constante o mal humor frecuente
- Sensación de vacío o dificultad para sentir emociones
- Expresiones de culpa excesiva o sentimientos de inutilidad (NHS, 2024; Cleveland Clinic, 2025)
De acuerdo con la Cleveland Clinic (2025), se debe tener en cuenta que en la infancia, la depresión puede manifestarse más como irritabilidad que como tristeza evidente, lo que a veces dificulta su identificación. Mientras que otros síntomas pueden ser:
Pérdida de interés y energía
- Falta de interés en actividades que antes disfrutaba
- Cansancio frecuente o baja energía
- Menor participación en juegos, deportes o actividades sociales (NHS, 2024; Cleveland Clinic, 2025)
Cambios físicos y cognitivos
Por otro lado, la NHS (2024) menciona que la depresión infantil no solo afecta las emociones, sino que también impacta el cuerpo y el pensamiento, causando problemáticas en:
Sueño y apetito
- Dificultad para dormir o dormir más de lo habitual
- Comer mucho menos o mucho más de lo habitual
- Cambios importantes de peso (NHS, 2024)
Concentración y rendimiento escolar
- Problemas para concentrarse
- Indecisión frecuente
- Descenso en el rendimiento académico
- Falta de asistencia o rechazo a ir a la escuela (NHS, 2024; Hazell, 2002)
Hazell (2002) señala que muchos niños con depresión llegan a la atención profesional por quejas físicas, problemas escolares o conductas disruptivas, más que por expresar directamente tristeza, presentando problemáticas como:
Síntomas físicos sin causa clara
- Dolores de cabeza
- Dolores de estómago
- Malestares físicos recurrentes sin explicación médica evidente (NHS, 2024)
Pensamientos autolesivos y riesgo suicida
En los casos más graves, algunos niños pueden:
- Hablar sobre hacerse daño o morir
- Presentar conductas de autolesión
- Mostrar desesperanza intensa sobre el futuro (NHS, 2024; Cleveland Clinic, 2025)
Estos signos requieren atención inmediata por parte de profesionales de la salud.
Factores de riesgo para la depresión en niños
Teniendo en cuenta lo anterior, los padres pueden preguntarse por qué puede suceder esto a sus hijos, de modo que deben saber que la depresión infantil suele ser el resultado de la interacción entre vulnerabilidades biológicas y experiencias vitales estresantes (Hazell, 2002; Cleveland Clinic, 2025).
Entre los factores de riesgo se encuentran:
- Antecedentes familiares de depresión u otros trastornos mentales
- Experiencias adversas en la infancia
- Bullying o acoso escolar
- Conflictos familiares o separación de los padres
- Pérdidas significativas (duelos)
- Enfermedades crónicas como diabetes, epilepsia, asma o dolor crónico
- Consumo de sustancias en etapas posteriores de la niñez o adolescencia (NHS, 2024; Cleveland Clinic, 2025; Hazell, 2002)
Hazell (2002) también destaca que algunos cuadros depresivos pueden aparecer después de enfermedades físicas o infecciones, y que los síntomas pueden superponerse con problemas de fatiga.
¿Qué hacer si sospechas que un niño está deprimido?
Si se ha identificado lo anterior, el primer paso es hablar con el niño de manera abierta, calmada y sin minimizar lo que siente. Aunque el problema pueda parecer pequeño desde la perspectiva adulta, puede ser muy significativo para él o ella (NHS, 2024).
También es importante:
- Informar a otros adultos de confianza (familiares, docentes)
- Observar cambios en sueño, alimentación, energía y comportamiento
- Buscar ayuda profesional si los síntomas duran dos semanas o más (Cleveland Clinic, 2025; NHS, 2024)
Hazell (2002) subraya que la evaluación debe incluir entrevistas con el niño, los cuidadores y, cuando sea posible, la escuela, ya que muchos niños no expresan espontáneamente su malestar.
Tratamiento de la depresión infantil
A pesar de sus síntomas, se debe comprender que la depresión sí tiene tratamiento, y una intervención temprana mejora significativamente el pronóstico, por lo cual es importante reconocerla desde edades tempranas para poder tratarla a partir de psicoterapia y en algunos casos medicación (Cleveland Clinic, 2025).
El papel de la familia
Sin embargo, uno de los factores protectores más importantes es el apoyo familiar, escuchar, validar las emociones del niño y mantener rutinas saludables (como sueño adecuado, actividad física y un entorno seguro) contribuyen a su recuperación emocional (NHS, 2024; Cleveland Clinic, 2025).
Aunque no siempre es posible prevenir la depresión, sí es posible detectar antes, acompañar mejor y buscar ayuda a tiempo. Tomar en serio los cambios emocionales y conductuales en la infancia puede marcar una diferencia profunda en el bienestar presente y futuro de los niños.
Referencias
- NHS (2024). Depression in children and young people. nhs.uk. https://www.nhs.uk/mental-health/children-and-young-adults/advice-for-parents/children-depressed-signs/
- Cleveland Clinic. (2025). Depression in children. (https://my.clevelandclinic.org/health/diseases/14938-depression-in-children
- Hazell P. (2002). Depression in children. BMJ (Clinical research ed.), 325(7358), 229–230. https://doi.org/10.1136/bmj.325.7358.229