Mujeres y patriarcado: contradicciones en el bienestar psicológico

Al vivir en un mundo con un sistema patriarcal en donde nos movemos entre normas y expectativas marcadas por el género, se vuelve cada vez más difícil mantener el bienestar psicológico. Las contradicciones entre “lo que se debe hacer” y lo que realmente se desea generan tensiones internas difíciles de sostener, especialmente para las mujeres. Estas dinámicas no sólo perpetúan la desigualdad, sino que también erosionan la salud mental de quienes deben adaptarse constantemente a mandatos sociales restrictivos.

Estructuras patriarcales y su reproducción en la vida cotidiana

Según Walby (como se cita en Gupta et al., 2023), el patriarcado se mantiene a través de seis estructuras: el modo de producción, las relaciones en el trabajo remunerado, el Estado, la violencia masculina, la sexualidad y las instituciones culturales como la religión, los medios y la educación (Gupta et al., 2023).

Estas estructuras no se limitan al ámbito público, sino que también se reproducen en el núcleo familiar y en los hogares, donde las prácticas patriarcales se transmiten de manera consciente e inconsciente, moldeando la crianza y perpetuando los roles de género tradicionales.

Debido a esto, desde la infancia, los niños y niñas aprenden conductas “apropiadas” según su sexo: los varones son castigados si muestran sensibilidad o interés por lo considerado “femenino”, mientras que a las niñas se les enseña a ser sumisas y complacientes. Este proceso de socialización restringe la libertad individual y sienta las bases de la estructura patriarcal interna y sus efectos en el bienestar psicológico.

Teniendo efectos tanto en las áreas internas, como externas de las personas, uno de los ámbitos donde el patriarcado ejerce mayor control es el cuerpo, donde la presión por tener un cuerpo idealizado puede derivar en trastornos como la anorexia y la bulimia, afectando la salud física y mental de adolescentes y jóvenes. A la vez que se patologizan las expresiones de género y sexualidad no normativas, donde las personas pertenecientes a la comunidad LGBTQIA+ enfrentan discriminación, violencia y exclusión social, lo que incrementa los riesgos de depresión, ansiedad y otras problemáticas de salud mental  (Gupta et al., 2023).

Doble carga y desigualdad estructural

Estas estructuras y su reproducción se conforman en los roles de género y se inmiscuyen en el “ deber ser” de la sociedad causando tensiones cuando la persona no se comporta de acuerdo con lo esperado, y en las últimas décadas los cambios respecto a roles de género y derechos de las mujeres han llevado a que las estructuras mantengan su reproducción, pero ahora con mayores expectativas, causando que persistan fenómenos como la distribución desigual del trabajo doméstico y del cuidado, a la vez que se crean expectativas de que las mujeres trabajen fuera del hogar y se mantengan “perfectas” en todas las áreas de la sociedad, causando que, como señalan Kelmendi y Jemini-Gashi (2022) las mujeres sigan asumiendo la mayor parte de las responsabilidades familiares, lo que genera una “doble carga” de trabajo y estrés.

Así, aumentan las responsabilidades de las mujeres en la sociedad, mientras los hombres no tienden a tener la misma carga, y por lo tanto esta desigualdad tiene consecuencias directas sobre el bienestar psicológico, donde las mujeres que enfrentan dificultades para conciliar trabajo y familia presentan mayores niveles de ansiedad, depresión y agotamiento (Kelmendi & Jemini-Gashi, 2022).

El peso invisible del trabajo no remunerado

Por lo tanto, el Instituto Sindical Europeo (2011) subraya que los estereotipos tradicionales (hombre proveedor, mujer cuidadora) continúan afectando la salud mental femenina, dado que las labores domésticas siguen siendo su carga, pero al ser invisibilizadas y no remuneradas, no se consideran parte de los determinantes de salud.
Así, al combinar la participación laboral de la mujer con responsabilidades familiares excesivas, el efecto es negativo, y se termina por dar un deterioro general del bienestar físico y mental.

Consecuencias psicológicas y sociales del patriarcado

Teniendo en cuenta lo anterior, Lu (2022) confirma que las mujeres reportan mayores niveles de ansiedad y depresión, dado que el trabajo no remunerado y la falta de tiempo libre aumentan la tensión psicológica, generando un desequilibrio emocional que deteriora la salud mental femenina.

Este panorama revela que el patriarcado, más allá de ser un sistema de poder, es también un factor estructural de riesgo para la salud mental de toda la sociedad.

Reflexión final

Así, se comprende que el patriarcado ha moldeado las percepciones, los cuerpos y las emociones de mujeres y hombres durante siglos. En la actualidad, aunque se reconocen avances en igualdad, las desigualdades estructurales persisten, reproduciendo el malestar psicológico y social, y por lo tanto, la salud mental no puede entenderse sin considerar el peso de los roles de género, las expectativas sociales y las violencias simbólicas que atraviesan la vida cotidiana. Superar estas contradicciones implica no solo transformar las estructuras económicas y laborales, sino también los imaginarios culturales que sostienen el patriarcado.

Referencias

 

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